[Rel Libres] La fiesta de mediados de verano

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JimmyMcNulty

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Unida a una relativamente moderna tradición de Tsukigakure (se dice que Orihime decidió dar una fiesta sorpresa a Hikikoboshi para celebrar su futura boda, aunque esto es, claramente, falso), la fiesta de mediados de verano se viene celebrando desde hace unos cuantos años (entre 10 y 15 a lo sumo, siendo a veces interrumpida por culpa de la guerra contra Fubukigakure). Decenas de puestos de comida, tómbolas y bisutería y objetos varios se agrupan en las calles de Tsukigakure, ofreciendo diversión y gasto a los habitantes de Tsukigakure a partes iguales. No hay nadie que se libre de la fiebre consumista en esos días, pero para paliar eso, las autoridades pertinentes decidieron celebrar cada año un festival de fuegos artificiales que paliara el daño en el alma en ese aspecto:


El ruido es atronador, pero la fascinación que suscita este espectáculo es apabullante, e ideal para una cita amorosa...

Ya que el tema del Pináculo de la Cascada Sonriente se ha transformado en Minimisión, abro este otro para paliar la falta de un Relaciones LIbres.

Podéis postear libremente aquí.
 
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Vaya... En verdad que los fuegos artificiales eran realmente hermosos en esa ocasión, de verdad casi hacían olvidar los destrozos materiales y emocionales que había dejado la guerra. Era momento de festejar y disfrutar en paz. Que palabra más bella y sinónimo de tranquilidad, algo de lo cual yo disfrutaba mucho. Veía cómo las majestuosas explosiones de colores iluminaban el cielo nocturno de Tsukigakure. Mientras entraba observaba todos esos puestos iluminados y mucha gente sonriente caminado en un vaivén de felicidad.

"Crrrggg". Resonó mi estómago implorándome un poco de comida. -Vaya... Creo que tengo algo de hambre.- Me dije con una sonrisa de vergüenza mientras tomaba mi cabeza. Pero sin duda era mi día de suerte, si en algún lugar ese día había comida deliciosa era justamente allí. Razón por la cual no dudé ni un minuto más y me dispuse a adentrarme en los corredores. En ambos costados había puestos, aunque no todos eran de comida, sí que la mayoría lo eran. Estaba contento.

Entonces llegué a un puesto en donde sus letreros indicaban que vendían "Kakigōri". -Genial, en verdad estoy de suerte.- Exclamé con una sonrisa sin importar si los encargados o los allí cercanos me escuchaban. -Disculpe, me podría dar un sabor grosella,por favor.- Solicité al encargado. -¡Gracias!- Finalicé mientras se me hacía agua en la boca. Seguro que de momento eso calmaría un poco mi hambre. Había mucha noche para festejar.


De ese modo, me alejé y comencé a caminar observando si por allí me encontraba a alguien conocido. Ojalá y sí, esperaba que mi suerte siguiese conmigo. ¿Quién sabe? Tal vez podría conocer a un nuevo amigo por allí.​
 

JimmyMcNulty

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Posteo como Sayo

Andaba en solitario por las calles de la gran urbe que era Tsukigakure. Mi antiguo sensei me había comentado en mis primeros años que vivi, que la ciudad de la luna era asombrosa, que tenía muchos monumentos y lugares para descubrir y no se equivocaba en lo absoluto. Había visitado ya la biblioteca, leído un montón (sobre todo, cómics del Yon Tokusentai), ido al edificio de cristal, al cual no me atrevi a pasar, e incluso hecho un poco ejercicio en el Jobu, sobre todo cardio.

Pero aquella fiesta me sobrepasaba. Había de todo, todo lo que yo quería y ansiaba. Vi pescados y a niños intentando pescarlos con una especie de aretes de papel, vi puestos de comida con mucha carne (no la que me gustaba a mí) y macetas humanas rondando por aquí y por allá, disfrutando del momento... Entonces vi la guía turística de Tsukigakure que llevaba encima y que había comprado unos días atrás y vi que allí estaba: la fiesta de mediados del verano. Un tal Raigen, que era héroe en la guerra y usaba salamandras y raiton, la había inventado y patentado, y mucha gente fue sumándose a la fiesta, hasta que al final a la Niidaime Tsukikage, Baavia Kuhato, no tuvo más remedio que oficializarla. Bien por ella y por los que festejaban.

Vi a un chico pidiendo algo, agua congelada con sirope de frutas...

"¡Frutas, carne...! ¡YO QUIERO!", pensé, sin más.

Entonces me acerqué al chico y le pregunté, curiosa:

-¿Eres nuevo en Tsukigakure? ¿Qué es eso que has pedido? ¡¡¡Parece estar muy rico!!!

[/color]
 
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Y allí me encontraba, bajo la bóveda celeste de Tsukikagure. Por un momento, al ver todas esas estrellas azules y rojas tintinear en lo más alto del cielo, lograron ponerme un poco nostálgico, aquella estrella roja que brillaba en lo alto... Antares. Una vieja estrella que en algunos millones de años se extinguiría me hacía recordar su cabello, el cabello de la mujer que me enamoró hacía ya mucho tiempo. -Vaya... Sin tan solo no lo hubiese a...- De golpe, no alcancé a terminar mi reflexión. Menos mal.

Su voz por un momento me pareció algo conocida, como que la había escuchado previamente ya en otro lugar, sin embargo no lograba recordar quién era y mucho menos por el aspecto que tenía. Era una persona que básicamente iba toda cubierta, lo que me hacía más complicado aún el saber quién estaba detrás de tanto ropaje. Empero, su vehemencia junto al tono de su voz me hacía pensar que sin lugar a dudas en algún lugar previamente mínimo la había escuchado. Pero en fin, igual las voces se pueden llegar a confundir.

Sin embargo, lo que más gracia me causó fue que preguntó por mi Kakigōri con mucha intriga.

-¿Ah? ¿Yo?- ¿Contesté?, a sus abrumantes preguntas. -En realidad yo soy de Reigakure, pero vine a disfrutar de la fiesta tradicional de Tsukigakure.- Finalicé, para dar una pequeña pausa. -¿Y tú, de dónde eres? ¿Eres de aquí? Por cierto... Tu tono de voz, se me ha hecho familiar.- Dije con una pequeña sonrisa en labios. -Perdón, qué tonto... No me he presentado, me llamo Ketsuke Kuro.- Extendí mi mano para ofrecérsela en señal de amistad.

-Veo que te gusta en Kakigōri... ¿Quieres que vayamos por uno?- De esa forma, la o lo invitaría al puesto al cual previamente había ido. Parecía una persona agradable, ojalá pudiera conocerla o conocerlo mucho mejor.​
 

daNin

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Hasta las puertas de la ciudad con Zerion Reiden.
Ashini nos había traido gran parte del camino hasta aquí bien fuera por el camino cuando el tránsito de este lo permitia como campo a traves, lo cual tenía sus conseciencias medioambitales por la fuerza y rapidez de mi invocación, pero no me impedía aferrarme con fuerza a sus piernas y tocar animadas melodías con la flauta.
Cuando ya quedaba menos de un kilometro y la carretas a la ciudad eran ya una constante, deshice a la invocación e hicimos la última parte a pie o saltando de tronco en tronco y cotilleando a los presentes: - Todos esos turistas también van a la ciudad Zerion. Tsukigakure recibe visitas todo el año, pero en fiestas su numero se dispara. Le mencioné más por enfocar la conversación que esperando aportarle conocimiento nuevo.
- ¿Y que hay de tu clan, les permites cogerse todas las fiestas o solo dias señalados? Nunca te he preguntado como de estricto eres con ellos. Le sonreí con mi inocencia habitual. - Los kagemusha como ya sabrás nos apuntamos a todos los eventos. Son tan enormemente curiosos como aburridos. Aunque es probable que las nuevas generaciones rompan esa maldición, puedo ser una pésima influencia cuando me lo propongo Le reconocí, de haberme criado entre ellos probablemente fuera mucho más retraida y pasiva, era lo poco de los Kurasawa que debía reconocer que habían hecho bien conmigo, aunque la vida me había enseñado mucho más que aquellos que me dejaron crecer hasta los 8 años.
 

Kashi

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Solo, como loco malo (?)
Las noches en Tsukigakure suelen ser por lo general muy tranquilas y calladas. Eso, al menos, es lo usual pese a que se trata de una urbe populosa y la "capital", por decirlo de cierta forma, del País de los Astros. Claro, hay que tener en cuenta que las noches es cuando no hay nadie dando vueltas y que es durante el dia donde mayormente se nota el movimiento de las personas en su ir y venir constante y sin fin.

Pero ahora no es de día y hay mucho ruido en el lugar. ¿La razón? Un festival que la verdad es bastante nuevo y que, a nivel de tradición, apenas y gracias si tiene un par de años de vida, pero que si su existencia sigue en pie es porque otorga un gran aumento en el caudal económico recaudado por la aldea. Yo no le veo mucho sentido, pero si vamos al caso siempre estoy cuestionando todo lo que existe a mi alrededor por la mera razón de que siempre hay demasiadas coincidencias imprevistas que casi y hacen pensar que en este universo todos nos guiamos por una lógica narrativa que existe solo en una historia.

Será que muchos piensan que soy bastante antipático por ser como soy, pero me gusta mi tranquilidad y, ahora mismo, la estoy disfrutando en un banco aledaño a los puestos menos frecuentados del festival, lo cual no es decir mucho considerando que hay bastante mas personas de las que me esperaba, pero si quiero tener algo de comida del lugar tengo que enfrentarme a las masas por mas que me resulte repulsiva la idea.

-Hmmm... Demasiado barullo...-Musité en voz baja, con un palillo que previamente habia estado pinchando unos dangos siendo mordido por mis dientes, ajustando el volumen de mi teléfono móvil para que la canción que estaba escuchando sonase con mas fuerza, de un género que por lo usual no suelo escuchar pero que en estos momentos me urgía la necesidad. Curioso-Lo bueno es que no voy a encontrarme con nadie que me conozca. Y si alguien me conoce, creo que puedo hacer como que no le conozco.

[bbvideo=560,315]https://www.youtube.com/watch?v=ifs4zmWD3ms[/bbvideo]
 

Sigma.

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Por los puestos - Cerca de Ketsuke y Sayo
- …Y bien, Yume-chan, ¿qué quieres hacer ahora?

- ¿Puedo elegir lo que quiera, Onii-chan?

- Por supuesto que sí.

- ¿Enseriooo~? ¡Entonces quiero ir a los puestos! ¡Wiiii~!

Haciendo con sus bracitos las veces de alas, Yume correteó jugando a su alrededor durante todo el camino mientras Hiei se limitaba a seguirle el paso, en serena contemplación y feliz de haber tenido la idea de traerla a conocer el festival. Después de todo era la primera vez para ambos: él por nunca haber asistido, y ella por haberse mudado recientemente a Tsukigakure.

Yume estaba encantada: todo le parecía fascinante, curioso, divertido, o una combinación de las tres; y él, por su parte, estaba encantado que a Yume le encantara todo. Realmente se había tomado muy enserio su voto de protección con aquella chiquilla, y haría todo lo que pudiera para verla sonreír.

- ¡Onii-chan, Onii-chan! ¿¡Qué es eso!? ¡Quiero, quiero!

Su rayito de sol particular le tomaba del borde de la túnica para señalarle un puesto de comida que le había llamado la atención. Ante una rápida inspección notó que era el puesto de takoyaki, y pudo intuir que era la primera vez que Yume se cruzaba con aquel aperitivo.

- Jejeje, eso se llama “takoyaki”, Yume-chan. Son bolitas de algún tipo de carne envueltas en masa, cocidas y luego servidas con salsa. ¿Quieres probarlas? Estoy seguro que te gustarán.

- ¡Sí! ¡Quiero, quiero! - Repitió muy entusiasmada, al punto que sus ojitos parecían brillar como estrellas.

Hiei le sonrió y se acercó al vendedor, pidiéndole una porción de las clásicas con relleno de pulpo. Una vez listas, volvió con Yume y le entregó una en un palillo, no sin antes decirle que la soplara un poco por lo calientes que estaban.

La chiquilla hizo como le recomendó y luego se la llevó a la boca. Pasaron tres… cuatro… cinco segundos, en donde lo único a lo que el monje prestó atención era la niña degustando el plato, hasta que finalmente acabó de masticar aquella primera y tragó.

- ¡Waaaaaaaaaah~! ¡Onii-chan, son súper ricas! ¡Me encantan! ¡Quiero más!

- Son todas tuyas. Las compré para ti. Si quieres puedes darte una panzada, ¿recuerdas eso?

- ¿¡Enseriooo~!? ¡Siiiií~! ¡Quiero darme una panzada, Onii-chan!

Su sonrisa brillaba y le iluminaba el rostro como mil soles, sentimiento que le hacía rebozar de felicidad. En aquél instante sintió como si su alma hubiese sido tocada por aquél ángel en miniatura, llenándolo completamente.

Una pequeña lagrimilla cayó desde la comisura de su ojo; le era tan imposible contener tanta emoción que se rebalsaba en forma de gotas.
 

Lergand

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El camino sobre la invocación de Sakura, aunque no fuera especialmente cómoda, era realmente rápida. Además, se ahorraban un buen tramo de cansada carrera. Cuando ya quedaba poco decidieron seguir el camino a pie. Quizás por temor a llevarse por delante a alguno de los turistas que iban de camino a Tsukigakure para el festival, al igual que ellos.

El camino a pie fue agradable y animado. Había gente por todas partes pululando. Además, la expansión de Luna tras la guerra extramuro hacía que la gente pasara parte del camino más seguros que si se internaran directamente en el bosque nada más salir del resguardo de los muros de la villa.

Sakura aprovechó el paseo para preguntar a Zerion sobre el clan y la administración que hacía como líder. El genin, modesto, habló en un tono amistoso pero algo esquivo.

-La asignación de misiones van a cargo de la Tsukikage, ya lo sabes. O bien por el Consejo de Acero –la pelirroja, además, quería saber si era muy estricto a la cabeza de los Reiden-. Sakura, hace ya muchos años que nos conocemos. Creo que de sobra sabes la respuesta a tu pregunta.

La propia kunoichi había descubierto que su clan estaba vivo, no hacía mucho. Se había reencontrado con él, y a Zerion le constaba que se habían unido a la fuerza militar de Luna no hacía mucho.

-Es cierto, me enteré que llegaron no hace mucho a la villa. ¿Puede ser? –hizo una pausa, pensativo-. Creo que sería genial que nuestros clanes se hicieran amigos, ¿no crees? –le preguntó con una sonrisa en la cara.

En cuanto atravesaron las puertas de la villa, el genin se entusiasmó mucho por el ambiente. Le inundaban los recuerdos de hacía siete u ocho años, cuando vio su primer festival.

-Me apetece un helado –se giró hacia Sakura, interrogante. Si quería acompañarlo era libre de hacerlo. Sino, iría a por él y daría una vuelta, para ver si encontraba a alguien conocido… Quizás a Ayame.
 

Numa

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No era la primera fiesta de mediados de verano que Iori pasaba en Tsukigakure, estaba tan perdida en sus pensamientos que tuvo que hacer cuentas de en cuantas había estado si hacían una por año, al final no dio con la respuesta y solo pudo pensar que habían sido un par de años. En ese momento descansaba en unas mesas acondicionadas para la gente que comprara comida en los puestos de la zona.

Ese día tenía un trabajo en un restaurante pero por suerte la cantidad de clientes había disminuido lo suficiente para tomar su hora de comida. Miraba al cielo prenderse de colores con los fuegos artificiales, eran tan hermosos que la hacían olvidarse a ratos de sus preocupaciones pero luego recordó la fiesta anterior, había estado trabajando. ¿Y la anterior a esa? Más de lo mismo, y luego se dio cuenta de que cada una de ellas había estado trabajando. ¿Y para qué? No estaba ni siquiera más cerca de volver a la normalidad, no estaba cerca de su familia y no estaba cerca del poder que esperaba tener para ese momento. Mientras miraba su plato de comida unas gotas cayeron, volteó alrededor pero no parecía haber lluvia, hizo su plato a un lado y recargó su cabeza en la palma de su mano para luego soltar un suspiro.

Su situación era mala, la mayor parte de su dinero se iba en pagarle al investigador para dar con la persona que podía volverlo a la normalidad pero por otro lado no le daba resultados y lo único que le permitía vivir decentemente eran la cantidad de oportunidades que le ofrecían siendo una chica, aún si algunas implicaban poner a un lado su orgullo de hombre sobre todo por los uniformes. Como el que usaba en ese momento, no era el primero y no era el peor pero era tan humillante que ni siquiera llevaba puestos sus brazaletes por miedo a transformarse con él puesto.

-Tengo que dejar este trabajo-
-No puedes dejarlo. ¿Es que piensas dejar de comer?-
-Al diablo con eso, lo dejaré y punto-
-No puedes dejarlo, piensa en lo mal que lo pasarán con tanta gente sin tú ayuda-
-…Terminaré este trabajo pero no tomaré más-


Suspiró nuevamente al acabar su charla consigo mismo, pronto alguien más la llamaría, su estómago comenzó a rugir y entonces secó sus ojos para luego acercar su comida nuevamente, en su interior deseaba tener una cita para poder comer todo lo que quisiera. Comenzó a comer nuevamente resignada mirando el espectáculo aunque esta vez había tomado una decisión para cambiar su vida.
 
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Justo nos disponíamos a ir por el Kakigōri, pero al darme la vuelta me percaté que había mucha gente, fue algo que de momento me sorprendió en demasía. -Vaya... ¿Desde hace cuándo se lleno este lugar?- En parte era bonito ver tantas sonrisas caminar por aquí y por allá, pero también por un momento me "engenté". Muchos señores, señoras, padres y sus hijos tan pequeños... Era sin duda una noche que valía la pena recordar.

Justo pensaba eso cuando a lo lejos observé a una chica que tenía el cabello realmente bonito, sin duda resaltaba del resto de personas que había allí. Qué tonto, ni siquiera me había percatado, pero la había visto por tanto tiempo que posiblemente había notado mi mirada en ella. No es que fuera inquisidora o morbosa, solo era una mirada de sorpresa. Y justo pensaba eso cuando...

¡Pum!

Choqué contra una niña de cabello castaño, tirando lo que parecía su Takoyaki. -Oh... Lo siento, en verdad lo siento.- El momento fue tan incómodo que ya no supe más que hacer en ese momento.Solo esperaba no ver sus lagrimas caer por sus mejillas.​
 

martinilimon

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Un oscuro infierno de soledad
Había terminado el verano, o quizás era más correcto decir que habían terminado mis vacaciones de verano junto al mar. Pero aquello no significaba el final del buen tiempo, sino el inicio de las fiestas estivales. Había una en especial, a la cual jamás había asistido, que tenía interés en visitar.

- Agg!. - Estaba en mi habitación, con el armario abierto, sin saber exactamente que lucir. Seguía haciendo claro, y no tenía claro hasta que punto aquello era una celebración formal. - Me pondré esto, no es ni muy casual, ni muy formal. ¿Porqué hablo sola?. - Ya había decidido que ponerme. Cogí un pequeño bolso, donde guardar las cosas que necesitaría y salí.


No fue difícil encontrar el lugar al que me dirigía, pues los fuegos artificiales ya habían empezado y solo tenía que llegar hasta ellos. Al llegar me encontré con todo tipo de puestos. "Quizás primero debería dar una vuelta y verlo todo, antes de pararme de un sitio concreto " . -Era demasiado curiosa como para apalancarme en el primer sitio que encontrase.

Tras unos minutos andando por allí, caí en que tampoco había quedado con nadie, y tampoco pensaba en cruzarmelos por casualidad. De modo que no debería tardar mucho en volver a casa. Pensando aquello, vi como a escasos dos metros de mi, un tipo grande chocaba con una niña pequeña, haciéndole que tirase su comida. - ¡Eh!. - Parecía que este le había dicho algo, pero el ruido de la gente no me había permitido escucharlo. - ¿Te encuentras bien? - Le pregunté a la pequeña mientras sacaba una toallita del bolso y se la daba, para que pudiese limpiarse los restos de comida. Me volví hacia el tipo y me encaré con él. Me puse de puntillas, pues era algo más alto que yo, y fije mi mirada con la suya mientras ponía mis brazos en jarra sobre mi cintura. - Supongo que ya te has ofrecido para comprarle otro, ¿verdad? - Aquello no podía considerarse una amenaza, y aunque no le tenía miedo, si podía notar una mirada fría en sus ojos. " Que tío más raro"



FDI: Pos ya he llegao :roflmao:
 

Sigma.

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Por los puestos – Con Ketsuke, Asuka (y quizá Sayo e Iori)
Catástrofe.

Yume se encontraba súper animada comiendo los takoyaki, regocijándose en el sabor mientras los masticaba con un gesto de felicidad suprema en su tierna carita infantil… hasta que un transeúnte fue y chocó con ella, tirando toda la bandeja de aperitivos en el proceso.

- Auauaua… - Fue lo único que atinó a decir mientras todavía se frotaba la cabecita por la dureza del golpe, mientras Hiei prácticamente voló a su lado con un rostro de susto tremendo.

- ¡Yume-chan! ¿¡Estás bien!?

- Uuuuuhhhh~… Onii-chan, los takoyaki~… - Lágrimas aparecieron silenciosamente en las comisuras de sus ojitos, empañando la brillantez que antes habían tenido.

Justo en aquél momento una chica apareció y, tras asegurarse de que Yume se encontraba bien (la chiquilla apenas dio un cabeceo afirmativo), increpó sin ningún miramiento al perpetrador del accidente. Fue recién en aquél momento que Hiei puso real atención en el sujeto para ver de quién se trataba.

Resultaba que lo conocía; del incidente del Pináculo de la Cascada Sonriente, nada menos: era quien había salido a buscar a las dos kunoichis junto a él desde el primerísimo momento.

- Ketsuke, si mal no recuerdo… - La pausa fue inconsciente, pero le dio más dramatismo a lo que dijo a continuación. - Y tan bien que me habías caído cuando el incidente del “Pináculo”… Ya estás como para hacer caso a la sugerencia de la señorita, ¿verdad? - Dijo, cruzándose de brazos mientras hacía énfasis en la última palabra con un tono especial.

La intención era clara: más le valía ir a comprarle una nueva porción de las bolitas a Yume, o habría severas represalias.

Una vez habiendo dicho aquello se agachó nuevamente y alzó a Yume en un gran abrazo protector, haciendo círculos en su espaldita con su palma y arrullándola acogedoramente para que se tranquilizara:

- Ya, ya, no pasa nada Yume-chan, no tienes que preocuparte por nada; la persona que hizo esto va a enmendar su error y te va a comprar todos los takoyakis que quieras…

Una vez Ketsuke se hubiera ido a conseguir nuevamente el plato de aperitivos, encararía a la muchacha que se había acercado:

- Gracias por eso. No estoy… seguro… de cómo hubiera reaccionado, y tu intervención hizo que pudiera seguir la corriente mucho más fácilmente. Soy Hiei, y ella es Yume-chan.

- Hola, Onee-chan…
 
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En realidad seguía muy apenado por lo que había sucedido con la pequeña chica, pero sinceramente no la había visto, lo que no me exentaba del accidente que había provocado por mi descuido. Sin embargo y antes de poder seguir excusándome con la pequeña niña de cabello castaño llegó otra chica que portaba un par de trenzas a lo largo de su torso. Vaya... Después de que me encarara, en realidad sentí que había cometido todo un alboroto allí.

-Efectivamente, soy Ketsuke Kuro.- Realicé una pequeña reverencia en señal de disculpa tanto para Hiei, como para ambas chicas. -Si me permiten, iré por los Takoyaki.- Me puse en camino para ir a comprar unos nuevos para que la niña, cuyo nombre era Yume, no tardé más de lo normal y al llegar pude ofrecerlos de nuevo. -Mira, aquí tienes pequeña Yume.- Dije con una sonrisa tranquila en mi rostro. -De verdad discúlpame, en verdad no fue mi intención. Dime... Además de los Takoyaki, ¿te gustan los fuegos artificiales? Si quieres más tarde te puedo mostrar algo mucho mejor que eso, ¿sí? Le dije sonriendo.

Acto seguido me dirigí hacia el chico. -Hiei, lo siento, fue un incidente, pero si gustas podemos andar un rato juntos, le prometí algo a Yume. ¿Te parece?- Sostuve ya un poco más serio. En cuanto a la chica que valientemente me había encarado. -De verdad te agradezco que trajeras un pañuelo contigo, estoy muy agradecido. Perdón por la molestia. Dije un poco aturdido por todo lo que había pasado. -Y... ¿cómo te llamas?- Finalicé tranquilo.​
 

Numa

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Su mente comenzaba a volver a serenarse casi como de costumbre aunque había algo que le incomodaba, una mirada insistente sobre él, o más bien sobre ella, desde hace tiempo se había enterado de que su cuerpo femenino era mucho más llamativo que su cuerpo normal. Trató de cubrirse con una mano ante esa mirada mientras con la otra terminaba de comer, no podía hacer nada más que resignarse, en ocasiones volteaba para asegurarse de que retirara su vista pero se dio un accidente y antes de que pudiera hacer nada por la pequeña niña involucrada una figura familiar se mostró a su rescate. Iori observaba la escena con algo de fascinación en su rostro, sin duda las chicas eran actuaban de una forma tan distinta a él, tan cariñosa, tan maternal.

Estuvo todo el tiempo viendo a lo lejos tratando de adivinar lo que pasaba, la molestia en los afectados, Asuka regañando al chico y por ultimo este tratando de reparar los daños. Terminó de comer y dispuso de la basura generada para luego acercarse al grupo, ahora más que nunca necesitaba un amigo y la castaña era lo más cercano a eso. Caminó lentamente hacía el grupo hasta estar a un brazo de distancia, pensó en hablar pero decidió animarse a otra cosa, acercó su mano hasta el hombro de la joven y dio un pequeño toque con sus dedos, algo tan simple pero que para Iori era un gran avance ya que lo había hecho casi sin dificultad. –Hola Asuka, tiempo sin vernos. Mucho gusto soy Iori Ryusei- Terminó por presentarse ante los demás, incluso se animó a sonreír aun cuando aquel tipo de la mirada estaba entre ellos.
 

martinilimon

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Un oscuro infierno de soledad
-¿Eh? - Había sido demasiado imprudente. Aquella niña no estaba sola, y seguramente no necesitaba mi ayuda. "Bueno, ya estoy aquí, y no me siento mal por ayudarla". - Pero estaba segura de que mi intervención había terminado por convencer al tipo de comprar lo derramado. Mientras el chico se marchó, me quedé con el acompañante y la pequeña niña, la cual seguía derramando algunas lágrimas. La chica había sido alzada en el aire, para después dejarla nuevamente en el suelo por el chico que la acompañaba. No dije nada de todo aquello, solo me limité a mirar, hasta que me hablaron.

- Encantada de conoceros, yo me llamo Asuka. - Les dediqué una sonrisa y un gesto cómplice a la pequeña cuando me llamó hermana, antes de dirigirme al mayor y responder sus palabras. - No tienes porque darme las gracias, en realidad me disculpo. Soy demasiado impulsiva, ni siquiera he visto que iba acompañada, cuando veo estas cosas... bueno, me alegro que todo este bien. - No tenía nada más que hacer allí, y más cuando el agresor había vuelto con la comida.

- Siempre lo llevo. - Respondí a lo del pañuelo. No era tan amable con él como con los primeros. No tan expresiva al menos. - Emm, Asuka. - Dije sin demasiado entusiasmo, no me gustaba repetirme. Fue entonces cuando noté la mano de alguien sobre mi hombro. Arrugué el entrecejo y me preparé para darle un bofetón a la persona en cuestión, sin embargo todo cambió al ver de quien se trataba.

- ¡Iori!. - La cogí con fuerza, dándole un gran abrazo para soltarla después y cogerla de las manos, mirándola bien. - Que guapa. - Iori era especial, aunque no hacía demasiado que nos conocíamos, era una amiga muy importante para mi. - ¿A quien buscas impresionar? - Dejé caer la pregunta, quizás había algún chico en su vida, algo que no me había contado que debería hacer con rapidez.



FDI: Si el grupo va para los fuegos, yo tambien. Y si no, pues ya veremos pa dodne vamos y tal.
 

Sigma.

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Por los puestos – Con Ketsuke, Asuka, Iori (y quizá Sayo)
La chica que había intercedido por Yume tenía por nombre Asuka. Parecía una muchacha sencilla y de buen llevar a primera vista, aunque según sus propias palabras era bastante impulsiva y Hiei para sus adentros también añadió “descuidada”, puesto que no era fácil omitir completamente a una persona que acompaña a otra, y más estando tan cerca de ella.

De todas maneras no le suponía nada importante, y se alegraba de saber que su primer instinto fue pensar en la defensa de Yume antes que cualquier otra cosa.

- No hay nada que disculpar, Asuka-san. Me… importa mucho más que hayas pensado en Yume-chan que en mí. - Terminó con una reverencia y una pequeña sonrisa, aunque sin quitarle los ojos de encima.

Ahora que lo notaba… la chica era bastante bonita. Sintió algo por dentro, como todas las veces que le habían sucedido encuentros fortuitos como aquél.

Para ese entonces Ketsuke ya había vuelto, y nada menos que con una porción extra-grande para compensar. Hiei arqueó una ceja, curioso: a parecer no había escatimado en gastos para enmendar su error, y por ahora parecía querer cumplir con lo prometido, con creces para rematar.

- Arigatö - Respondió la chiquilla quedamente, aceptando el plato y volviendo a pinchar una bolita antes de llevársela a la boca. Hiei observó cómo instantáneamente su rostro volvió a iluminarse ante probar el exquisito bocado una vez más, lo que lo dejó con una sonrisa de satisfacción a él también. - ¡Sip! ¡Me gustan! ¡Gracias, Onii-san!

- Bueno… si Yume es feliz de nuevo, para mí es suficiente. Solo ten más cuidado la próxima, ¿bien? Puede que te cruces con alguien mucho menos… indulgente en el futuro… - Su todo fue más severo al final, queriendo remarcar la seriedad con la que se tomaba ser el guardián de aquél pedacito de sol. - De acuerdo; si se lo prometiste a Yume entonces vamos.

A todo esto, una nueva chica se presentaba en el grupo, al parecer muy amiga de Asuka por la manera en que se llevaban. Iori era su nombre, y tal como su amiga antes que ella, verla le causó otro revolotear de algo dentro de sí. Tsukigakure ya no le sería conocida solamente por ser el hogar de Yume…

- ¡Uaaaaah~! ¡Qué bonitas…! ¡Onii-chan, onii-chan, ¿o no que son muy bonitas?!

Por los dioses, qué momentos elegía Yume para interrumpir, y más encima escudándose con aquella sonrisa radiante que le derretía por dentro y lo dejaba a su merced; era imposible que se enojase con ella por ponerle en aprietos sociales si luego le dedicaba un gesto con aquella carita preciosa.

- Eeehh… S-sí, Yume-chan… Cla-claro que lo son… - Respondió, sonrojado patentemente y tartamudeando. La chiquilla, feliz con su travesura, simplemente se limitó a reír contenta con su respuesta.

Hiei carraspeó un poco y trató de calmarse dando algunas inspiraciones y espiraciones profundas, cual ejercicio de meditación. Luego, tratando de hablar lo más normalmente y de corrido posible, se dirigió a las dos muchachas:

- S-señoritas, tenemos pensado i-ir a ver los fuegos de artificio. ¿Qui-quisieran venir con nos-s-sotros?

- ¡Onee-chans, onee-chans, digan que sí, digan que sí! - Animaba Yume desde su propia altura, mientras se metía felizmente otro takoyaki en la boca.
 

Kashi

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Los puestos - Pasando por al lado del grupo principal de apestosos turistas (?) (Lease: Hiei, la loli, Ketsuke, Sayo, Iori y Asuka)
Terminar de comer... eso siempre se convierte en uno de esos temores que invaden mi ser cuando me siento a degustar algo, sea lo que sea. No es que me considere un gourmet cuando se trata de comida puesto que mientras sea algo que llene el estómago puedo tener algo de felicidad que, para desgracia de muchas personas, no suele verse en ningún momento. Como por ejemplo ahora, que luego de tirar el palillo de los Mitarashi dango que habia comido, envolví mi mandíbula y boca en mi eterna bufanda azul.

No es, sin embargo, algo por lo cual no me considere un conocedor avezado, porque si de conocimientos se trata, nada va a superar lo que se sobre herreria y química, pues no es para menos algo en lo que la familia debe estar versada si quiere ser efectiva en su trabajo de medio tiempo como clan shinobi. Pero eso no me evita tener mis propias preferencias mas allá de lo que corresponde a los deberes familiares, como lo pueden ser los juegos, las películas y, naturalmente, la comida. Comida que, por cierto, ahora se ha terminado y que tengo que salir a buscar más... pero esta vez, algo diferente.

-Dango dango daikazoku...-Canté en voz baja, recordando los buenos momentos que he tenido con mi anterior tentempié mientras, con las manos en mis bolsillos, caminaba sin un rumbo fijo por entre los puestos del festival, evadiendo con grácil agilidad y fluida eficiencia a los visitantes que paseaban por el lugar disfrutando del evento-Tal vez mochi, tal vez ramen, algo de comida quiero conseguir...

Afortunadamente, el universo parecía estar sonriendo en esta noche, porque pude encontrar un excelente puesto que no estaba demasiado concurrido y en el que venden comida freida, tal como karaage y gyoza. Naturalmente y como no puede esperarse de alguien como yo que quiere probarlo todo, compré un poco de las dos cosas y, mientras caminaba sin un rumbo fijo, iba comiendo lo que llevaba. Al menos, claro está, hasta que casi me choco de frente con un grupo de apestosos turistas que estaban parados en el medio del camino discutiendo sobre quién tiene la culpa de lo que pasó con la comida de una loli que está con ellos.

Esquivarlos pude esquivarlos, así que pasé a un costado de ellos sin prestar mucha atención a lo que estaban haciendo puesto que no era extraño que hubiera turistas visitando la ciudad en esta fecha. Si tomé especial consideración en el aspecto que varios de los integrantes tenían por su ropa tan... rara. Bah, turistas tenían que ser. No pueden vestirse normal para una ocasión como esta.

"Hmmmm... Creo que mientras camino puedo hacer de esto un ejercicio mental..."-Pensé muy para mis adentro, debatiendo conmigo mismo sobre como etiquetar mentalmente a ese grupo tan variopinto por lo irritado que estaba de que no circularan como corresponde, alejándome a paso lento-"Veamos... Lolicon, Moeblob, Vainilla, Mago Negro, Sara Bustani y Frutillita... Nah, demasiado forzado. No hay mucho material con el cual trabajar."

 

JimmyMcNulty

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Una cabaña de madera
Vi a una chica que decía que si quería ver unos fuegos de artificio o algo así. No sabía qué era aquello, pero me animé, comí rápidamente un helado de aquellos que se me subió muy rápidamente a la cabeza y me acerqué hasta el lugar donde se encontraba la maraña de macetas humanas que deseaban con tanto ahínco ver un espectáculo como aquel... ¿Cuándo sería?

-Yo me apunto a todo lo que sea si es legal -dije-. ¿Tiene que ver aquello de los fuegos artificiales algo con explosivos? ¿No es peligroso eso? -pregunté.
 

Numa

Master Interpretación
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Como lo anticipaba Asuka la saludó cálida y reconfortantemente, la sensación de un abrazo entre chicas era algo a lo que le costaba acostumbrarse, pero sin duda disfrutó el momento ya que emocionalmente lo necesitaba, al irse soltando su vista se dirigió brevemente a su propio escote que en está ocasión le era más llamativo debido al uniforme que llevaba. Después se tomaron de las manos y si eso no logró ruborizarla lo harían las palabras de Asuka. Liberó sus manos y comenzó a jugar nerviosamente con las orillas del vestido -¡NO! Quiero decir, no busco impresionar a nadie, esto es solo un uniforme, estoy trabajando en un restaurante, pero ahora estoy descansando- Las palabras habían salido torpemente de su boca al tratar de explicar la situación tan rápidamente como le fue posible. Respiró profundamente para calmarse y aunque lo que iba a hacer era algo que nunca hacía sabía que esta vez sería muy grosero. -Estás hermosa- La observó de arriba para abajo con una sonrisa genuina. ¿Quién se imaginaría que esa chica era la que estuvo rompiendo huesos y almas en el torneo?

Pronto una pequeña, la de los takoyakis se unió a los halagos e hizo que el chico que iba con ella también tomara parte. Incluso las invitaron a ir a ver los fuegos artificiales. Comenzó a incomodarse por la situación pero tan solo ver la carita de Yume le hizo totalmente imposible el siquiera pensar en negarse. -Por supuesto, todo lo que tú quieras- Dijo acuclillándose para estar a su altura y pellizcando sus mejillas llenas de comida. Sin duda era mucho mejor verla tan alegre en lugar de estar al punto del llanto.

Al final se levantó y notó a Sayo ahí también, le dedicó un saludo con la palma y una sonrisa. Ahora estaban ella, Asuka y Sayo, además a lo lejos podía divisar a otro contendiente del torneo, aquel con cara de pocos amigos y alejado de todo, esperaría por si volteaba para hacerle una seña con la mano para que se acercara. Aunque en ese momento necesitaba a alguien para platicar tampoco le parecía mala idea el hablar de los increíbles combates que habían tenido sus compañeros.
 

martinilimon

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Un oscuro infierno de soledad
Hacia tiempo que conocía a Iori, y aunque se había relajado bastante en mi compañía, seguía notándola forzada cuando hacía aquel tipo de movimientos, pero no era algo a lo que le pusiera demasiada importancia. - Pues un día tendré que pasarme por ahí. - Dije pensativa. - Bueno... - Me ruboricé un poco al escuchar su último comentario. Había más gente allí que podría escucharlo, aunque para ser justa yo le había hecho exactamente lo mismo. - Supongo que me ves con buenos ojos. - Intenté suavizar la situación con un gesto que podría catalogarse como "cute".

La presentación terminó ahí, en el momento en que Iori y la niña decidieron ir con los chicos para ver los fuegos. A pesar de que uno de los recién llegados parecía reacio a la idea. - Todo tiene siempre algo de riesgo. - Le respondí al chico. - Un plato no es peligroso, pero si te lo tiro a la cabeza te hago daño. Esto es igual, si respetas las normas veras un colorido precioso. - No sabía si aquellas palabras habían conseguido calmar al chico o asustarlo más.

Cuando Iori, quien se había puesto a la altura de la pequeña se levantó, le dediqué un comentario tierno y divertido a la vez. - Serías buena mama, aunque tendrías a tus hijos muy mimados. - No sabía como se tomaría aquello. Tras un breve tiempo andando, ya en la zona de fuegos decidí tomar la iniciativa.

- Bueno, ¿alguien tiene algo interesante que contar? No vamos a estar toda la noche simplemente mirando al cielo. - Algunas personas podrían sentirse molestas por mi impulsividad, pero era mi forma de ser, no lo hacía con mala intención.
 
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