Un cuento de Navidad

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Azad

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Una criatura había llegado a la aldea, largos cuernos y una barba densa y blanca cubrían su cara, un ropaje rojo cubría su cuerpo, en su hombro derecho un saco enorme y en su mano izquierda un libro, un libro grande y pesado, repleto de historias. Era la primera vez en años que volvía a deambular el Krampus por la aldea tras su lucha campal con el ninja Claus, una lucha tan antigua que casi se podría pensar que era una leyenda y que este sujeto era un disfraz o ¿tal vez no?

Si un niño se porto mal se dice que el Krampus usara su saco para atraparlo por la eternidad, cuentan que Claus logro rescatar a 10 niños, pero ¿cuántos más habrán sido añadidos a su colección?, solo pensar en esto daba terror.

Llamémoslo mala suerte o destino pero el Krampus estaba frente a usted, la luz de la luna se reflejaba en sus cuernos tan blancos como la nieve, una sonrisa terrorífica y unos ojos monstruosos revisan el libro en su mano izquierda, usted era un "niño bueno".

Si quería salir de esta para contarlo una historia debía entregar a cambio de su vida a esta criatura de la navidad.




¡El Regalo navideño del año 2020!

En este tema deben colocar un relato de fin de año donde aparezca su personaje el mismo debe tener por lo menos una pagina de Word de longitud, al postear el relato podrán elegir una de las siguientes opciones:

  • 50 exp, 500 ryos, 1 punto de talento.
  • Cambio de clase y/o especialización, 25 exp y 250 ryos.
  • Una Píldora moldeadora de chakra, 25 exp y 250 ryos.
Con cualquiera de las opciones que se elijan se obtendrá además una técnica personalizada única. Conmemorativa a los hechos mas importantes de este año. Como no podría ser otra cosa hablamos del Kohig-19 y será de ninjutsu para que todos puedan tener fácil acceso a poder utilizarla.

Todos los miembros de la comunidad de la villa de la hoja fueron afectados este año por el complicado Kohig-19 para la mayoría no fue significativo podrían describirlo como una gripe bastante fuerte, con fiebre y dolor en el pecho. Pero para los habitantes de la villa mas entrados en años era mucho mas que eso, dentro de la villa por suerte gracias al excelente equipo de ninjas médicos los fallecimientos fueron casi nulos, pero no cabía duda de que el virus había azotado a la villa y seria difícil de olvidarlo.

Algunos ninjas de la villa que sufrieron la enfermedad y crearon los anticuerpos necesarios se dieron cuenta de que después de hacer una explosión del chakra similar a la que se hace con el Kai y haciendo el sello del tigre y luego el carnero se esparcían las partículas a su alrededor lo que afectaba inmediatamente a quien estuviese cerca, haciendo que su cuerpo se calentara y les doliera el pecho como si estuviesen pasando por el virus el efecto duraba poco pero podría significar la diferencia en un combate.

» Uirusu kohig-Jūku [APO] (Área de efecto: Zona corta alrededor del usuario. -2 en defensa, -1 en fuerza y percepción a los afectados. Costo: 30 ch. Duración 3 turnos. Todo aquel que este a menos de 2 metros de un afectado sufrirá los efectos de la técnica durante 2 turnos)
El usuario poseedor de anticuerpos del Kohig-19 realiza una explosión de chakra que afecta a todos aquellos que estén a corta distancia de el, los mismos sentirán que tienen fiebre muy rápido y dificultad para respirar haciéndose mas susceptibles a lesiones y ataques enemigos, aquellos que estén muy cerca de alguien que haya sido afectado por la técnica excepto su ejecutor sufrirá los mismo efectos durante un tiempo reducido.
(Requisitos: Solo obtenible como obsequio de navidad 2020)
Sellos: Tigre → Carnero.


Por favor colocarlo de la siguiente manera:

  • Nombre del Personaje:
  • Regalo solicitado:
  • Cuento de Navidad
    Insertar aquí
ACTUALIZADOS
@Azad [{Exp: 18 -> 68} {Dinero: 1587ryōs ->2087ryōs } {puntos de talento: 3 ->4} {técnica gratis}]
@Kluh [{Exp: 52 -> 102} {Dinero: 927 ryōs -> 1427 ryōs} {punto de talento: 1 -> 2} {ténica gratis}]

@Silver_Tiger [{Exp: 18 -> 68 / Wolght 78 -> 88 / Darguar 19 -> 29} {Dinero: 3460 ryōs -> 3960 ryōs} {punto de talento: 0 -> 1} {ténica gratis}]
@Pretoriano [{Exp: 30 -> 80} {Dinero: 340 ryōs -> 840 ryōs} {punto de talento: 2 -> 3} {ténica gratis}]
@Joseking [{Exp: 17 -> 42} {Dinero: 1476 ryōs -> 1726 ryōs} {ténica gratis}]
@Kaladin [{Exp: 43 -> 93} {Dinero: 670 ryōs -> 1170 ryōs} {punto de talento: 2 -> 3} {ténica gratis}]
@Rostrevor [{Exp: 37 -> 87 / Nimbo: 65 -> 75} {Dinero: 3277 ryōs -> 3777 ryōs} {punto de talento: 6 -> 7} {ténica gratis}]
@Sombrero de paja [{Exp: 130 -> 155} {Dinero: 1642 ryōs -> 1892 ryōs} {ténica gratis}]
@Argimn [{Exp: 70 -> 120 / Zao 34 -> 44} {Dinero: 750 ryōs -> 1250 ryōs} {punto de talento: 8 -> 9} {ténica gratis}]
@EstamosActivosPAPI [{Exp: 63 -> 113} {Dinero: 502 ryōs -> 1002 ryōs} {punto de talento: 4 -> 5} {ténica gratis}]
@Spudermon [{Exp: 0 -> 50} {Dinero: 2539 ryōs -> 3039 ryōs} {punto de talento: 7 -> 8} {ténica gratis}]
@_cassiel_ [{Exp: 40 -> 90} {Dinero: 1039 ryōs -> 1539 ryōs} {punto de talento: 5 -> 6} {ténica gratis}]
 
Última edición:

Azad

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FDI: Doble post para iniciar el tema. Gracias a quien actualice.
  • Nombre del Personaje: Raion Bast - Azad [1,12]
  • Regalo solicitado: 50 exp, 500 ryos, 1 punto de talento.
  • Cuento de Navidad:
    Víspera de Navidad

    Una tenue luz entraba por la ventana, era el primer rayo de sol de la víspera de la navidad y como cambiaba la navidad a las personas, se podía notar en el ambiente, las personas tenían un mejor carácter, mayor disposición, las ganas de compartir y desear el bien se podían respirar en el aire, de verdad que era una buena época para estar vivo.

    La casa de los Raion estaba tranquila mientras sus habitantes dormían o tal vez no, Bast trataba de aprovechar cuanto pudiera estos momentos de paz y volver a dormir era una bendición ya por si sola, cuando de repente un continuo sonido en la puerta del cuarto.

    ….knock, knock….

    -¿Qué pasa?, decía el genin con voz adormecida, todavía no se atrevía a abrir los ojos, apenas lo hiciera tendría que empezar su día.

    -Necesito que vaya donde se tío, no sabemos si va a venir a cenar y usted sabe como es, decía su padre.

    Tras escuchar esto Bast abrió los ojos de par en par, sabia que visitar a su tío Scrooge Raion en esta época era de lo peor, este viejo cascarrabias no disfrutaba de las festividades y nunca se había acercado a la casa pero su padre no se rendía con el, -En serio tengo que ir yo, pensó pero no se atrevió a decirlo en voz alta. Rápidamente salió de la cama, directo al baño y seguido a desayunar, sabia que necesitaba toda la energía que pudiera y las buenas vibras para lidear con Raion cascarrabias.

    Tras prepararse mentalmente, se despidió y salió de su casa. El viento era una brisa fría, deliciosa, combinaba de manera perfecta con el ligero calor que hacia, de nuevo, que época para estar vivo, el buen humor estaba por los aires, ya había cobrado su salario, tenía dinero en su bolsillo, una familia en su hogar y salud, tantas cosas que se daban por sentado pero que hoy tenía la necesidad de agradecer.

    Fueron casi dos horas caminando, la oficina de Scrooge no había cambiado en nada, su color era frio como el alma del sujeto que estaba adentro, pero bueno había que intentarlo. Toco a la puerta dos veces, -Tíio, dijo pero no recibió ningún tipo de respuesta, se había olvidado de tocar esa molesta campana que tanto disfrutaba escuchar su tío, significaba que un posible cliente estaba ahí para gastar dinero.

    …ring, ring…

    -¡Cratchit! responda la puerta gritó a viva voz, y un hombre algo asustadizo y nervioso inmediatamente corrió a la misma, tropezando sobre sus cordones y casi yéndose de bruses.

    -¡Bast! Que alegría verlo, feliz navid… -¡CRATCHIT! no le pago por andar diciendo estupideces, dígale al mocoso que pase y siéntese, gritaba Scrooge interrumpiendo al pobre ayudante.

    Si algo detestaba Bast era ver como este sujeto de trataba a las personas a su alrededor, de verdad que moriría solo y ni una lagrima seria derramada por el, tal vez su padre podría sentirse mal, pero mas allá de eso, estaba solo en el mundo y el se lo había buscado.

    -Tío, queremos invitarlo a la casa a cenar, hoy es nochebuena y queremos recibir la navidad en familia, no tiene que traer nada ni gastar nada, pero apreciaríamos que nos acompañara, terminaba de decir el genin, lo habían mandado a la guerra con un enemigo inamovible.

    -¡Bah, paparruchas!, decía el ser que odiaba la navidad, celebrar esto y tras de todo tener que pagar por un día en el que no se trabaja es una perdida de tiempo, decía mientras se levantaba de su escritorio, dígale a su papa que no voy a ir, gracias.

    -Que ganas de comer mierda, pensaba el genin al escuchar a este tipo, y saber que el pobre Cratchit estaría aquí clavado le rompia, el corazón, -Bueno, la invitación sigue en pie, igual para usted Cratchit, y feliz navidad terminaba de decir mientras salía de la oficina.

    Navidad 12 media noche

    La comilona estaba en lo mas y mejor, las risas venían e iban, hubieron pleitos por que nunca faltan en las reuniones familiares, pero las buenas vibras todo lo superaban y ya casi llegaba la hora de los regalos. Todos se reunieron en la sala alrededor del árbol, si bien ya no habían niños en la casa en cada navidad cada uno tenia un regalo que abrir, la tradición era hermosa y no había que romperla.

    2 de la mañana

    De repente cual historia de terror varios golpes en la puerta, eran frenéticos y sin un ritmo especifico, abrir la puerta no era una opción, y menos teniendo a su familia reunida en la sala, Bast sabia que si tenia que pelear no podría hacerlo en su casa.

    Apagaron las luces y esperaron a que el sonido se detuviera pero solo pareciera empeorar, parecía que si no se abría arrancarían la puerta a golpes. -¿Quién mierdas estaba jodiendo en este momento?, gritó el genin al acercarse a la puerta, -Bast, ¡soy yo!, gritó la voz, se escuchaba un poco de terror en la voz del tío Scrooge. El padre del genin corrió a la puerta y la abrió inmediatamente, y ahí estaba en sus ropas de pijama, el cascarrabias de la familia, se le veía temblando, pero pareciera que la vida nunca había estado mas presente en el que ahora, -¿Es muy tarde para que me una? decía claramente arrepentido, lo que fuera que le había pasado. Había cambiado al tío para siempre, ¿para bien? solo el tiempo lo diría, pero ahora estaba con su familia disfrutando de la navidad.





 

Kluh

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Seichi Marījoa
  • Nombre del Personaje: Urielle [1,14]
  • Regalo solicitado: 50 exp, 500 ryos, 1 punto de talento.
  • Cuento de Navidad:

Historia dijo:
Érase una vez en konoha, una ninja de largos cabellos y oscuros ojos. Tan oscuros como su alma y con un alma tan cultivada como su caracter. Su mirada escondía secretos y su sonrisa callaba verdades. Llevaba un sombrero de punta y un bastón mientras caminaba. Pues era una tarde corriente y el sonido de los árboles la arrullaba. La brisa acariciaba su fleco y las hojas caían, dormidas, casi desmayadas. El sol, ligeramente frío, suavizaba el ambiente junto al aroma del lugar. Y los aldeanos, extrañamente amables, desperciaban sonrisas sin dudar.

Era una tarde normal en konoha. La gente iba y venía sin mirar atrás. Caminaban y corrían, hablaban y gritaban, comían y bebían. Todos hechos que sucedían sin tan siquiera tener lugar. Así que nadie se dió cuenta de su presencia, e igualmente, nadie se dió cuenta de lo que le sucedió.

En medio de todo aquel panorama, una criatura (tal vez una que no existía) se presentó ante ella. Su voz era dulce pero terrorífica. Como el sonido de un plato al ser rayado por los dientes de un tenedor. Sus pies no tocaban el suelo y de su espalda tan solo pinchos se podían ver. Su vello se puzo de punta y su corazón aceleró. Tragó saliva.

- ¿Quién eres? - preguntó.

La bestia no soltó palabra. Pero una de sus manos, con siete falanges, se posó sobre su rostro sin que pudiese evitarlo y una profunda y calmada imagen pudo ver en su cabeza.

Era ella. Ya de anciana cultivando flores en un enorme campo. Recogiendo frutas y cosechando. Sola, aislada, sin nadie que la pudiese molestar a kilometros y sin niebla que la atormentase.

La imagen desapareció y su consciencia retomó la realidad. Respiró, y viendo por el espacio que quedaba entre los dedos de la criatura, pudo ver como uno de sus dedos desapareció. Acto seguido, otra imagen inundó su mente.

Tenía el sombrero de Hokage sobre su frente y a todo un escuadron de anbus postrados delante de ella. Tenía un parche en un ojo y notaba el relieve de una cicatriz en su pecho. Era un día importante, pero antes de que supiese más, despertó y nuevamente vió como otro de los dedo desapareció.

La imagen esta vez era confusa, muchas escenas. Kunais que se clavaban y gente que huía, una ola de niebla que se acercaba y mutantes sin número que atravezan los muros de konoha. Las flechas ocultaban el cielo y el sonido del acero dibujaba el lugar. Entonces, del cielo, un rayo caía sobre ella y justo antes de impactar. Despertó.

- Espera! Espera! - pronunció jadeando al ver como el tercer dedo desaparecía. Quedando aún cuatro sobre su rostro.

Aún así, la siguiente imagen dió lugar. Se encontraba ella bajo la luz de la luna en konoha cuando una bestia(conocida solo por los mitos y leyendas) frenó su camino. Sus cuernos largos y blanca barba formaban su rostro en aquella frenética mirada. Y bajo su amenazante aspecto, le exigía una historia qué contar.

La imagen desapareció.

La bestia quitó su mano y momentáneamente Urielle se sintió vacía, como si aquella criatura se hubiese llevado algo consigo. Una bocanada enorme de aire entró a su cuerpo justo antes de asficiarse por la falta del mismo. Diez segundos de silencio la llevaron a la normalidad y, en ese momento, comprendió lo que había visto.

Se llevó la mano a la cintura para, en un rápido movimiento, cortar a la criatura con su sai Más no hubo herida. Tampoco algo sólido contra lo que impactar. Había hecho un dibujo con su sai en el cuerpo de la bestia. Pero era un dibujo vacío, como un espacio de cielo en un amplio trozo de nube. Nada que pudiese dañar.

- ¡Ese no será mi destino! - respondió indignada mientras se marchaba.

- Por aquel entonces me negaba a creerlo. - pronunció con calidez - pero ahora que te veo, sé que esta es la historia que te debo entregar. - añadió ante la presencia del Krampus.

Urielle le contó la historia y esperó en silencio unos segundos antes de marcharse.

Luego continuaría su marcha sin destino.
 

Silver_Tiger

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Ni yo lo sé
- Nombre del Personaje: Raiden Inuzuka
- Regalo solicitado: 50 exp, 500 ryos, 1 punto de talento.
- Cuento de Navidad:
Estando en el patio de mi casa en la noche. Estaba mirando de forma amenazante al Krampus, mientras Wolght gruñia, mostrando sus fauces amenazándolo y dispuesto a atacarlo si me llegaba a tocarme. Su presencia molestaba y efectivamente nadie estaba contento, estaba en la lista de los buenos y aún así el Krampus quería llevarle.

Contar una historia a cambio de tu vida. Creo que mientras que cumplas con lo que exige, se irá en paz sin hacerte ningún daño - Digo mi hermano, con un tono nervioso porque esperaba que el Krampus cumpliera con su palabra.

¿Enserio tengo que hacerlo? - Estaba molesto, estaba en la lista de los bueno y aún así el Krampus me quería llevar y me obligaba a contar una historia. Pero contarlo era un precio menor para salvar mi vida y evitar un enfrentamiento con el Krampus. Esta bien, te contaré uno, la historia de como acabe siendo adoptado por los Inuzukas y siéntete afortunado porque esta historia nisiquiera cuento a mis mejores colegas. - Tomé un suspiro para calmarme, Wolght dejó de gruñir y amenazar al krampus pero sin quitarle un ojo encima. El ambiente estaba mejor para la historia así que empecé.

No todos saben que soy adoptado por los Inuzukas y menos los motivos. Inclusive me llegan a insultar como si fuera un perro cuando gruño y actuó como un jaguar, un felino. ¿entiendes la diferencia? Pues esta historia comienza cuando perdí madre jaguar Ambar por un maldito ser la niebla.

Siendo un niño de 6 años junto con mi hermano Darguar prácticamente estamos condenados a morir en los bosques.
Estábamos demasiado tristes e inconsolables que solo podíamos quedar llorando abrazando su cuerpo. No recuerdo cuantos días pasó hasta unos granjeros nos encontraron.

Nunca
había visto otro ser humano, así que al principio mi hermano y yo estábamos demasiado asustados y queríamos espantarlos con gruñidos, mordidas y arañazos. Pero era una batalla que no podíamos ganar, fuimos conquistados por la comida y agua. Nos atraparon y nos llevaron a Konoha.

Lo único bueno era la comida y el agua, ya que no íbamos a morir de hambre y de sed. Pero el resto, todo apestaba, todo era distinto al mundo que yo conocía. Todo me fustraba, solo quería estar en los bosques con los animales y causaba mucho desastres a los granjeros.

Hasta que un día, parecieron un anciano, con junto un hombre adulto con un aspecto muy descuidado y dos hermosas mujeres aunque uno se notaba que era más joven juntos varios lobos. Aunque no lo sabia en ese momento pero ellos eran los Inuzukas y estaba conversando con los granjeros. Poco entendía lo que sucedía.

Me llamaba mucha atención los lobos. Así que me acerqué a ellos, pude entenderles un poco de lo cuál asombró al anciano y el resto de los Inuzukas. Terminaron con llevarme, aunque al principio daba miedo y no fue nada fácil la adaptación pero a final fueron lo que nos terminaron salvar nuestras vidas.

Los lobos fueron de mucha ayuda, fueron ellos y con ayuda mi familia Inuzuka lo que me enseñaron todo lo necesario para desenvolverme en Konoha. Hablar, leer, controlar mi comportamiento, entender a los humanos, tener un propósito en la vida. En retrospectiva es difícil pensar una vida sino fuera sido adoptado por los Inuzukas.

Y bien Krampus, ¿Estás satisfecho por escuchar mi historia?
- Y al parecer la respuesta ha sido afirmativa porque había desaparecido tal como había aparecido y Darguar y Wolght quedaron aliviandos porque la amenaza habia sido neutralizada.

Cada vez que pienso en nuestra historia, pienso en lo afortunado que somos. - Luego de ponerse sentimental al recordar todo el pasado, Era una reflexión que hacia mi hermano.

Tienes razón hermano, Lo somos - le respondí porque efectivamente era verdad.

El olor de la cocina estaba llegando al patio. Era noche vieja y se comería pavo al horno con ensaladas. No teníamos que hacer esperar a mi familia. Así que fuimos, para pasar el momento familiar y disfrutar de la cena. Contándole el encuentro del Krampus.

Un par de horas más tarde. Estaba en el patio a sola con madre adoptiva Eve. Efectivamente la nochevieja, el krampus, recordar mi historia. Estaba un poco más sensible de lo habitual. Así que le pregunté

Nunca he preguntado hasta ahora. Pero ¿porque me adoptaron? no ganaban nada con salvarme, solo era más problema para ustedes.

Pero ella, inesperadamente solo se rió y de forma cálida. Aunque en el fondo tenia se notaba tristeza porque lo iba a contarme no iba ser fácil.

¿Acaso necesitamos un motivo para adoptar? Nosotros siempre deseamos tener dos hijos. Tuvimos a Anna, y fuimos muy felices con ella. Pero esperamos al segundo hijo, pero pasaba los años y nunca llegó. Hasta que el milagro ocurrió pero la felicidad no duró mucho. él nunca llegó a nacer. Estábamos muy devastados, Ocurrió como 6 meses antes que te conociéramos. Ya a esas alturas nos teníamos que conformar que Anna sería nuestra única hija. Pero cuando noticias sobre de ti, entendidos que teníamos la posibilidad de adoptar para completar nuestra familia, salvando a un niño.

Estaba bastante sorprendido por la revelación, me había dejado sin palabras, pero no recuperarla y decirle.

Gracias por comentarme esto, ahora lo entiendo todo. - Solo podía abrazarla en estos momentos y seguir disfrutando del resto de la nochevieja.
 

Pretoriano

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Nombre: Tareni
Regalo: 50 exp + 500 ryos + 1 pto Talento
Cuento:

El cielo tenía un color grisáceo que anunciaba lluvia o nieve. ¿Importaba? Realmente no. Aunque los días grises de invierno eran sus preferidos, no era así aquella noche. Así pensaba Tareni mientras caminaba por el Mercado de Konoha, odiaba aquella época del año, igual que casi todo. Había pocas cosas que le agradaran realmente. Se adentró entre los diferentes puestos, no buscaba nada en específico, curioseo casual. El ambiente festivo de las personas a su alrededor, los coloridos adornos de algunos puestos y las luces colgando en la calle contribuían a aumentar el mal humor del muchacho. En serio que odiaba la navidad.
Por fin uno de los puestos le llamó la atención. Comida. Se acercó a la tarima donde se exponían varios tipos de dulces. Olía delicioso y tenían muy variadas formas, algunas bastante extravagantes. Se detuvo a observarlos bien, contó el menudo y se decidió. Escogió una especie de paleta de varios colores.
Le dio una mordida a su recién adquirida golosina y continuó el paseo. De pronto al alzar la mirada reconoció un rostro. Un recuerdo de la infancia: Estaba sentado en el salón, buscando entre sus antiguas pertenencias algo que pudieran vender. Su hermana estaba haciendo algunas frituras de calabazas para poder comer los dos. Era de noche, una noche exactamente igual a esta. Escuchó un golpe, algunos gritos y vio a su tío pasar con su hermana agarrada del brazo. Esa fue la última vez que vio a Suaki.
Las líneas visuales se cruzaron, el flujo del tiempo se detuvo durante un breve instante que duró como un siglo. Tareni dejó caer el dulce, un sentimiento que creía haber olvidado inundó su pecho. Dolor, un ardiente dolor nacía en su pecho y se extendía por todo su cuerpo. ¿Suaki? El sonido de su propia voz rompió el hechizo, despertándolos a ambos. La chica se viró y corrió a toda velocidad.
Tardó un segundo en moverse, la mujer ya corría algunos metros por delante. Corrió con todas sus fuerzas, apartando gente, tirando carritos de compra, golpeando sin intención niños y mascotas. Detectó su cabello rojizo al doblar un callejón. ¿Desde cuándo tenía el pelo rojo? Ella tenía un hermoso cabello negro, justo como el suyo.
Entró a la callejuela, estaba vacía. Se había esfumado como un fantasma. Mierda!!!! Gritó con rabia. Caminó con cuidado, observando cada rincón, cada balcón, palpando paredes y suelo. No podía ser tan rápida, una niña sin ningún entrenamiento. Llegó hasta el final del callejón: una avenida llena de gente. Regresó lentamente, ya no podía percibir chakra, había perdido esa habilidad cuando despertó su segunda naturaleza elemental.
De improviso detectó algo que no había visto la primera vez, un trozo de papel, encajado entre dos tablones de una pared. Lo levantó con manos temblorosas. Pronto no tendrás que correr detrás de mí nunca más, regresaré en busca de justicia. Oniii-sama. Estrujó el papel con rabia. ¿Una amenaza? Ella era la que se había marchado, dejándolo completamente solo, lo había traicionado.
La nieve empezó a caer lentamente, se acumulaba en los techos, calles y aceras. Algunas mujeres desplegaron sus paraguas. Tareni salió a la avenida principal. No sabía bien cómo se sentía, pero desde luego no mejor. Alzó la mirada.
Diablos, odio la navidad.
 

Joseking

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  • Nombre del Personaje: Kira Ipakku [1,04]
  • Regalo solicitado: Cambio de clase y/o especialización, 25 exp y 250 ryos.
    • Paso a ser Clase: asesino. y Especialización: Adaptable.
  • Cuento de Navidad
"Era el ultimo dia del año.
Los ninjas y los aldeanos en familia estaban.
Reunidos todos juntos como si fuesen un rebaño.
un dia especial donde todos se reunían y mofaban.

Kira y Kaoru como de costumbre peleaban.
Pelaban continuamente pero siempre se reconciliaban.
La cosa parecía seria, las manos de Kaoru con ira temblaban.
Ella decía cosas que a Kira solo lo cansaban".


Kaoru solo hablaba de que ahora pertenecía a su familia y como tal debía ajustarse a sus horarios y tradiciones de año nuevo, Kira siempre habia estado solo y no habia tales tradiciones el no estaba acostumbrado a eso no le gustaba, debía estar a cierta hora, no podía retrasarse debía vestirse de amarillo para que el siguiente año tuviesen riquezas, Amarillo, ese era el color menos favorito de Kira por mucho y debía vestirlo, además debía traer un ganso de exactamente 4 kilogramos, ni mas ni menos.

Eso entre muchas tradiciones raras, además debía compartir con Kaeru Nara el hermano de Kaoru con quien llevaba una relación complicada y por si fuera poco Kira debía llevar puesta una mascara de Buey toda la noche porque era el mas nuevo en la familia, debía utilizar una mascara de Buey para representar y honrar al año que venia y expresarle respeto, debía ser un buey vestido de amarillo con un ganso de exactamente 4 kilos en la mano como si fuera algo normal.

Esto era mas de lo que el joven Kira podía soportar la pelea iba tomando calor hasta que de pronto Kira soltó unas palabras de las que se podria arrepentir pronto. - Tu familia y tradiciones no me hacen ninguna falta, me voy. Tomo su equipaje y se fue, dejando atrás a Kaoru que se quedo en la puerta atónita sin decir nada hasta que llevo sus manos a su cara sin duda estaba llorando, iba a ser su primer año nuevo juntos y se estaba arruinando antes de empezar.

Decidió ir a un Bar aun faltaba mucho para año nuevo pero pero parecía que lo iba a pasar solo otra vez como lo habia hecho en pasado, llego y pidió una botella de Sake completa para el se iba sirviendo vaso a vaso del delicioso licor fermentado a base de arroz, no acostumbraba tomar demasiado pero sin duda no temía a la bebida al acabar la botella daba tumbos mientras salía del Bar y decidió subir a un tejado a pasar la borrachera.

Al subir no demoro demasiado en perder la conciencia recostado a una pared. - Gero, Gero. Escuchaba Kira con los ojos cerrados mientras sentía una especie de mano pequeña tocando su pierna. Se levanto y abrió los ojos solo para encontrarse a un pequeño sapo con un Kimono. - Pff... lo siento... ¿te invoque mientras dormía?. Gero, gero. El sapo en ese momento señalo al suelo.

Kira volteo, solo para ver su cuerpo en el suelo todavía, mientras el parecia estar fuera de el. - ¿Que?, ¿que mierda se supone que esta pasando, es alguna clase de jutsu, eres un enemigo?. el sapo en ese momento nego con la cabeza. Gero, gero. Este no parecía tener la capacidad de hablar pero salto a la cabeza de Kira en el momento que el sapo toco a Kira fue como si el mundo fuera dado una vuelta de 360°, todo se veia diferente, se veia en sepia.

Kira desde ese tejado vio algo sorprendente era el mismo... pero mucho mas joven... ¿8 años tal vez? estaba sentado en la acera, llorando de pronto se dio cuenta... estaba reviviendo un recuerdo pero como si fuera un espectador. - Gero..... Dijo el sapo, Kira no sabia que intentaba expresar pero se escuchaba conmovido, el recuerdo de esa soledad que vivio de niño fue algo muy fuerte para Kira que no pudo evitar soltar una lagrima que inmediatamente se limpio con su manga. Gero.. gero...gero... Escuchaba al pequeño sapo alejarse mientras el mundo daba un remolino de vuelta, para llevar a Kira solo justo donde estaba, viendo su cuerpo sin conciencia en el suelo.



Nada parecía tener sentido, aquel pequeño sapo de Kimono azul habia desaparecido pero las cosas no habían vuelto a la normalidad. <<Se tratara acaso de un genjutsu>>. Se preguntaba Kira mientras intentaba hacer un Kai, pero sin éxito. - Ese fue un buen intento... pero no es un genjutsu, Gero. Escucho Kira, al voltear vio a una rana verde con un kimono verde oscuro, al verlo Kira se puso en guardia y solo ahi vio la flor que llevaba como paraguas.

- No Kira, no pelearemos y no te preocupes... esto es temporal, pronto volverás a tu cuerpo, gero... camina conmigo un rato has de tener muchas preguntas, Gero. Nada parecía tener sentido... pero ver como este sapo que parecía ser la única conexión con el mundo, decidió seguirlo. - Que es lo que acaba de pasar... me vi a mi mismo de niño que era ese pequeño sapo de kimono azul. El sapo se rio un poco y le respondió a Kira. - Mmm... es dificil de explicar es una entidad... es como si guardara momentos en el tiempo y los mostrara cuando la gente los necesita. En ese momento Kira arrugo la cara. - ¿Por qué se supone que lo necesito y entonces que eres tu?. Decia Kira con Creciente duda

- mmm... yo soy mucho mas simple, se podria decir que soy un alma libre que guía a los descarriados hacia su paz espiritual y me gustaría pensar que felicidad. Decia Kira pensando en todo lo que habia tomado justo cuando vio que este atravesaba una pared... Kira estaba sorprendido ¿Cómo habia ocurrido eso? Pero al tocar la pared se dio cuenta de que el también podía atravesarla, decidió ir al frente y hacer lo propio cruzando ese muro. - Demoraste Kira-San... ¿te dio miedo?, gero. Decia el sapo al ninja de cabello rojo que efectivamente estaba temblando de miedo.

¿Estoy muerto acaso? Le decía Kira al sapo genuinamente preocupado. - No, como te dije es solo temporal. Habían entrado a una casa, en ese momento Kira vio a una familia humilde de cinco miembros tomar sus platos y romperlos contra el suelo dejándolos en mil pedazos y luego abrazarse. El sapo siguió de ahí y paso a la siguiente casa. En esa casa estaban limpiando como locos hasta debajo de las patas de la mesa, en la siguiente casa vio como una familia cada uno rompía un huevo dentro de un vaso y el miembro mas viejo de la familia "Leía" este vaso, al parecer leían el futuro a partir de un huevo.

Siguieron caminando, viendo mas tradiciones cada una mas rara que la otra, hasta que llegaron a una casa donde sus cuatro miembros estaban vestidos de amarillo, pero uno de los miembros, la mujer estaba sentada en la puerta y no paraba de llorar. Era Kaoru, habia pedido que la dejaran sola y se veia visiblemente afectada. - Kaoru... dijo Kira con lagrimas en los ojos, pero al intentar tocar su cabello Kira simplemente la atravesó. - Esto no funciona así Kira... tu ya tomaste tu desición... y aun te queda una visita mas. Gero. Dijo el sapo mientras se alejaba justo entonces un remolino de pétalos de cerezo lo envolvían, llevándolo de nuevo al mismo lugar donde Kira encontró su cuerpo tirado en el suelo de nuevo, habia vuelto al mismo lugar.


Kira intentaba entrar a su cuerpo nuevamente, desesperado dando golpes contra el suelo sin ningún resultado, hasta que finalmente apareció otro sapo uno de color marrón. Este se veia muy molesto y mayor, con cicatrices por todo su cuerpo, cabello largo y una especie de ropa interior sumo roja. Este miro a Kira. - Geerooo. No era amable como los otros, pero Kira tenia su voluntad muy rota como para pelear entonces el sapo salto hacia el, y estampo su cara contra el suelo con una fuerza descomunal en ese momento un remolino de pétalos los envolvió de nuevo y los llevo dentro de una especie de casa, muy acogedora, pero muy fría.

- Maldito... demonio... suéltame. La cara de Kira seguía presionada contra el suelo y este no se podía mover la fuerza del sapo marrón era increíble. Entonces un hombre muy mayor entro a la habitación con una botella de sake, dando tumbos contra las paredes, su cabello era blanco, pero aun tenia algunos mechones rojos y las características de su rostro aunque arrugadas hacían ver muy claramente que se trataba de un Kira envejecido, este viejo hombre se cayo al suelo y perdió la conciencia sin nadie que lo ayudase y justo en ese momento comenzaron a sonar los fuegos artificiales que daban fin al año. - Geeeeroooo. Decia el sapo marrón molesto, dando un golpe al rostro de Kira haciendo que todo se pusiera negro.

Kira despertó, realmente despertó, estaba en su cuerpo, se pellizcaba para ver si era todo real, al tocar su rostro podía sentir lo húmedo de las lagrimas. <<¿Algo de esto en verdad paso?>>. Pensaba Kira para si mismo cuando escucho a un niño caminar con su abuelo y hablar con el. "Apúrate abuelo, solo faltan 20 minutos para año nuevo debemos llegar a casa" Decia el niño y haciendo que Kira reaccionara. - No, ese no sera mi futuro. Dijo Kira para si mismo mientras se ponía de pie.


Eran las 11:59 estaba el año por terminar cuando Kira se apareció frente a Kaoru que aun estaba en la puerta. Kira vestía con una túnica completamente amarilla y una mascara de Buey que le cubría la mitad de la cara. Y un pollo en su mano al que le faltaba la ultima parte de su ala, seguro sobraba para llegar a los cuatro Kilos, Kaoru se quedo en el sitio al ver a Kira de esa forma. Este toco el cabello de la chica con su mano libre.

- Lo siento Kaoru, hable sin pensar, si quiero ser parte de tu familia y todas tus locas tradiciones... pero solo su puedo imponer una mas... En ese momento explotaron los fuegos artificiales en el cielo y Kira beso a Kaoru como pocas veces la habia besado en el pasado. - Quiero recibir cada uno de los próximos años dándole un beso a la mujer que amo. Decia Kira antes de abrazarla y esta le correspondía el abrazo. - En serio me habías asustado feliz año Kira. Decia mientras entraban juntos y Kaeru le hablaba. - Tranquilo cuñado... te puedes quitar la mascara, eso fue una broma de Kaoru. Decia el hermano mayor de Kaoru con un semblante muy serio, entonces Kaoru me miro y se comenzó a reír, sus padres le siguieron con la risa y tanto Kaeru como yo no pudimos evitar reírnos también, si de algo estaba seguro es que estaba donde quería estar y estaba muy feliz de tener una familia.
 

Kaladin

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  • Nombre del Personaje: Hyuuga Ryuuji
  • Regalo solicitado: 50 exp + 500 ryos + 1 talento + Tècnica covídica

¿¡Decepción Ninja!?

En cada país ninja siempre ha habido tradiciones de intercambio de regalos durante la época próxima al solsticio de invierno. Que si viene un limpiador de chimeneas a dejar regalos en calcetines, que si tres camellos te dejan regalos debajo de un árbol, que si apalizas a un tronco con un palo te caga regalos… La cuestión es que siempre ha habido una forma de dar regalos, curiosamente a los niños ninja, de algún tipo de magia no relacionada con el chakra.
Las casas de acogida para huérfanos de Konoha, en las que futuras generaciones de shinobi crecen, pelean y son maleducados, tampoco son una excepción. Y Ryuuji Hyuuga tampoco ha sido una excepción. El problema principal es que, a la que los chavales empiezan a recibir un sueldo (normalmente cuando se graduan de la Academia de ninja), se suelen ir de la casa para coger alguno de los apartamentos subvencionados por la villa. Y… bueno. Siendo como son estas casas de acogida, nadie les ha explicado aún (¡con 12 malditos años!) que todo aquello es una trola. Y allí llegan los dramas. En concreto el drama navideño de Ryuuji.
Como bien podéis suponer, al no encontrar ni un mísero regalo bajo su árbol al despertar, la cara de Ryuuji fue un poema. Un poema de confusión, desilusión y enfado. Vale que nunca le habían traído nada muy espectacular como al resto de chavales no huérfanos, pero pasar de un shuriken de madera a nada… ¿Tan mal se había portado en su primer año como ninja?
Enfadado, se vistió con mucha prisa, y se dirigió, tejado a tejado, hacia los aposentos para huérfanos. Más en concreto hacia la habítación del encargado. Los niños, en aquel momento, mientras empezaran a despertarse y abrir los regalos, podrían ver una figura pequeña y rápida merodear por los tejados, con una mueca desencajada, y mirando con envidia hacia las casas de los demás. De esta desventura dicen que nace la leyenda del Grinch de Konoha.

El pobre encargado era un tipo sencillo. Anadaba por su habitación - que también tenía una pequeña cocina y salón de estar privados - en un batín de felpa con motivo de rayas y cuadraditos y unas zapatillas a juego. Por debajo, sólo los calzoncillos, por lo que asomaban del batín unas piernas de alambre muy blancas y peludas. Aún no se había afeitado y tenía la cara llena de lagañas, pero ya se estaba preparando para ir a despertar a los chavales y llevarlos a la sala común, en la que habría el árbol con regalos para todos. El pobre hombre notaba una extraña sensación rondando encima de su cabeza. Y no era para menos. Unos ojos asesinos lo observaban desde fuera de su ventana. El hombre dio un salto hacia atrás que provocó que una taza de ardiente café volara por los aires.
- ¡La kunoichi que te parió, Ryuuji! -Ya había cogido un rollo de papel de cocina y estaba limpiando el café. La taza, metálica, no se había roto. - ¿Qué te trae por aquí? ¿Vienes a visitar a tus antiguos compañeros? Pensaba que no os llevabais demasiado bien...

- ¡Mitsuhiko! - Los ojos del Hyuuga desprendían fuego - ¿¡Cómo puede ser que no tenga ningún regalo!? ¿¡Acaso no mandaste mi cambio de dirección!? - La cara del encargado pasó por varias fases muy rápido. Primero shock e incomprensión, ante el asalto matutino de su antiguo pupilo. Acto seguido, una breve sonrisa cruzó su rostro, y finalmente los ojos se le llenaron de ternura.

- Ai, Ryuuji, Ryuuji... a veces olvidamos lo pequeños que sois algunos cuando salís de aquí... - La ternura y la tristeza modulaban su voz. Estaba claro que no le gustaba que Ryuuji se hubiera lanzado tan pronto a la vida de shinobi.
- Quizá no te guste lo que voy a decirte, y te parezca que llega demasiado tarde, pero... pero... En realidad, los regalos... - Ryuuji interrumpió sin miramientos al hombre antes de que acabara la frase.
- Corta el rollo, hombre. Que todos los chavales de aquí, incluso el más pequeño, saben que en realidad es el Hokage el que pone los regalos. Nada de magia. Huérfanos, no tontos. - De nuevo la cara de Mitshiko volvió a transucurrir por diferentes estados de forma demasiado rápida. Con chavales como Ryuuji bajo su cuidado, no era de extrañar que acabara con la cara llena de arrugas bastante más pronto de lo que tocaba.
-Pero... Entonces... ¿Cual es el problema, Ryuuji? - Preguntó, inocente, Matsuhiko. El color rojo siguió subiendo por la tez del pequeño. El enfado y la rabieta no habían acabado aún, no.

-¿Qué? ¡Pues... que quiero mi regalo, obviamente! ¿O acaso no entra dentro de la responsabilidad del Hokage de hacernos un regalo cada año a los shinobi menores de edad? ¡Más le vale a este nuevo tipo de cumplir bien con su deber! ¿NO SERÁ QUE NO LE HAS DADO MI NUEVA DIRECCIÓN, MITSUHIKO? - La nueva sonrisa del encargado, al ver la realidad del "problema", era enorme, y no pudo contener una carcajada. - Ryuuji, chico... ¿has visto qué hora es? ¡No son ni las 7 de la mañana aún! Seguro que has salido antes de las seis... - La cara de Ryuuji fue un poema. ¿Y si se había equivocado? ¿Y si era un error? No podía ser que... Sin mediar más palabra, dio la vuelta y se volvió hacia su casa. Mitsuhiko, de mientras, acababa de invocar un pequeño simio, al que dio unas breves instrucciones, y que volvió a desaparecer dejando atrás una nube de humo.

Cuando Ryuuji llegó a su pequeño apartamento, había un regalo al lado de la ventana. Era un nuevo calzado para el shinobi.

La sonrisa no volvió a marchar del rostro del Hyuuga durante toda la semana.
 

Rostrevor

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  • Nombre del Personaje: Inuzuka Hanzō - Rostrevor [1,03]
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  • Relato Navideño:
SOLSTICIO DE INVIERNO

Este año la víspera al solsticio de invierno es una noche fría y desapacible, con el mundo cubierto por nieblas que se abren esporádicamente por efecto de un viento cortante como hoja de kunai. Todo esto me importa un pimiento pues me hallo encogido en la cama, sudando a mares y con escalofríos a pesar de que la cabeza me arde como la forja de un herrero. Desde mi lecho, potencialmente mortuorio, escucho hablar a mis padres sin mostrar el menor atisbo de empatía por mi agonía; horrible manera de pasar mis últimos momentos.

─Ya tiene que estar malo ─dice ella─, mañana comienzan las festividades por el solsticio de invierno y como siga así se las va a perder.
─Nada, es un quejica. Un resfriado, como mucho gripe
─responde él─. Quizá podría tomar una muestra y hacer un cultivo para mis experimentos, su fisionomía es... ─mi madre le interrumpe.
─Ni se te ocurra, es tu hijo, no una rata de laboratorio. Creo que tienes razón, sin embargo me preocupa... estaba murmurando cosas...
─Delirios causados por la fiebre, no pensaba que le había subido tanto.
─No, no es eso, parecían... visiones; el mal de Ebenezer.
─¿Mi padre?
─los dos guardan un instante de silencio pensando en mi abuelo. Me sorprendo pues desconocía cualquier referencia a que padeciese visiones. Mi madre retoma la palabra.
─Son lo que le hicieron convertirse en explorador, a saber qué respuestas pretendía encontrar en el mundo exterior; ya hemos comprobado que no hay más que monstruos, enemigos y muerte ahí afuera. Siempre decía algo de "evitar un destino".
─No sé, Inuzuka Ebenezer era un hombre duro y agudo como un pedernal, yo creo que su ninjato se mantenía afilado a causa de su mera fuerza de voluntad. No se abría con nadie, aunque Hanzô es el único con quien era amable; hasta gracioso...


Las voces se van haciendo cada vez más y más lejanas hasta que dejo de escucharlas...
De repente me encontraba en un lugar oscuro, un recinto de bordes difusos que cambiaban y oscilaban igual que si de espejismos se tratasen. El suelo era rocoso, con esporádicos montículos de tierra que formaban un patrón que no era capaz de definir y estaba cubierto por una capa de agua que me llegaba hasta los tobillos. Nimbo no estaba conmigo. Miré alrededor y divisé una estructura diferente, me acerqué y descubrí una serie de pilares de madera concéntricos, con efigies de primates en su parte superior. Algunos se unían entre si por puentes del mismo elemento y otros no.

─Bienvenido ─dijo una voz a mi espalda. Me giré y en el centro del anillo de pilares se encontraba un hombre de ojos verdes y pelo castaño, con la bandana de la hoja a la frente y que ocultaba su cuerpo con una capa también verde, de un tono más oscuro que sus ojos.
─Buenas, me alegro de ver a otra persona, este lugar es muy extraño ─le dije, ensayando una sonrisa nerviosa, acorde a mi estado de ánimo─. Me llamo Inuzuka Hanzô, ¿quién eres?
─Subotai, del clan Komatsuna ─respondió con un tono de voz monocorde y sin que emoción alguna se reflejase en su rostro. Su mirada era intensa, de concentración aunque su actitud no denotaba hostilidad.
─¿Sabes por qué estamos aquí? ─le pregunté rascándome la cabeza.
─Eres de espíritu disoluto, indisciplinado e imprudente.
─Vaya, gracias por los piropos ─arqueé una ceja, pero me silencié cuando vi que iba a seguir hablando. <<¿Será esto una visión como las de mi abuelo, estará aquí para enseñarme algo?>>
─Tienes potencial pues también eres avispado y gozas de cierta habilidad, sin embargo tu premura al actuar te ha llevado a cometer errores como bien sabes. Si antes de actuar hubieses reunido más información y no descuidado tu formación podrías haber sido un ninja mucho más eficiente...
─Vale, ya lo pillo, quieres decirme que debo prepararme mejor y sopesar las opciones para convertirme en un shinobi de provecho para Konoha.
─¡No! La villa y el país del fuego no son más que organizaciones en busca de provecho y tú un mero recurso que utilizar y desechar conforme les convenga. No te fíes nunca de ellos, de hecho desconfía de todo el mundo... excepto quizá de tus más allegados. He visto tus excesos, tu compasión desmedida, tu amabilidad infundada y como en un derroche de inocencia esperas lo mejor de todo el mundo; pero la vida no es así. Duda, el escepticismo y prepararte para cualquier eventualidad, contra cualquier traición serán tu mejor arma...
<<Pirado>> Me dije, dejando de prestar mucha atención al impertérrito Subotai. Mirando alrededor descubrí algo asomando entre sus ropas: un pequeño mono de cola larga. Sus rasgos eran amables y con la manita me hacía un gesto casi infantil para que me acercarse. Sonreí y me agaché, estirando la mano en su dirección. Entonces el muy cabrón se echó hacia delante y hundió inclemente sus colmillos en la molleja entre el pulgar y el índice.

─¡AU!

Sacudo la mano en un intento por aliviar el dolor mientras maldigo al primate y profetizo que tendrá un destino fatal entre terribles sufrimientos. Cuando el dolor del mordisco empieza a mitigarse me doy cuenta de que me hallo en otro sitio diferente; en este caso un laberinto de paredes rocosas surcadas por símbolos arcanos, similares a los que veo en numerosas técnicas de sellado. Estoy en mitad de un corredor sin referencias de la salida o entrada, así que me pongo a andar en una dirección al azar, tomando los giros siempre en la misma dirección. Desde un recodo llega el sonido de una risa malévola y me asomo, descubro un claro circular con un pozo de serpientes que se enroscan entre si en su centro.

─Je, je, je, je ─la risa parece provenir de la nidada de serpientes.
─Nada chunga la situación, qué va ─comento en voz alta.

De repente una figura emerge entre los ofidios. Se trata de un joven de piel clara, ojos azules casi grises y cabello desordenado de color rubio. Viste una especie de kimono corto con pantalones de color pardo. A diferencia de Subotai, de facciones pétreas, éste deja traslucir toda clase de emociones a su rostro; principalmente arrogancia y burla. No me gusta, quizá por como me hace sentir o porque no se moleste en disimular su desdén. Me doy cuenta de que las serpientes no son tales puesto que la mayoría despliegan una cresta sobre su cabeza y sus cuerpos tienen un origen común que se funde con la espalda del sujeto; hidras, me digo.

─¿Qué tal? Soy Inuzuka Hanzô, ¿con quién tengo... el gusto de encontrarme?
─Shin del clan Kazama, experto en sellado de la villa de las sombras ─me responde, con su sempiterna sonrisita. Dudo entre pedirle que comparta la broma que le hace tanta gracia o borrarle la sonrisa de un sopapo. Antes de que me decida continúa hablando─. Te he visto, en tu actuar alternas entre la generosidad, el esfuerzo y un despreocupado egoísmo hedonista.
─Ya, y tú estás aquí para decirme que debo ser menos holgazán y trabajar más en pos del bien común. Ser más generoso en mi esfuerzo, trabajar en equipo y todo eso, ¿no?
─Jejejeje, no, no. No puedes estar más equivocado. El conocimiento es poder, descubre técnicas y deja de entrenar al primero que te lo pida... guarda tus habilidades para ti mismo. Indaga, mira tras el velo con que ocultan sus secretos los que te rodean y úsalos en tu beneficio. Si quieres prosperar debes pensar en ti mismo y en lo que puedes sacar de los demás. Haz tratos y aprovéchate de los vacíos.
─La verdad es que me parece una actitud triste y equivocada ─le contesto─. Todos somos una cadena y ésta es tan fuerte como su eslabón más débil.
─Jajaja, ¡no somos eslabones! ¡Somos palabras!
─¿Palabras? Eso no tiene sentido ─y Kazama Shin se parte de risa.
─Sí, palabras. Y no componemos una cadena, componemos el relato de una broma, una gran broma. Eso es la vida, y para prosperar en semejante chiste universal debes aprender a medrar en el caos, a aprovecharte y sacar ventaja ─miro otra vez su sonrisa burlona y ladeo la cabeza mientras aprieto los puños.
─Sabes, me recuerdas a alguien... curiosamente también se llama Shin aunque no sé si es un Kazama. Al igual que tú se cree más listo que nadie y tiene todo el tiempo tu misma expresión, como si supiese un chiste secreto que no comparte con los demás. Diría que es casi tan gilipollas como tú. Dime, ¿quieres que te cuente yo un chiste?
─Vale ─responde, esta vez sin reír, y entonces empiezo a precipitarme hacia atrás.

"Vale, vale, vale, vale, vale"

La palabra se repetiría como un eco en mi caída de espaldas, pero en vez de estamparme contra el suelo simplemente acabaría sentado sobre mis nalgas, cegado por la repentina luminosidad. Cuando mi ojos se acostumbrasen a la luz vería que estaba en mitad de una plazoleta, junto a una fuente con arabescos y estatuas de sapos como decoración, aunque me percataría de que en lugar de agua los chorros que saldrían por las bocas de los batracios y el líquido de la piscina de la fuente sería aceite. Divisaría a un muchacho moreno, de ojos oscuros y con la bandana del cuervo apoyado en la fuente no muy lejos de mí.

─Ey, bienvenido ─me diría─. Soy Senzô, del clan Kurowashi.

De sonrisa serena y gesto afable, vestiría unos pantalones ninja de un uniforme desconocido y una camiseta negra con una bandera azulada en su pecho. Sería mucho más parecido a mí que el serio Subotai o el burlón Shin, tanto en carácter como en físico. Menos ancho que el primero y más alto y fuerte que el segundo.

─Buenas, yo soy Inuzuka Hanzô.

Notaría como estudiaría mis ojos amarillos, de retina estrecha como la de un animal, pero lo haría sin animosidad ni suspicacia. Me alegraría encontrar a alguien más normal que el paranoico y el conspirador.

─En parte eres como yo, sirves a los sapos y ellos te sirven a ti. Usas sus ancas, ojos y aceite como herramienta aunque mientras que yo soy capaz de partir rocas con un chorro de aceite parece que el tuyo no supera en potencia a una simple patada ─me diría, y no podría reprocharle gran cosa puesto que no me encontraría en posesión de la razón. Tan solo asentiría─. Supongo que los tiempos cambian. Yo uso puertas de rasgos demoníacos para protegerme, tú tu cuerpo y a unas débiles babosas... la verdad es que yo no he llegado a desplegar todo mi potencial, de hecho ni siquiera me he convertido en chuunin.
─Y qué debo hacer para aprovechar mi potencial? ─me atrevería a preguntar, aventurando que quizá aquella sería la lección que Senzô debería transmitirme.
─¿Cómo quieres que lo sepa si yo todavía no lo he hecho? ─su respuesta me dejaría descolocado, probaría un enfoque distinto en mi intento de conseguir respuestas.
─Bueno, ¿y qué haces? ¿Cuáles son tus objetivos y los de aquellos a los que sirves? ─se reiría antes de contestar.
─Somos mercenarios. Una villa de mercenarios. Al Hikage no le importa lo que hagas mientras que la villa gane prestigio y a nosotros no nos importa lo que la villa haga o las misiones que nos encarguen mientras que podamos enriquecernos. Algún día seré tan rico e influyente que las familias nobles tendrán que hacerme reverencias.
─¿Eso es todo? La verdad es que como espíritus de los que extraer una lección sois una mierda. ¿Sabes al menos como puedo salir de aquí?
─Sí, eso es fácil ─me diría─ ¡Sólo tendrás que morir!

Y antes de que yo pudiese tener ocasión de reaccionar me agarraría por el pescuezo y sumergería mi cabeza en el aceite de la fuente, yo sentiría como el viscoso líquido se introduciría por mis fosas nasales y garganta impidiéndome respirar.

Me incorporo bruscamente, tengo la cara empapada de sudor y el pelo apelmazado y aplastado contra el rostro; frente a mí el sol de la mañana entra a raudales por la ventana, proyectándose directamente sobre mi cara. Me levanto y salgo de la habitación en dirección a la cocina, aunque voy envuelto en la manta para no pasar frío no me corto a la hora de coger cuanto alimento llegue al alcance de mis manos.

─Anda, mira quién se ha levantado ─dice mi madre, entrando en la habitación─. ¿Cómo te encuentras?
─Pues quitando el hambre, fresco como una rosa. ¿Y papá?
─En el laboratorio del invernadero con sus cosas ─me responde, noto que se pone un poco más seria─. Oye, mientras estabas enfebrecido parecía que hablases con alguien, tu abuelo a veces tenía... episodios... en los que solía experimentar epifanías; ¿Tú has descubierto algo? ─noto cierto temor en su tuno de voz..
─¿Por los delirios? No, no he aprendido nada de nada. Bueno, quizá ahora sé lo que no he sido, lo que no quiero ser y lo que nunca seré. También he llegado a una conclusión... ─ella alza una ceja expectante─ que en cuanto me coma algo y me duche me voy de fiesta.
─¡Hanzô, que anoche estabas delirando por la fiebre!, tienes que descansar ─a pesar de su protesta noto cierto alivio en su tono de voz y no puede disimular la sonrisa.
─Paso. Mamá, soy joven y tengo toda una vida de la que disfrutar sin comerme la cabeza por enfermedades o tonterías de ninjas, ya descansaré cuando sea viejo ─le replico, ya de camino a la ducha.

Termino de secarme, miro las armas pero las dejo a un lado. <<Voy al solsticio de invierno, no a la guerra>> Me despido de mi madre a voces, cojo una manzana y busco a Nimbo en los jardines. Sonrío a la brisa y el sol, a la vida; y en compañía del can nos encaminamos hacia la algarabía mientras que los kunais y shurikens cogen polvo bajo la cama.

Muchas gracias a quien me actualice, los datos no coincidirán si no actualizan primero el centro de trabajo. Un saludo.

Inuzuka Hanzō - Rostrevor [1,03]
- Dinero.
3277 → 3777 ryos
- Experiencia (Hanzō). 37 → 87 exp
- Experiencia (Nimbo). 65 → 75 exp
- Puntos de Talento. 6 → 7
- Bonus de Clase: (Invocador) -15% gasto de chakra al invocar
 
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  • Nombre del Personaje: Akemi Uchiha - Sombrero de paja [1,01]
  • Regalo solicitado: Cambio de clase y/o especialización, 25 exp y 250 ryos. (Cambio Guerrero por Ilusionista)
  • Cuento de Navidad:
    El dia era frio y la noche empezaba a ganarle terreno al día cuando abrí la puerta de la taberna donde siempre trabajaba. El ambiente estaba animado, música resonando por las paredes, borrachos cantando de un lado a otro y el inconfundible olor de la cerveza. No había dado dos pasos dentro cuando una figura encapuchada salió a toda prisa del local, chocando con mi hombro en el camino. Intente girarme para responder pero me quede callado.

    Mire la dirección donde venía y me acerque pensativo. Había visto como la figura soltaba unas lagrimas antes de salir y me daba curiosidad. En la mesa de la que venía solo había un papel arrugado con un escrito en él-. Triste navidad.- leí casi en un susurro, antes de sentarme y empezar a leer.

    Abro los ojos cuando es demasiado pronto para despertar, no se que hora es y tampoco es que importe demasiado, en este momento de mi vida no soy capaz de dormir una noche del tirón sin que me asalten pesadillas con mis propios fantasmas. Miro el oscuro techo sin saber muy bien que hacer, sin saber si girarme e intentar volver a dormir o si levantarme y hacer cualquier cosa que tenga mi mente lejos.

    Un escalofrío recorre mi cuerpo al bajar los pies de la cálida cama y me estremezco casi sin poder evitarlo, los inviernos son cada vez mas fríos y mi manía de andar descalzo no ayuda mucho a sobrellevar este horrible clima. Me acerco a la cocina a tientas en la oscuridad mientras estiro los brazos y dejo escapar un sonoro bostezo, por la luz que entra por las ventanas no deben de ser mas de las siete de la mañana.

    A oscuras acerco mi mano al fregadero pero todos los vasos están sucios, no tengo ganas ni fuerzas para ponerme a fregar así que abro el armario en busca de algo que me valga para echarme un vaso de agua. Mi mano localiza a tientas un tazón con asa, lo agarro y echo agua de la botella que se encuentra mas cerca.

    Doy un trago mientras voy hacia el salón, tengo la garganta seca y no puedo evitar sonreír al imaginar que la razón haya sido por estar toda la noche hablando en sueños, tan rápido como ha aparecido ese pensamiento, desaparece y continuo hasta llegar al balcón principal del salón, uso la mano que tengo libre para girar el picaporte y abrir el portón. El aire de la calle mueve mi pelo al asomarme, es una mañana fría, pero nada que no se pueda soportar.

    Desde arriba veo como las calles comienzan a tener vida, los mas trabajadores se mueven de un lado a otro con prisas y los mas despreocupados vuelven de una larga noche de jarana. Me fijo con una sonrisa en dos de ellos que se mueven con dificultad, abrazados el uno al otro entre risas y esfuerzos por no caerse de la borrachera que llevan encima, van tarareando canciones pegadizas y villancicos, a fin de cuentas, es la época para hacerlo; los sigo con la mirada hasta que los pierdo al girar una esquina. Mi mirada curiosa sigue mirando cosas de una lado a otro hasta que siento ganas de beber de nuevo, mis ojos se van hacia el tazón y el mundo se me cae encima.

    El estomago se me revuelve al darme cuenta de que tazón estoy usando, no es viejo ni lujosos, ni siquiera es bonito pero era su tazón. Mi cuerpo se encoje al recordarla de nuevo, mi mente empieza a dibujar cada uno de los momentos que compartí con ella, al principio el nexo es la taza, desayunos en la cama, cenas cutres improvisadas pero a poco voy recordándola en distintos momentos, recuerdo su sonrisa, recuerdo el olor de su pelo al despertar, recuerdo como mi cuerpo reaccionaba a sus caricias, recuerdo su respiración entrecortada cuando estábamos bajo las sabanas.

    Sin poder evitarlo las lagrimas empiezan a brotar en mis ojos y sin poder, ni querer pararlas sigo recordando todo lo que he perdido, todo lo que ya no volveré a tener.

    Sin saber como, he viajado hasta el día que la conocí, en mi mente se dibuja su sonrisa vergonzosa, recuerdo como temblábamos cuando me acerqué por primera vez a ella y como con torpeza y mucha vergüenza la bese, el recuerdo de ese primer beso me destruye y mis lagrimas empiezan a brotar sin contención.

    El aire frio quema en mi cara mojada pero no entro dentro, ni siquiera siento dolor, en comparación con como duele mi alma el frio invernal no es nada y me maldigo a mi mismo por ser tan infeliz, por amar y no ser correspondido, por estar solo y desolado cuando lo único que anhelo es un abrazo y un beso cálido.

    Los añicos de mi corazón roto son tan pequeños que pasarían por el ojo de una aguja, la extraño pero aun así se que no volverá, se que esto no es un cuento, esto solo es una triste navidad.




 
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Cuento de Navidad
[*]Esto no es el cuento de navidad que todos esperaban, mas bien es una historia basada en u caso real y una historia que ha dejado una gran marca en el mundo. Esta historia es poco conocida aun, pero no es tarde para que se vaya haciendo mas popular y mas importante en este planeta. La historia trata del nacimiento de una gran persona y como su proeza ha cambiado a sus amigos y a la gente que lo conocen. Pero bueno me dejare de rodeos y os contare la historio de este joven héroe.

Esta historia dio origen en un verano de 2011, han pasado unos cuantos años y aun así la historia se sigue pasando de boca a boca o escrita en este caso como estoy haciendo yo. Ese verano fue un verano mítico. Un grupo de amigos un total de 18, decidieron pasar una semana de vacaciones todos juntos en una casa de la playa en Murcia. Capital de la Lujuria y del Esclavismo de negros como es conocidos todos en este foro. La semana pintaba prometedora 18 jóvenes y 12 mujeres era una semana de fiesta alcohol, droga que pasaría a la historia. La semana estaba siendo maravillosa unos días te tirabas por un acantilado de 11 metros que otro día le partías un diente a un amigo tuyo con una olla. Cosas que pasaban.

Todo el mundo se lo pasaba de puta madre sin malos royos. Pero llego la 4º noche de esa semana. La noche donde nacería una leyenda en ese grupo y que con el paso de los años ser haría mas grande. Se trataba del alzamiento de Alejandro Aroca Tornel. Ya era conocido dentro del grupo como una persona que bebía bastante, pero esa noche rompería todas las barreras.

El grupo decidió hacer una olla de 35 litros de calimocho y otra de 20 litros. Una vez preparada la bebida mortal era hora de ponerse a punto con unos cuantos porritos en la terraza para dar marcha a una noche legendaria. La olla poco a poco iba bajando y la gente cada vez iba mas borracha, pero nuestro joven héroe se la picaba con todo el mundo a ver quien se bebía el baso antes. Gano a todos sus competidores y estos llenos de rabia decidieron ponerle un reto que pondría en peligro su vida. Le llenaron un jarra de 2 Litros y le dijeron la frase que cualquier hombre si la escucha no puede mirar hacia atrás. "Aroca no tienes huevos a bebértelo sin respirar".

Nuestro joven héroe ya iba bastante bebido. podría llevar ya esa cantidad de bebida metida en el cuerpo o incluso mas, pero aun así decidió aceptar el reto. Todo el mundo se preparo para ver aquella locura y aquí están las pruebas de ello
https://youtu.be/kjILh7fc8Og
Después de esa dura batalla del alcohol contra el hombre, el ganador fue el hombre o al menos eso parecía. Después de que nuestro joven héroe se bebiera mas alcohol que sangre tenia en el cuerpo decidió subir al balcón con uno de sus mejores amigos se trataba de Manuel Moreno, también estaba en alma Rodrigo como siempre. Estando allí bajo la noche Manu y Alejandro decidieron hacerse unos 5 o 6 porros los cuales no le sentaron muy bien a nuestro protagonista.
Bajo directo al cuarto de baño mas blanco que la piel de Sansa Star. -Manu, no he vomitado en mi vida por beber, pero creo que esto va a ser la primera vez ayúdame un poco porfa-. Le dijo a su amigo. Los dos fueron al baño junto a otros dos mas miembros de aquella magnifica fiesta. Allí se encontraba al fondo del baño en la tina acostado con sus amigos tarándole agua para que se le pasara el cebollazo. Los amigos no paraban de decirle a Aroca que se había pasado pero que estaba guapísimo y nuestro borracho favorito les contesto.

Pero para ponerle final a esta historia hacia falta que el borracho se recuperara y lo hizo de la mejor manera posible. Parecía una fuente humana, atranco la bañera con su pota. Uno de sus amigos decidió desatracar el baño con la mano, pero este amigo también iba algo tocado y cuando se apoyo para quitar la pota se resbalo y cayo de lleno dentro de la pota de Aroca. Este mas borracho que nadie y casi sin poder mover su cuerpo se rio en su cara. - Ja Ja Ja Ja... Que tonto, ahora perteneces a mi pota Ja Ja Ja-. Ya se le había pasado un poco y sus amigos decidieron acostarlo para que descansara hasta el día siguiente. Eso hizo pero como buen borracho cuando se despertó se desayuno un buen litro con sus amigos.

Una vez hecho eso este hombre fue recordado por todos y paso al siguiente nivel. Ser el mas borracho de todo su grupo. Gracias por escuchar estar emotiva historia de NO Navidad
[*]
 
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Argimn

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  • Nombre del Personaje: Nara Argimn
  • Regalo solicitado: 50 d exp + 500 ryos +1 punto de talento (Edito para agregar que a Zao le tocan 10exp)
  • Cuento de Navidad (me cambiaron la tradición del chiste de tortugas navideño u.u)

Los sacrificios a causa del deber

Me encontraba terminando las clases en la academia; no había mucho que hacer a esas horas habiendo terminado ya las lecciones y los repasos del día, por lo que decidí impartirle a los estudiantes una de las enseñanzas Wu Xing que rigen una de mis especialidades.

- El Festival del Solsticio de Invierno es uno de los más importantes festivales celebrados por los astrólogos del Wu Xing, que es cuando el sol es más débil y la luz del día más corta, y se le conoce como el primer día de la DōngZhì solar. Los orígenes de este festival se remonta al yin y el yang, la filosofía el equilibrio y la armonía en el cosmos. Después de esta celebración, se dice que habrá días con más horas de luz natural y, por tanto, un aumento de la energía positiva que fluye. Existe un significado filosófico de esto que es simbolizado por el hexagrama del I Ching fu - Leía desde un cuaderno de apuntes. Mi idea era dar una lección de cultural general, que tuvieran una referencia sobre algo nuevo - Tradicionalmente, el Festival Dongzhi es también un tiempo para la reunión de la familia. Una actividad que se produce durante estas reuniones es la de hacer y comer. Se suele celebrar con Tangyuan, o bolas de arroz glutinoso, con o sin rellenos según los gustos, que simbolizan reunión. También, cuando hace más frío, la comida familiar para este día es Jiaozi. La tradición dice que comer Jiaozi en el día DōngZhì previene que se caigan las orejas por congelación, si recuerdan las clases básicas de medicina, de seguro sabrán por qué - Agregué rápidamente al notar que muchos empezaban a sonreír con la idea de personas sin orejas - Por último se sirve un tradicional porridge con dulce de frijol rojo. Esta avena se cree que tiene un poder especial y debe rociarse alrededor de las casas en el solsticio de invierno para repeler espíritus siniestros - Terminé de leer el cuaderno de apuntes que tenía sobre las lecciones de Wu Xing. Lo cerré, lo bajé y miré a la clase - Y bien, ¿qué opinan? -

Las opiniones fueron diversas, desde las que iban del interés a las que no intentaban disimular el escepticismo, pero hubo una pregunta que me tomó desprevenido - Hoy es el día de Solsticio, Sensei, ¿practicara esta tradición con su familia? - Uchiha Almaria había sido quien, con su mente usualmente afilada, me interrogó.

- Realmente no lo creo, soy el único en mi casa que no estará de guardia esta noche, así que no podríamos intentarlo -

Fue lo único que pude decir antes de que terminase la hora de clases y despidiese a los estudiantes. Luego de limpiar el aula, dejé la academia rumbo a mi hogar.

Nada más llegar pude notar que no había nadie, la casa se encontraba a oscuras a la luz del ocaso. Al entrar fui directamente a la cocina, puse a hervir agua para preparar una taza de té negro y me senté en una de las sillas de la mesa. Pensaba en lo que había dicho al final de la clase, en cómo no iba a poder realizar la tradición del DōngZhì porque no habría nadie en casa, pero eso no era del todo acertado, la tradición hablaba de reunión, no de un lugar para reunirse en sí mismo.

Me levanté de la silla y fui a los estantes de la despensa. En ellos encontré los ingredientes para los platos tradicionales del DōngZhì; me dispuse a preparar unos bentō con Tangyuan sin relleno ya que algunos Jiaozi estarían rellenos de carne y otros de vegetales. Complementado con unos tazones de porridge de frijol rojo, y como toque de tradición de mi familia, de dos a tres tazas de té negro.

Llevé primero el bentō a mi padre quien estaba de guardia en la muralla, quizá el único no ninja que servía de centinela. Se encontraba con un shinobi con quien usualmente había guardia, a quien tenía contabilizado en la entrega - Padre, acá tienes algo para el frío - Dije al estar lo bastante cerca. Ya era costumbre para él y madre que me acercase sin que lo notasen, era algo que hacía sin pensarlo.

- ¿Oh, Argimn? - Exclamó al girarse, y agregó - Que extraño es que vengas a verme a la muralla, ¿ocurre algo? -

Le expliqué que nada ocurría, y le comenté sobre la tradición DōngZhì, y como ahora que era un Onmyouji estaba dispuesto a realizarla. Comimos y hablamos un poco los 3, antes de levantarme para retirarme - Por cierto Padre, luego quiero que me entrenes en tu estilo de combate - Neguro Uhai no era ninja, pero la familia Neguro provenía de la antigua Higakure, y poseía un estilo de combate desarrollado por los antiguos mercenarios de Higa, el cual podía ser usado por ninjas y por no-ninjas. Luego de mirarme momentáneamente con una mirada sería, Padre dio un asentimiento positivo con la cabeza y me despidió con la vista antes de volver a su guardia.

De allí, partí al hospital de Konoha donde Madre se encontraba de guardia. Entré y pregunté por ella en la recepción, y se me indicó que se encontraba en su oficina, por lo que me dirigí para allá.

Al llegar a la esquina de la oficina, pude notar por medio de mi sensoria de chakra que Madre no se encontraba sola en la oficina, y que la persona que la acompañaba era a la vez conocida y desagradable para mí. Toqué la puerta y entré quedando a la vista de una reunión familiar del Clan Nara con mi Madre, Nara Mia, y mi tía, Nara Maha.

Pensando que el hecho de que la quien fuese la líder del Clan Nara estuviese en la oficina de mi Madre justamente este momento era voluntad de los grandes espíritus, me resigne a su compañía - Maha-dono, espero que esté bien de salud a pesar de sus desagradables vicios - La saludé con el respeto que su rango merece, pero nada más - Madre, como de seguro no has comido, te traje algo - Normalmente había personal del hospital en la oficina por lo que había traído un bentō adicional para quien estuviese allí, pero como la líder del clan Nara se encontraba dentro, nadie más se acercaría a la oficina, por lo que no me quedaba de otra que entregarle el otro bentō a ella - Maha-dono, ¿gustaría acompañarnos? - El acopio de fuerzas que realicé para decir esas palabras era conocido para las mujeres, por lo que el asombro dibujado en sus rostros era evidente, algo sorprendente ya que nunca revelaban lo que pensaban o sentían.

- ¿Está envenenado? - Preguntó la líder de clan con sorna, claramente era una broma, aunque algo raro entre nosotros.

- ¿A qué se debe la ocasión, Argimn? - Madre inquirió extrañada aún por el desarrollo de los eventos.

Nuevamente expliqué lo de la tradición DōngZhì, y como ahora que era un Onmyouji estaba intentando llevarla a cabo. La comida fue en silencio, aunque no fue tenso al menos, y al terminar hice la pregunta que estaba rondando en mi cabeza todo el rato - Maha-dono, ¿motivos personales para la visita, o es de carácter oficial? - Lo segundo no sería extraño, lo primero si, al menos hasta donde tengo conocimiento… aunque creía recordar que ambas hermanas estaban limando asperezas en los últimos meses.

- Oficiales me temo - Respondió la mujer - Quería que tu madre fuese a revisar a los huérfanos del clan en la casa de acogida, pero me dice que no será posible que ella asista hoy, por lo que evaluábamos quien podría ir -

Los huérfanos eran una de las consecuencias de la situación normal en una aldea ninja, y más en nuestra época de exploración del mundo exterior, la cual se acentuaba aún más con la guerra entre la aldea y los moradores. Cada Clan se encargaba de los suyos, y los Altos Mandos se encargaban de aquellos quienes no pertenecían a uno… o al menos lo hacían en la medida de lo posible.

- ¿Podrías ir tú, Argimn? - Preguntó mi Madre.

Esa pregunta tomó por sorpresa y me dejaba con un conflicto interno. Detestaba la mujer que era la hermana menor de mi madre y más aún detestaba que fuese mi pariente, pero no era correcto para mi dejar que niños huérfanos pagasen la culpa de mi situación familiar. Acepté el ir en lugar de mi madre, y partí con mi tía hasta la casa de acogida en el Distrito Nara.

Luego de terminar de revisar y tratar a los niños, quienes afortunadamente solo requerían cuidados por heridas de niño, me quedé observándolos un rato jugar con la mirada perdida. Mi tía se detuvo a mi lado en algún momento y no lo había notado, lo que me recordó un comentario de mi madre quien recientemente me había dicho que no sabía lo mucho que nos parecíamos. En su momento el comentario me molestó, pero la noche había acentuado en mí una calma y una serenidad que a lo mejor me haría tratar el tema que tanto odiaba, y en el que no podía ser frío y racional.

- Tía, ¿no había otra forma? - El regusto amargo por decir esa palabra en voz alta… pero solo llegó a eso esta noche.

- Tía, ¿eh? - Dijo por lo bajo, con una media sonrisa llena de nostalgia dibujándose en el rostro - Incluso en situaciones como esa, hay quien deba estar dispuesto a ser el mal necesario para el bien mayor - Respondió la aludida después de un rato. Su respuesta me era insuficiente como para poder considerarla como apta, y ella percibiendo eso continuó - Era lo único que podía hacer para proteger a mi hermana. Debes de saber que no odio a tu padre, o a los no combatientes en general. Uhai hizo algo que incluso un ninja dudaría en hacer, y lo hizo para salvar a mi hermana mayor, ¿cómo podría odiarlo? Incluso podría decir que la admiración no sería extraña. Mi postura con los combatientes es que estos no pueden valerse por ellos mismos frente a las amenazas, y es por ello que la aldea debe de pensar más en la vida de los ninjas, lo que es algo lógico. Los no combatientes ayudan con cosas que los ninjas no tienen los efectivos para atender, y es por eso que he intentado que el clan mantenga cierta relaciones con los gremios - Su rostro estoico no demostraba expresión alguna, tan inmutable como las sombras que maneja nuestro clan - E incluso allí, en cosas tan triviales como un acercamiento del clan con los no combatientes, es necesario que exista alguien dispuesto a ser el villano -

La respuesta carente de toda emoción, pero cargada de lógica racional y fría. Desde ese punto de vista era satisfactoria, y sabía que debía de aceptarla, no había nada más que decir o hacer al respecto, pero había algo que debía preguntar.

- ¿Cómo puedes dormir en las noches? - Eran decisiones que muy seguramente le perseguirían… a mí lo harían.

- Puedo agradecerle a alguien por ello… quizá algún día la conozcas, cuando esté segura de que no te matará - Fue la respuesta, de nuevo con sorna en una especie de broma.

Luego de observar un rato más a los niños jugar, partimos de la casa de acogida, tomando cada uno un rumbo distinto.
 

Kaedelol

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Nombre del personaje: Aburame Kaedelol
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Cuento de Navidad:
El mundo es un lugar donde las circunstancias sumadas al azar provocan una serie de sucesos y hechos que determinan un mundo de oportunidades y ocasiones de desarrollo cuasi-infinita. De una adaptación y mejora al entorno trata la historia que es contada generación tras generación a los más jóvenes ninjas del clan Aburame.

Era una noche especial en el año, ya que las futuras promesas del clan Aburame que iban a comenzar sus enseñanzas en la academia ninja todos los años recibían el discurso de un invitado, y en esta ocasión iba a ser el último ninja del clan que había obtenido un ascenso de rango. Así fue como nuestro protagonista, Aburame Kaedelol, se encontraba rodeado de jóvenes en el dojo del clan, rodeado de ellos formaban un círculo perfecto sentados conmigo en medio.
  • Como es tradición y lo ha sido siempre, hoy os contaré los orígenes del clan que os respalda, del clan al que pertenecéis todos y con el que vais a establecer una relación de por vida mientras viváis.
Esperé a que todos estuvieran en silencio para comenzar:
  • Nuestra villa se ha enfrentado a diferentes amenazas a lo largo de los siglos. Hay registros antiguos de civilizaciones anteriores a nosotros, cuando el País del Fuego era un territorio libre de la niebla y los mutantes, que hablan de los orígenes de la primera villa de la Hoja.
Mis palabras comenzarían a dibujar en los oídos de los jóvenes un paraje que era descrito en los documentos antiguos de la biblioteca. El clan Aburame no siempre había gozado de la reputación que actualmente tenía, en una época pasada el clan era despreciado y desvirtuado al no poseer un rasgo sanguíneo específico, resultando en ninjas que basaban su poder en taijutsu y ninjutsu. Eso llevó al clan al borde la extinción en la continua lucha de clanes de la época.

Es por eso que, un miembro del clan que se había dedicado a estudiar la fauna y la flora del país del fuego encontró un tipo de insecto que era atraído por el chakra
. En ese momento comenzaría a invocar a un enjambre que salió de mi brazo y comenzó a volar detrás de mí. Les señalé y dije: Aunque ahora no os den miedo, en aquella época estos insectos vivían en enjambres salvajes y atacaban a cualquier fuente de chakra que se pusiera en su camino. Ese investigador comenzó a tomar muestras de insectos salvajes y les ofreció su propio cuerpo como recipiente para poder domesticarlos.

Pretendía atraer la atención de los jóvenes y esparcí el enjambre para que pudieran tocar con sus propias manos los insectos y acostumbrarse a ellos. Desde ese día, los miembros del clan empezaron a imitalo y todos comenzaron a domar insectos a través de un pacto, donde con el control de chakra forzarían la reproducción de los insectos y serían capaces de controlar los enjambres a su voluntad a cambio del alimento. Eso hizo que nuestro clan recobrase algo de poder y se convirtiera en un terrible enemigo, permitiéndonos robar el chakra de nuestros enemigos sin necesidad siquiera de tocarlos.

Mientras contaba eso, comencé a invocar otros 8 enjambres y la sala se comenzaría a llenar de insectos en su totalidad, comenzando a opacar las luces incluso. Tras eso, les prestaría mi chakra para que comenzasen todos a volar y girar formando una tormenta de insectos dentro del dojo:
  • PERO NO PODEÍS OLVIDAR EL POTENCIAL PELIGRO QUE SUPONE QUE ESTOS INSECTOS RESIDAN EN NUESTRO CUERPO, OTRAS TRIBUS O CLANES QUE DOMABAN INSECTOS DE CHAKRA ACABARON DEBORADOS POR SUS PROPIOS INSECTOS CUANDO ÉSTOS NOS VEN DÉBILES.
Mis palabras pretendían amedrentar y asustar a los niños, y conforme terminaba mis palabras iba recogiendo los enjambres dentro de mi cuerpo hasta dejar un único enjambre que se mantendría volando a mi alrededor:
  • Al final, sólo nos queda respetar a estos insectos y agradecerles el hecho de habernos permitido superar la extinción como clan. Son nuestra salvación, pero también pueden ser vuestra perdición. Hoy todos vosotros firmaréis vuestro pacto con los insectos y se os otorgará una pareja de insectos que debéis intentar alimentar y generar vuestro primer enjambre.
Al terminar, los ancianos abrieron las puertas y pasaron cada uno para tomar a los jóvenes y otorgarles sus primeros insectos. Esperaba que la charla de motivación les mostrase la importancia de mantener un equilibrio siempre con los enjambres, así como enseñarles un nivel de dominio al que aspirar. Siempre era un honor atender a las nuevas generaciones.
 

Spudermon

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  • Nombre del Personaje: Akimichi Spuder
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  • Cuento de Navidad
En el trabajo de mensajero veía muchos paquetes. Grandes, pequeños. Antigüedades, tecnología. La gente se alegraba no importaba el paquete. -No está pagado, que alegría.-

Todo iba genial, sin embargo todo se torció la noche del 24. Ese noche un cuervo tocó mi ventana mientras cenaba con mi pijama rojo de invierno. En su pata traía un mensaje. -Spuder necesitamos tu ayuda, el repartidor se ha puesto enfermo y hay gente que necesita sus paquetes para mañana.-

El mensaje clamaba auxilio, la gente de la villa necesitaba ayuda, mantener su felicidad era parte de mi trabajo como defensor de Konoha. Sin planteármelo dos veces salí por la ventana rumbo al almacén.

Al llegar el encargado me alarmó. -Spuder, ¿qué haces en pijama? Toma cúbrete.- Se le ocurrió la genial idea de cubrir mi identidad para que no pasara vergüenza. con una barba postiza y un sombrero rojo cubrí mi rostro. -Le entregaré a todos sus regalos, no me importa ir hecho un tipo raro si no me reconocen. Jaja...Cof, cof jo,jo. Perdón se ve que he cogido frío, jojojo.- Tenía algo de frío por lo que decidí hacer gala de mi Baika no jutsu para resguardarme un poco. Ahora con el pijama rojo, el disfraz y la barriga me encontraba listo para el reparto.

Esa noche cargué todo en un gran saco y repartí los paquetes en la ventana de cada ciudadano de la villa que aún esperaba lo suyo. Gracias a esto pude ver de forma discreta las vidas que tanto luchaba por cuidar. En unos hogares las familias se reunían en torno a grandes mesas repletas de comida. -Espero que gasten todas esas calorías o se van a poner gorditos- Una pequeña risa se me escapó. -jojojo- La cual alarmó de mi presencia e hizo que recogieran su envío, por mi parte como no quería parecer un mirón hui sin dar explicaciones.

En otro hogar pude ver a un solitario borracho tirado entre botellas. -Pobre hombre.- No pude evitar entrar y ayudarle. -No te preocupes, no estás solo.- Le dije con serenidad. -¿Eres tú papá?- Me preguntó medio dormido. Le dejé en su cama sin saber muy bien que responder. -No... soy... él.- Le dejé el paquete a los pies de su cama y me fui.

Un pensamiento rondaba mi cabeza aquella noche. -La gente es frágil y tienen suficientes problemas en su vida como para pensar más allá de Konoha. Tal vez incluso tengas muros mayores en su cabeza. Debo hacer lo que pueda por echarlos abajo todos...-

Así seguí la noche, de casa en casa repartiendo pequeños pedazos de felicidad y ayudando en lo que pudiera a quien lo necesitara. Para la mañana del 25 ya habría acabado y todos podrían disfrutar de un gran día.

En las calles un rumor comenzó a extenderse. Un hombre gordito y con barba que iba de rojo se dedicó a repartir regalos y cuidar de los ciudadanos. Le llamaban Papá Nosoiel y así nació una nueva leyenda.
 
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_cassiel_

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  • Nombre del Personaje: Eiji Ryuuji
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  • Cuento de Navidad:
    Esta época del año era una bastante ajetreada, la cantidad de gente en las calles hacía que rehuyera de estas y optara por los tejados de la villa para desplazarme. Desde las alturas, atestiguaba los movimientos de la gente debajo, eran como hormigas, una detrás de otra, en una gran peregrinación por el presente indicado. Para mi un día más, para otros, una oportunidad de demostrar su afecto a costa de trivialidades.

    Una historia. —repetía; era una extraña solicitud. —Te contaré el porqué de mi interés en el ninjutsu médico. —continuaría, ya decidido. Luego de una pausa llena de recuerdos nostálgicos, inicie la narración.

    Mi entrenamiento comenzó desde que tengo la capacidad de recordar, no me extrañaría que fuese desde el día que pude caminar por mí mismo inclusive. Los conceptos básicos del taijutsu fueron gravados a fuego, tanto en mi cuerpo como en mi mente. No había descanso o pausa en mi rutina. Mis puños se mantenían rotos y sangrantes, todo el tiempo, al igual que mis piernas por golpear troncos más anchos que mi propio cuerpo. Vivía a la intemperie, todavía no me ganaba mi lugar dentro de la destartalada mansión.

    Un tiempo en donde el dolor era lo único que me mantenía consciente, vivo.

    Un día, cuando ya no podía mantenerme en pie. La vi por el rabillo del ojo, cruzamos miradas por un instante. Era una chica algo más grande que yo, pero una niña, al fin y al cabo, hacía frío, me di cuenta por su vestimenta. Mi cuerpo ya no sentía nada. Ocultaba su rostro bajo un gran sombrero que la protegía del clima. Olvide su rostro hace mucho, pero recuerdo sus aretes. Eran como luciérnagas.


    No había compasión, tristeza o cualquier otra emoción en su mirada, pero sentía que sus ojos vacíos reafirmaban mi existencia.

    Mi parpados pesaban, no había podido dormir por varias noches debido a que mi cuerpo no dejaba de temblar. Cerré los ojos por un instante y al abrirlos ya no estaba, me convencí a mi mismo que no era real. Y así se mantuvo hasta el mes siguiente.

    La vi nuevamente, había salido del bosque y acercado hasta la mansión, estaba herida, arrastraba una pierna y gotas de sangre caían de su brazo izquierdo. Esta vez no se detuvo, y nuestras miradas no se cruzaron. No había emoción en su rostro. Era la primera vez que sentía que no estaba solo.

    Mis piernas habían ganada dureza, y mis puños dejaron de sangrar, pero, aun así, continuaría golpeando el tronco. No importa nada, era todo lo que conocía. Volví a verla, tres meses después, esta vez su brazo izquierdo colgaba de forma antinatural en un costado. Había perdido un ojo en algún momento, pero el semblante en su rostro era el mismo, inexpresivo, no había señales de dolor o cualquier otra emoción.

    Y así siguió hasta que todo un año pasara, la mujer había aparecido un par de veces y todas aquellas veces su cuerpo volvía cada vez más malherido. Había perdido un brazo en el transcurso, pero seguía desapareciendo y volviendo a aparecer.

    Hasta que un día, no volvió más. ‘Otro fracaso’ había oído decir al idiota de Musashi. Ese día volví a romper mis puños y mis piernas contra el desgastado tronco, lo golpe hasta perder la sensibilidad de mis extremidades. No entendía que me pasaba, no quería voltear la mirada, no habría nadie por el rabillo del ojo esta vez. Si no podía golpear el tronco con mis extremidades, lo haría con mi frente. Volvía a estar solo, así había sido siempre y así sería hasta el final.


    JAJAJAJAAJAJAJA. —era débil, yo no lo sería. Mis heridas no me llevarían a la muerte. Lo juré.

    Perdería la consciencia al poco tiempo, había golpeado el tronco hasta que mi frente sangrara. Y esa noche, sería la última vez que la vi, tocaba una flauta, una melodía que no entendía. Nuestras miradas no se volverían a encontrar.


    Lo último puede que lo haya inventado, ya no lo recuerdo bien.
    —me mantendría silente por un momento. Meditabundo. —La llamé Hotaru. —finalicé mirando al firmamento.
 
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