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JimmyMcNulty

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Una cabaña de madera
Este tema servirá para la recepción de misiones de los usuarios, así como para la publicación de la resolución y nota de los másters. Además, se irán catalogando las misiones en este mismo post.

 
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Y allí me encontraba, en el borde confortable de mi cama, una leve sonrisa se esbozaba en mis labios, la causa: Una nueva misión. Quería ponerme en marcha cuanto antes, le di un sutil masaje a mis hombros para acto seguido ponerme mi ropa y mis tenis grises. Abrí emocionado la puerta de madera. -Rayos…-, me reclamé al escuchar ese chirriante y agudo sonido, cual ópera dramática, el portón me rogaba a sollozos que le brindara un poco de aceite.

-En fin, ya que vuelva…- Me dije a modo de reprocho. ¡Tenía que dejar de procrastinar! Entonces salté la malla de madera de mi hogar. Así comenzaba la diversión, comencé mi camino hacia Ainu, un pueblo muy cercano a Tsukigakure. Ésta última… En realidad, me ponía muy reflexivo y hasta cierto punto nostálgico, debido a que en los últimos años había estado investigando el paradero de una pista que me había permitido sospechar, al menos, la existencia de un antepasado en esa aldea. -Quisiera en verdad que existieras…- Saber de un familiar, después de tanto tiempo sería un ungüento, por minúsculo que éste fuera, sería realmente sanador para mis heridas internas.

En fin, ya estaba muy cerca de Tsukigakure, era imposible entrar en un estado de aburrimiento; esa aldea, incluso en su lejanía ya podía presumir de majestuosos paisajes. Cualquiera envidiaría tener en su recamara una ventana y tras ella vislumbrar tal magnificencia. Un escenario, sin duda etéreo, casi engañándonos, simulando una tierra artificial. Mas no lo era y estaba frente a mí.

-Increíble… Qué belleza.– Finalicé, observando con asombro aquella cámara celeste. Y de esa forma continué caminando, de vez en vez una apacible flor adornaba el sendero. Introduje mi mano derecha al bolso de mi chamarra para sacar de allí una paleta, era una se esas exóticas que vendían en cualquier tienda, con forma de palmera, era realmente buena, pero justo en el centro tenía una suerte de sustancia química que me resultaba muy ácida. -¡Puaj!- Pensé al recordar ese sabor acre y previo a consumirlo preferí tirar el objeto en un vertedero con forma de barril que me topé por allí.

-Así que esto es Ainu.- Sentencié a las entradas de ese (aparente) tranquilo pueblo. Comencé a inspeccionar el área y, al mismo tiempo, a ponerme más serio: al llegar sabía que el ” bobalicón” del autodenominado “Verdugo de la Guadaña” podía estar allí. -Me pregunto si solo será un estúpido que toma las vidas de los humanos como un simple juego, con su insulsa pero mortal Guadaña como juguete-. Pensé mientras caminaba por las calles de aquel lugar, sin duda, reflexionar en aquella ironía me resultaba un tanto perturbador.

Empero, la misión seguía, el pueblo era pequeño así que por ahí me topé con un herrero en su local, forjando con su imponente martillo alguna pieza para un tipo de máquina, tal vez. No lo sé, pero procuré observar lo mejor posible si por allí se encontraba alguna pista: tal vez armas con filo o algunos destellos de aquellos pétalos.

Por supuesto, en el camino también me encontré con una florería. Era bastante colorida, flores de todo tipo adornaban la entrada del local. Me dispuse a entrar, al hacerlo una campana sonó delicadamente, descubriendo mi ingreso al sitio. Ya adentro una corona de forma de hexágono adornada con decenas de pimpollos resaltaban la leyenda de “Feliz Aniversario”. En el mostrador se encontraba un plato de cortesía con una galleta en forma de girasol y lo más destacado, al menos a mi parecer era aquella televisión que se encontraba en el rincón del mostrador, desde su pantalla destacaba un mar con olas suaves y una melodía de piano. Ambientaban de una manera espléndida el lugar.

-Hola, buenas.- Expresé calmado al encargado. -¿Me podría dar un arreglo sencillo? Solo quiero un girasol, una rosa y algunos narcisos. Sin florero por favor.– Claro estaba que mi única intensión era tener un punto de comparación de los narcisos con relación a los que solía dejar el asesino. Sin duda eso me podría dar más delante una pista, tener más material de investigación.

Al fin decidí buscar el granero en donde habían encontrado el último cadaver. -Pff… Vaya… Mira que matar al hijo del alcalde.-Comenté botando por allí el arreglo floral, ya me había familiarizado con sus características. Sin duda solo un miserable abyecto podía hacer tal cosa. Sin embargo e irónicamente de camino a conocer a Yosuke, el granjero, no había percibido ni una pisca de maldad en el pueblo. Tras caminar por algunos minutos más me encontré con una edificación que sin duda tenía toda la pinta de ser el lugar de trabajo de Yosuke. Tirada por allí se encontraba una estaca y varias plumas de gallinas. Aunado a ello, a lo lejos podía ver un ganado.

-Qué rayos…- Exclamé un poco espantado al escuchar el bramido de una oveja que por alguna razón caía de carambola por una no tan pronunciada ladera, sin duda tendría que visitar a un veterinario, porque cayó cual clavadista en una piscina. Al menos solo había quedado en un susto y lo bueno es que ya podía vislumbrar a Yosuke, por lo que me acerqué a él.

-Hola, mi nombre es Ketsuke Kuro.- Me presenté y comencé a debatir con él. -Me dijeron que usted fue testigo del asesinato del hijo del Alcalde.- Dije calmadamente.-¿Me podría decir todo lo que vio, por favor, no le reste importancia a los detalles? ¿Acaso vio usted el momento o notó algo extraño?- De darme una respuesta positiva, además de su versión, le preguntaría por la altura del asesino, si tenía el cabello largo, su complexión en general; si su arma efectivamente era una guadaña. Todo lo que hubiese visto. Todo.

Tras ello me dispuse a seguir viendo las laderas y vigilar, permiso previo, el granero. -Es imposible que el hijo del alcalde viniese solo con tal inseguridad en este pueblo.- Deduje, cuando, de la nada y entremedio del ganado un cuerpo con la cabeza separada de su cuello, era un varón, seguramente algún miembro del equipo de seguridad o quién sabe. Un charco de sangre relativamente fresco delataba, junto a los pétalos de narciso la presencia del asesino. Miré la cabeza...

-Maldito hijo de perra...- Exclamé furioso al ver el mensaje de... "El Asesino de la Guadaña".
 

JimmyMcNulty

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Una cabaña de madera
Y allí me encontraba, en el borde confortable de mi cama, una leve sonrisa se esbozaba en mis labios, la causa: Una nueva misión. Quería ponerme en marcha cuanto antes, le di un sutil masaje a mis hombros para acto seguido ponerme mi ropa y mis tenis grises. Abrí emocionado la puerta de madera. -Rayos…-, me reclamé al escuchar ese chirriante y agudo sonido, cual ópera dramática, el portón me rogaba a sollozos que le brindara un poco de aceite.

-En fin, ya que vuelva…- Me dije a modo de reprocho. ¡Tenía que dejar de procrastinar! Entonces salté la malla de madera de mi hogar. Así comenzaba la diversión, comencé mi camino hacia Ainu, un pueblo muy cercano a Tsukigakure. Ésta última… En realidad, me ponía muy reflexivo y hasta cierto punto nostálgico, debido a que en los últimos años había estado investigando el paradero de una pista que me había permitido sospechar, al menos, la existencia de un antepasado en esa aldea. -Quisiera en verdad que existieras…- Saber de un familiar, después de tanto tiempo sería un ungüento, por minúsculo que éste fuera, sería realmente sanador para mis heridas internas.

En fin, ya estaba muy cerca de Tsukigakure, era imposible entrar en un estado de aburrimiento; esa aldea, incluso en su lejanía ya podía presumir de majestuosos paisajes. Cualquiera envidiaría tener en su recamara una ventana y tras ella vislumbrar tal magnificencia. Un escenario, sin duda etéreo, casi engañándonos, simulando una tierra artificial. Mas no lo era y estaba frente a mí.

-Increíble… Qué belleza.– Finalicé, observando con asombro aquella cámara celeste. Y de esa forma continué caminando, de vez en vez una apacible flor adornaba el sendero. Introduje mi mano derecha al bolso de mi chamarra para sacar de allí una paleta, era una se esas exóticas que vendían en cualquier tienda, con forma de palmera, era realmente buena, pero justo en el centro tenía una suerte de sustancia química que me resultaba muy ácida. -¡Puaj!- Pensé al recordar ese sabor acre y previo a consumirlo preferí tirar el objeto en un vertedero con forma de barril que me topé por allí.

-Así que esto es Ainu.- Sentencié a las entradas de ese (aparente) tranquilo pueblo. Comencé a inspeccionar el área y, al mismo tiempo, a ponerme más serio: al llegar sabía que el ” bobalicón” del autodenominado “Verdugo de la Guadaña” podía estar allí. -Me pregunto si solo será un estúpido que toma las vidas de los humanos como un simple juego, con su insulsa pero mortal Guadaña como juguete-. Pensé mientras caminaba por las calles de aquel lugar, sin duda, reflexionar en aquella ironía me resultaba un tanto perturbador.

Empero, la misión seguía, el pueblo era pequeño así que por ahí me topé con un herrero en su local, forjando con su imponente martillo alguna pieza para un tipo de máquina, tal vez. No lo sé, pero procuré observar lo mejor posible si por allí se encontraba alguna pista: tal vez armas con filo o algunos destellos de aquellos pétalos.

Por supuesto, en el camino también me encontré con una florería. Era bastante colorida, flores de todo tipo adornaban la entrada del local. Me dispuse a entrar, al hacerlo una campana sonó delicadamente, descubriendo mi ingreso al sitio. Ya adentro una corona de forma de hexágono adornada con decenas de pimpollos resaltaban la leyenda de “Feliz Aniversario”. En el mostrador se encontraba un plato de cortesía con una galleta en forma de girasol y lo más destacado, al menos a mi parecer era aquella televisión que se encontraba en el rincón del mostrador, desde su pantalla destacaba un mar con olas suaves y una melodía de piano. Ambientaban de una manera espléndida el lugar.

-Hola, buenas.- Expresé calmado al encargado. -¿Me podría dar un arreglo sencillo? Solo quiero un girasol, una rosa y algunos narcisos. Sin florero por favor.– Claro estaba que mi única intensión era tener un punto de comparación de los narcisos con relación a los que solía dejar el asesino. Sin duda eso me podría dar más delante una pista, tener más material de investigación.

Al fin decidí buscar el granero en donde habían encontrado el último cadaver. -Pff… Vaya… Mira que matar al hijo del alcalde.-Comenté botando por allí el arreglo floral, ya me había familiarizado con sus características. Sin duda solo un miserable abyecto podía hacer tal cosa. Sin embargo e irónicamente de camino a conocer a Yosuke, el granjero, no había percibido ni una pisca de maldad en el pueblo. Tras caminar por algunos minutos más me encontré con una edificación que sin duda tenía toda la pinta de ser el lugar de trabajo de Yosuke. Tirada por allí se encontraba una estaca y varias plumas de gallinas. Aunado a ello, a lo lejos podía ver un ganado.

-Qué rayos…- Exclamé un poco espantado al escuchar el bramido de una oveja que por alguna razón caía de carambola por una no tan pronunciada ladera, sin duda tendría que visitar a un veterinario, porque cayó cual clavadista en una piscina. Al menos solo había quedado en un susto y lo bueno es que ya podía vislumbrar a Yosuke, por lo que me acerqué a él.

-Hola, mi nombre es Ketsuke Kuro.- Me presenté y comencé a debatir con él. -Me dijeron que usted fue testigo del asesinato del hijo del Alcalde.- Dije calmadamente.-¿Me podría decir todo lo que vio, por favor, no le reste importancia a los detalles? ¿Acaso vio usted el momento o notó algo extraño?- De darme una respuesta positiva, además de su versión, le preguntaría por la altura del asesino, si tenía el cabello largo, su complexión en general; si su arma efectivamente era una guadaña. Todo lo que hubiese visto. Todo.

Tras ello me dispuse a seguir viendo las laderas y vigilar, permiso previo, el granero. -Es imposible que el hijo del alcalde viniese solo con tal inseguridad en este pueblo.- Deduje, cuando, de la nada y entremedio del ganado un cuerpo con la cabeza separada de su cuello, era un varón, seguramente algún miembro del equipo de seguridad o quién sabe. Un charco de sangre relativamente fresco delataba, junto a los pétalos de narciso la presencia del asesino. Miré la cabeza...

-Maldito hijo de perra...- Exclamé furioso al ver el mensaje de... "El Asesino de la Guadaña".



Ketsuke completó la recolección de pruebas, mas no halló rastro del misterioso asesino. Fue suficiente para regresar a la villa y presentar un breve informe con los datos conseguidos. Un equipo de ANBU, unida al cuerpo policial del país, se encargaría de encontrar el paradero del asesino y, si había suerte, de capturarlo. Ketsuke podía estar contento: había cumplido con su misión al dedillo y sin problemas.



Te llevas un 96% de nota, lo que se corresponde con 20 puntos + un kit de objetos útiles grande (20 puntos OU) a utilizar en tu próximo tema y cumples la misión con éxito. Muy bien hecho al subrayar las palabras, ahorrándome trabajo, aunque se te escaparon algunas. Alguna falta de ortografía o de tipeo, nada grave. Se te olvidó incluir "fingir", pero el resto de palabras están dentro, y, lo que es mejor, fuiste conciso con tu misión, sobrándote mucho texto.

Nos vemos en la siguiente misión.

EDIT: +10 puntos por la realización de la misión, que no se añadieron en su momento
 
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JimmyMcNulty

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Una cabaña de madera
Tenía una nueva misión. Esperaba que, desde arriba, en el Consejo de Acero, supieran valorar mi duro trabajo y me dieran más misiones como esta. Entonces escuché un sonido detrás de la puerta de casa y corrí como una bala para abrirla y recoger mi encargo. Abri la boca de lo sorprendida que quedé: cuando leí el encargo pensé que era perfecto para mí. Tendría que dirigirme a una aldea de montaña situada al este del País de las Almas y construir… ¡Y además tendría una compañera! Lo que era más importante, podría crear murallas, cabañas y, si me lo proponía, ¡hasta bonitos jardines con mi Mokuton no jutsu!

Me terminé de vestir: cogí mi equipamiento, me puse mi calzado y acudí a la cita. En ella conocería a la que sería mi compañera de misión: una tal Kiwa. Esperaba que no me sacara un colmillo y que fuera buena compañía. Cambié de opinión cuando la vi.

-Hola —le dije—, ¿qué tal? Soy tu nueva compañera de misión. Me llamo Sayonara Baby, aunque me puedes llamar Sayo-chan si te apetece.

—No me apetece hablar contigo, Sayo —dijo con arrogancia—. Tendrás que demostrarme lo que vales antes que nada, ¡o ganarme si es que puedes!

—¿Cómo te llamas? —le pregunté.

—Niwa —contestó con un deje de inconformidad.

Antes de componer la siguiente frase, decidí seguirle la corriente y permanecer callada durante todo el camino. Durante este, me entretuve en coser parte de mi cuaderno de campo, donde iba apuntando todo lo que me sucedía. Por suerte, usaba tinta invisible, de esa que solo se ve echándole limón encima, por lo que mis secretos estaban bien guardados, a no ser que fueras un limonero asesino y quisieras quitarme lo que era mío, y revelarlo al público en un escenario con millones de curiosos esperando saber lo que le pasaba a un cactus parlante...

Pasaron varios días hasta que yo y Niwa llegamos a nuestro destino. La deforestación en los alrededores de la aldea de montaña no era demasiado acusada y pensé que la vería desaparecer del todo si empleaba con eficiencia mi Mokuton no jutsu. Yo y mi nueva “amiga” comprobamos el diseño de la aldea antes de hacer nada...

Entonces le pregunté.

—¿Qué puedes hacer para ayudar, Niwa-chan?

Ella se estremeció al echar “chan” unido a su nombre. Estaba claro que lo consideró un insulto.

—¿Chan? ¡Veamos qué es lo que puedes hacer tú? —dijo, y apuntó su bo, al que llamaba despectiva (¿o cariñosamente?) palo de mierda hacia mi rostro.

—¡Eh, no quiero palos…! —le grité—. ¡Mira! —Ejecuté unos sellos manuales y dije—: ¡Mokuton, Sichūrō no jutsu! —y una jaula de madera apareció en mitad del camino. Niwa quedó boquiabierta; la vi de refilón, aunque luego no me lo quiso reconocer—: ¿y tú, qué tal? ¿A que hacemos buen equipo?

Ella hizo un chasquido con la lengua.

—¿Crees que con eso me vencerás?

Niwa usó su palo de mierda y partió con facilidad, empleando el mismo bō y su taijutsu, partes de las vigas de madera que conformaban la jaula.

Sonreí, aceptando su reto.

Antes de ponernos en marcha, dejamos que la hospitalidad de los aldeanos hiciera mella en nuestros cuerpos: fuimos a la única taberna de la aldea y allí nos dieron de comer mucha carne vegetal y agua. Me sentía como un famoso de esos de la tele. A Niwa le trajeron una chuleta de ganado vacuno gigante. No sé cómo se la pudo meter entre pecho y espalda. Luego, después de comer, un hombre alto, viejo pero fortachón, hizo acto de presencia. Era el jefe de la aldea. Estaba segura de que iba a decir lo que teníamos que hacer exactamente: lo supe cuando lo vi inclinar su brazo derecho en dirección a la barbilla. Ese era gesto de seriedad entre las macetas humanas. Esto se ponía serio. Esperaba no ser un lastre durante la misión y que no tuviera que llorar mucho a la hora de volver a casa. Más fracasos no, más misiones de “mierda” (literal, puesto que muchas veces me tocaba limpiar cacas de perro de ciudadanos irresponsables), no.

—Me llamo Frederick —dijo el hombre—. Veréis: estos últimos meses hemos sufrido diversos ataques, tanto de bandidos desalmados que nos han robado materiales, animales y dinero como de animales salvajes que han comido todo lo que han podido. Nuestras granjas y cultivos eran prósperas, pero están bajo mínimos… He observado con lupa, podría decirse, muchas de las misiones de los ninjas a través de los periódicos, y creo que los ninjas del Acero sois los mejores para este tipo de tarea...

—¡Déjelo en mis manos! —exclamó Niwa, interrumpiéndolo.

—¡En nuestras manos! —la corregí.

Ella me miró de reojo, furiosa. Íbamos a nivelar terrenos, cavar fosos, levantar muros, etc. Que me tocaran compañeros como Niwa era una asombrosa novedad, pero no suponía ningún obstáculo para el correcto desarrollo de la misión. De hecho, era mejor que ir en solitario a todos lados. Y había oído que la competición une como el pegamento a rivales que desean con ferviente ansia ser amigos. Sabía que esto iba a salir bien…

—...Espero que seáis buenas constructoras. Necesitamos defensas cuanto antes, para proteger a nuestras familias y nuestros recursos. Además, este puente podrido que se sitúa en mitad de la aldea necesita una seria reparación. Quiero que lo hagáis todo cuanto antes, si pudiera ser posible...

—Sé usar el elemento madera, caballero —le dije a Frederick—. ¡Será fácil si nos ponemos verdaderamente a trabajar en serio!

—¡Vamos! —dijo Niwa, exultante. Estaba claro que quería ver quién era la mejor de las dos.

Después de haber caído en redondo sobre la fresca y verde hierba, a la sombra de un roble tras haber comido, dormí unas horas. A media tarde yo y Niwa planeamos construir una muralla. Ella se encargaría de colocar cimiento de la muralla, roca a roca, piedra a piedra, aunque primero las partiría con su palo y con mucho cuidado, ya que era difícil de extraer con seguridad. Yo usaría mi Mokuton para levantar pilares de madera sobre el cimiento previamente puesto, y así quedarían aseguradas las murallas. Estimamos que ese trabajo nos llevaría un par de días al menos, tres como máximo.

Los vecinos más fuertes y voluntariosos colaboraron en el proyecto. Una chica se propuso tallar un cartel con muchas filigranas para la puerta este de la aldea. Unos cuantos vecinos más se pusieron a serruchar madera para hacer las puertas. Vivir así, en comunidad, era una maravilla. Tenía mucha envidia de aquella gente... En ese momento me pregunté qué estaría pensando Niwa. No le pregunté demasiado durante el transcurso de la misión, pero a la que yo apretaba, ella hacía lo mismo y con mayor intensidad. Estaba claro que se estaba tomando la misión muy en serio.

Pasaron tres días, cuatro. Tardamos más de lo previsto por culpa de la piedra y la falta de algunos materiales. Para amarrar los troncos de la muralla usamos casi toda la cuerda que había en el pueblo. La otra tuvimos que fabricar a partir de fibra vegetal que, con suerte, pude asegurar con mi mokuton, y con cuero, que era muy flexible y resistente y la caza abundaba. El volumen de trabajo había sido mucho, pero la muralla que protegería a la aldea de aquí en adelante ya estaba construida.

Niwa y yo desayunábamos al aire libre, ella salado, yo dulce, cuando de pronto me dijo:

—¿Qué pasa, consideras que has ganado?

Y le dije:

—Ha ganado el pueblo. Nosotras no. No pienso revocar su título de vencedores.

Quise ser solemne, pero me salió el tiro por la culata. Niwa se rió, pero antes de que acabara, notó que tenía que hacer de vientre. Entonces me reí yo con ella (no de ella, no seáis mal pensados), y le dije dónde podría hacerlo sin que nadie la vieran…

Os confesaré un secreto. Aunque sea una planta, yo también secreto excrecencias. No soy como mis primos blancos mayores (creo que los llaman Zetsus), sino un ser algo más “evolucionado”. Otro secreto (y no del verbo “secretar”): salen mejor cuanto insistes más en triturar la comida...

¡Que me voy! Diario, amado diario: el último par de trabajos que tuvimos que hacer Niwa y yo fue cavar una trinchera alrededor de la muralla, evitando con esto que los animales se acercaran a curiosear la muralla de madera, ya que muchos animales escarban donde no deben. Niwa pudo hacerlo fácilmente gracias a que manejaba el Doton mucho mejor que yo; aun así, la ayudé cuanto pude. Colocamos también un reflector hecho con el escaso metal del que disponíamos. Yo fabriqué con Mokuton el sistema que lo sostenía, y Niwa se encargó de darle forma cuando ya estuvo todo el metal unido en la fragua. Así, teníamos un espejo para que, cuando hiciera sol, ahuyentar a pájaros y animales salvajes y que no se comieran las cosechas. Además, servía para hacer señales de aviso en caso de ataque. Un eje situado entre el espejo de metal y el palo que lo sujetaba le permitía rotar 360 grados, así que la luz reflejada podía proyectarse hacia cualquier sitio. Para repeler a los bandidos, desbrozamos los alrededores de la aldea (que habían quedado bastante limpios a causa de la tala de muchos árboles para construir parte de la muralla y puertas) y decidimos también hacer una especie de “bombas” para repeler a los bandidos: consistían en unas bolas de lana recubiertas de aceite y grasa inflamable que se colocaban en flechas y podían ser disparadas desde las pequeñas pasarelas que habíamos hecho en las murallas. Lo último que colocamos fue la “picas” en la trinchera... Y, por supuesto, arreglamos el puente.

—¡Uf! —suspiré—. ¡Qué trabajazo tiene esto! Ni que las kunoichi fuéramos albañiles.

—¿Acaso crees que no podíamos hacerlo? —preguntó con sorna Niwa—. ¡Yo y mi palo de mierda somos lo más! ¡Y tú y tu Mokuton… bueno, también…! —dijo esto último con vergüenza. A Niwa no le gustaba admitir que yo también había colaborado, aunque fuera un poquito. Incluso, dados nuestros conocimientos en Iryoninjutsu, nos decidimos a curar nuestras heridas la una a la otra.

Frederick, el jefe de la aldea, nos felicitó por nuestro esfuerzo y nos conminó a festejar lo hecho en la única posada de la aldea. Allí, un vocal nombrado por el jefe nos entregó unas cuantas chapas como regalo extra y nos dedicó palabras melosas, pero poco digeribles. Tanto halago me iba a matar...

No hacía falta tanto. Era una albañil-kunoichi y, además, Niwa había realizado el 51%, no, el 49% del trabajo… (Aunque ella dijera, una y otra vez, que me había vencido sobradamente, era mentira).

Solo quedaba esperar a que apareciera el perito correspondiente para que diera la obra por buena y volver a casa. Estaba contentísima, ya que esta misión me había dado una nueva amiga (Niwa) y amigos (el poblado) y multitud de experiencias nuevas…

¿Qué sería lo próximo que me encargarían? ¡Ansiosa me hallaba de saberlo!
 

Lergand

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Tenía una nueva misión. Esperaba que, desde arriba, en el Consejo de Acero, supieran valorar mi duro trabajo y me dieran más misiones como esta. Entonces escuché un sonido detrás de la puerta de casa y corrí como una bala para abrirla y recoger mi encargo. Abri la boca de lo sorprendida que quedé: cuando leí el encargo pensé que era perfecto para mí. Tendría que dirigirme a una aldea de montaña situada al este del País de las Almas y construir… ¡Y además tendría una compañera! Lo que era más importante, podría crear murallas, cabañas y, si me lo proponía, ¡hasta bonitos jardines con mi Mokuton no jutsu!

Me terminé de vestir: cogí mi equipamiento, me puse mi calzado y acudí a la cita. En ella conocería a la que sería mi compañera de misión: una tal Kiwa. Esperaba que no me sacara un colmillo y que fuera buena compañía. Cambié de opinión cuando la vi.

-Hola —le dije—, ¿qué tal? Soy tu nueva compañera de misión. Me llamo Sayonara Baby, aunque me puedes llamar Sayo-chan si te apetece.

—No me apetece hablar contigo, Sayo —dijo con arrogancia—. Tendrás que demostrarme lo que vales antes que nada, ¡o ganarme si es que puedes!

—¿Cómo te llamas? —le pregunté.

—Niwa —contestó con un deje de inconformidad.

Antes de componer la siguiente frase, decidí seguirle la corriente y permanecer callada durante todo el camino. Durante este, me entretuve en coser parte de mi cuaderno de campo, donde iba apuntando todo lo que me sucedía. Por suerte, usaba tinta invisible, de esa que solo se ve echándole limón encima, por lo que mis secretos estaban bien guardados, a no ser que fueras un limonero asesino y quisieras quitarme lo que era mío, y revelarlo al público en un escenario con millones de curiosos esperando saber lo que le pasaba a un cactus parlante...

Pasaron varios días hasta que yo y Niwa llegamos a nuestro destino. La deforestación en los alrededores de la aldea de montaña no era demasiado acusada y pensé que la vería desaparecer del todo si empleaba con eficiencia mi Mokuton no jutsu. Yo y mi nueva “amiga” comprobamos el diseño de la aldea antes de hacer nada...

Entonces le pregunté.

—¿Qué puedes hacer para ayudar, Niwa-chan?

Ella se estremeció al echar “chan” unido a su nombre. Estaba claro que lo consideró un insulto.

—¿Chan? ¡Veamos qué es lo que puedes hacer tú? —dijo, y apuntó su bo, al que llamaba despectiva (¿o cariñosamente?) palo de mierda hacia mi rostro.

—¡Eh, no quiero palos…! —le grité—. ¡Mira! —Ejecuté unos sellos manuales y dije—: ¡Mokuton, Sichūrō no jutsu! —y una jaula de madera apareció en mitad del camino. Niwa quedó boquiabierta; la vi de refilón, aunque luego no me lo quiso reconocer—: ¿y tú, qué tal? ¿A que hacemos buen equipo?

Ella hizo un chasquido con la lengua.

—¿Crees que con eso me vencerás?

Niwa usó su palo de mierda y partió con facilidad, empleando el mismo bō y su taijutsu, partes de las vigas de madera que conformaban la jaula.

Sonreí, aceptando su reto.

Antes de ponernos en marcha, dejamos que la hospitalidad de los aldeanos hiciera mella en nuestros cuerpos: fuimos a la única taberna de la aldea y allí nos dieron de comer mucha carne vegetal y agua. Me sentía como un famoso de esos de la tele. A Niwa le trajeron una chuleta de ganado vacuno gigante. No sé cómo se la pudo meter entre pecho y espalda. Luego, después de comer, un hombre alto, viejo pero fortachón, hizo acto de presencia. Era el jefe de la aldea. Estaba segura de que iba a decir lo que teníamos que hacer exactamente: lo supe cuando lo vi inclinar su brazo derecho en dirección a la barbilla. Ese era gesto de seriedad entre las macetas humanas. Esto se ponía serio. Esperaba no ser un lastre durante la misión y que no tuviera que llorar mucho a la hora de volver a casa. Más fracasos no, más misiones de “mierda” (literal, puesto que muchas veces me tocaba limpiar cacas de perro de ciudadanos irresponsables), no.

—Me llamo Frederick —dijo el hombre—. Veréis: estos últimos meses hemos sufrido diversos ataques, tanto de bandidos desalmados que nos han robado materiales, animales y dinero como de animales salvajes que han comido todo lo que han podido. Nuestras granjas y cultivos eran prósperas, pero están bajo mínimos… He observado con lupa, podría decirse, muchas de las misiones de los ninjas a través de los periódicos, y creo que los ninjas del Acero sois los mejores para este tipo de tarea...

—¡Déjelo en mis manos! —exclamó Niwa, interrumpiéndolo.

—¡En nuestras manos! —la corregí.

Ella me miró de reojo, furiosa. Íbamos a nivelar terrenos, cavar fosos, levantar muros, etc. Que me tocaran compañeros como Niwa era una asombrosa novedad, pero no suponía ningún obstáculo para el correcto desarrollo de la misión. De hecho, era mejor que ir en solitario a todos lados. Y había oído que la competición une como el pegamento a rivales que desean con ferviente ansia ser amigos. Sabía que esto iba a salir bien…

—...Espero que seáis buenas constructoras. Necesitamos defensas cuanto antes, para proteger a nuestras familias y nuestros recursos. Además, este puente podrido que se sitúa en mitad de la aldea necesita una seria reparación. Quiero que lo hagáis todo cuanto antes, si pudiera ser posible...

—Sé usar el elemento madera, caballero —le dije a Frederick—. ¡Será fácil si nos ponemos verdaderamente a trabajar en serio!

—¡Vamos! —dijo Niwa, exultante. Estaba claro que quería ver quién era la mejor de las dos.

Después de haber caído en redondo sobre la fresca y verde hierba, a la sombra de un roble tras haber comido, dormí unas horas. A media tarde yo y Niwa planeamos construir una muralla. Ella se encargaría de colocar cimiento de la muralla, roca a roca, piedra a piedra, aunque primero las partiría con su palo y con mucho cuidado, ya que era difícil de extraer con seguridad. Yo usaría mi Mokuton para levantar pilares de madera sobre el cimiento previamente puesto, y así quedarían aseguradas las murallas. Estimamos que ese trabajo nos llevaría un par de días al menos, tres como máximo.

Los vecinos más fuertes y voluntariosos colaboraron en el proyecto. Una chica se propuso tallar un cartel con muchas filigranas para la puerta este de la aldea. Unos cuantos vecinos más se pusieron a serruchar madera para hacer las puertas. Vivir así, en comunidad, era una maravilla. Tenía mucha envidia de aquella gente... En ese momento me pregunté qué estaría pensando Niwa. No le pregunté demasiado durante el transcurso de la misión, pero a la que yo apretaba, ella hacía lo mismo y con mayor intensidad. Estaba claro que se estaba tomando la misión muy en serio.

Pasaron tres días, cuatro. Tardamos más de lo previsto por culpa de la piedra y la falta de algunos materiales. Para amarrar los troncos de la muralla usamos casi toda la cuerda que había en el pueblo. La otra tuvimos que fabricar a partir de fibra vegetal que, con suerte, pude asegurar con mi mokuton, y con cuero, que era muy flexible y resistente y la caza abundaba. El volumen de trabajo había sido mucho, pero la muralla que protegería a la aldea de aquí en adelante ya estaba construida.

Niwa y yo desayunábamos al aire libre, ella salado, yo dulce, cuando de pronto me dijo:

—¿Qué pasa, consideras que has ganado?

Y le dije:

—Ha ganado el pueblo. Nosotras no. No pienso revocar su título de vencedores.

Quise ser solemne, pero me salió el tiro por la culata. Niwa se rió, pero antes de que acabara, notó que tenía que hacer de vientre. Entonces me reí yo con ella (no de ella, no seáis mal pensados), y le dije dónde podría hacerlo sin que nadie la vieran…

Os confesaré un secreto. Aunque sea una planta, yo también secreto excrecencias. No soy como mis primos blancos mayores (creo que los llaman Zetsus), sino un ser algo más “evolucionado”. Otro secreto (y no del verbo “secretar”): salen mejor cuanto insistes más en triturar la comida...

¡Que me voy! Diario, amado diario: el último par de trabajos que tuvimos que hacer Niwa y yo fue cavar una trinchera alrededor de la muralla, evitando con esto que los animales se acercaran a curiosear la muralla de madera, ya que muchos animales escarban donde no deben. Niwa pudo hacerlo fácilmente gracias a que manejaba el Doton mucho mejor que yo; aun así, la ayudé cuanto pude. Colocamos también un reflector hecho con el escaso metal del que disponíamos. Yo fabriqué con Mokuton el sistema que lo sostenía, y Niwa se encargó de darle forma cuando ya estuvo todo el metal unido en la fragua. Así, teníamos un espejo para que, cuando hiciera sol, ahuyentar a pájaros y animales salvajes y que no se comieran las cosechas. Además, servía para hacer señales de aviso en caso de ataque. Un eje situado entre el espejo de metal y el palo que lo sujetaba le permitía rotar 360 grados, así que la luz reflejada podía proyectarse hacia cualquier sitio. Para repeler a los bandidos, desbrozamos los alrededores de la aldea (que habían quedado bastante limpios a causa de la tala de muchos árboles para construir parte de la muralla y puertas) y decidimos también hacer una especie de “bombas” para repeler a los bandidos: consistían en unas bolas de lana recubiertas de aceite y grasa inflamable que se colocaban en flechas y podían ser disparadas desde las pequeñas pasarelas que habíamos hecho en las murallas. Lo último que colocamos fue la “picas” en la trinchera... Y, por supuesto, arreglamos el puente.

—¡Uf! —suspiré—. ¡Qué trabajazo tiene esto! Ni que las kunoichi fuéramos albañiles.

—¿Acaso crees que no podíamos hacerlo? —preguntó con sorna Niwa—. ¡Yo y mi palo de mierda somos lo más! ¡Y tú y tu Mokuton… bueno, también…! —dijo esto último con vergüenza. A Niwa no le gustaba admitir que yo también había colaborado, aunque fuera un poquito. Incluso, dados nuestros conocimientos en Iryoninjutsu, nos decidimos a curar nuestras heridas la una a la otra.

Frederick, el jefe de la aldea, nos felicitó por nuestro esfuerzo y nos conminó a festejar lo hecho en la única posada de la aldea. Allí, un vocal nombrado por el jefe nos entregó unas cuantas chapas como regalo extra y nos dedicó palabras melosas, pero poco digeribles. Tanto halago me iba a matar...

No hacía falta tanto. Era una albañil-kunoichi y, además, Niwa había realizado el 51%, no, el 49% del trabajo… (Aunque ella dijera, una y otra vez, que me había vencido sobradamente, era mentira).

Solo quedaba esperar a que apareciera el perito correspondiente para que diera la obra por buena y volver a casa. Estaba contentísima, ya que esta misión me había dado una nueva amiga (Niwa) y amigos (el poblado) y multitud de experiencias nuevas…

¿Qué sería lo próximo que me encargarían? ¡Ansiosa me hallaba de saberlo!

El inspector del Consejo de Acero llegó cargado de diversas herramientas. Hizo unas medidas en las estructuras que habían construido, con una especie de maza golpeó por diferentes partes el muro y lanzó una especie de líquido a la trinchera. Evaluó la solidez del puente del centro de la aldea...bueno, saltando con todas sus ganas. Analizó el reflector y comprobó si podía usarse con una fuente de luz artificial (por suerte, sí). Todo el proceso fue silencioso y casi solemne. Finalmente levantó la vista por encima de sus pequeñas gafas en media luna y asintió conforme. La misión había sido un éxito.

Te llevas un 100% de nota, lo que corresponde con 30 puntos + objeto interpretativo sin características especiales (por ejemplo un palo de mierda) y cumples la misión con éxito. Están todas las palabras y casi todas en el orden que te las di (para mayor reto). El relato es entretenido, se ajusta a todas las condiciones que puse (de materiales y geograficos del mapa), aunque habría sido interesante que idearas algo con el río. Ortografía y coherencia muy buena. Todo ok

+10 puntos por la realización de la misión, que no se dieron en su momento
 
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Sigma.

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La cápsula que contenía el mensaje le había llegado por la tarde de aquél día.

La atmósfera regalaba un cálido abrazo, como el candor de las velas de un candelabro, a aquellos que se aventuraban a pasear, fuera de a dos como las parejas o en familia, y gozar de las condiciones del clima… pero para Hiei todo aquello importaba poco; solo veía una tonalidad, un color, y no era el azul zafiro que teñía el cielo, sino más bien un excesivo, viscoso y violento rojo escarlata.

La sangre derramada por sus propias manos todavía seguía atormentándolo desde aquella noche.

No podía sino sentirse temeroso de la misión que le habían encomendado: ¿acaso no se daban cuenta que habían permitido que la custodia de una niña pequeña, dulce e inocente, que no era otra cosa más que una víctima de la guerra, fuera un vil asesino, un sanguinario sin escrúpulos, alguien que no se merecía compasión alguna?

[…]​

Las once de la mañana, ”las horas siamesas como su maestro una vez las había llamado, y se encontraba en el camino con la pequeña Yume correteando a su alrededor, jugando a ser un planeador con sus bracitos extendidos y haciendo sonidos que francamente no podía sino calificar de enternecedores.

Había llovido antes de que partieran, por lo que apenas los primeros rayos de sol comenzaron a asomar nuevamente por el horizonte, un arcoíris iluminó su camino y la imaginación de la chiquilla, que ni corta ni perezosa comenzó con el aluvión de cuestionamientos:

- ¡Onii-chan, ¿cómo se forman los arcoíris?! -

- ¡Onii-chan, ¿por qué somos solo nosotros dos en el viaje?! -

- ¡Onii-chan, ¿tienes alguna comida favorita!? ¡A mí me gustan mucho el arroz, el brócoli y el queso! -

[…]​

Las gotas de lluvia volvieron el entorno gris y lúgubre durante la noche, justo después de que el monje decidiera que pararían para descansar del trajín del viaje. Su cabeza todavía no hacía acopio de las fuerzas necesarias para seguirle el paso al pedacito de sol que escoltaba, sobretodo en los momentos en que su curiosidad explotaba y lo desbordaba con preguntas de todo tipo y color.

Aquella noche, con Yume dormida pacíficamente en su regazo, Hiei lloró. En silencio, desconsolado y haciendo acopio de todas las fuerzas que aún le restaban para no despertarla de su pacífico sueño, derramó todas las lágrimas que hasta ahora no habían querido salir por la mortal culpa que llevaba aguantando desde el fatídico incidente de Otamajakushi.

Se sentía devastado, sobre todo porque era gracias a gente como él mismo que aquella chiquilla cariñosa y llena de bondad tenía que buscar una nueva familia con la qué seguir su vida, ya que sus padres habían perecido en las escaramuzas de la batalla contra Fubukigakure.

Eran demonios muy cruentos para que un joven como él los llevara a cuestas. Y sin embargo, dentro de tanta oscuridad, una luz fulgurante, refulgente como las estrellas de una noche sin luna: la calidez del abrazo de la chiquilla en su sueño, como quien abraza a su osito de peluche para conciliar mejor el sueño.

Hiei volvió a llorar, pero esta vez de alegría, con un comienzo de esperanzas renovadas en una resolución tan firme como espontánea: si debía afrontar todo aquello para poder darle un mejor futuro y un mejor mundo en dónde vivir a niños como su escoltada, lo haría, incluso si aquello significaba volver a tener que atravesar aquél infierno otra vez. Aprendería, mejoraría y evolucionaría, todo con tal de verla sonreír.

[…]​

- …Yo en este caso tan solo soy un transportador, Yume-chan. Me encomendaron que te transporte a ti, mi “carga”, hasta tu nueva villa y tu nueva familia.

- Oooooohhh~… ya veeooo~… - El pensamiento de la pequeña diablilla fue tan rápido y tan feroz que no pudo sino sacarle una risotada ante lo que vino a continuación: - ¡Onii-chan, tengo hambre! ¡Quiero darme una panzada!

[…]​

- ¡Hiei onii-chan, ¿qué es un puerto!?

- ¿Nunca has visto uno, Yume-chan?

- ¡Nop!

- Pues, a ver… Es un lugar, que puede estar dentro de una ciudad o no, en donde los barcos salen de viaje o llegan de viaje. Estos barcos pueden tener muchas cosas, como: personas, colecciones de varios objetos, dinero en monedas y billetes, comida conservada…

- Ooooohhh~… ¡Quiero ir a uno, suenan muy divertidos!

- Jejeje, no me extraña… Dependiendo de dónde estén, de hecho pueden serlo. En cambio, no quisiera encontrarme en un puerto del país de las Sombras por las mutaciones de los animales que hay allí. Dicen que son muy peligrosos…

Su camino se desviaría un poco pero les llevaría a uno aunque sea, un puertillo local de río, para que la chiquilla se divirtiera y viera la de cantidad de cosas que podían hacerse dentro. Incluso intentaría que algún capital la dejara izar una banderilla de algún mástil para que pudiera experimentar con los quehaceres diarios de los marineros y decidiera por ella misma si le divertía o no.

Después de todo, no tenía el corazón tan lleno de maldad como él mismo se había hecho creer en un principio. Si era capaz de hacer aquello por la pequeña Yume, creía tener algún resabio de esperanza todavía.

[…]​

Una alta montaña con un camino cuesta arriba bastante empinado serían sus nuevas distracciones, mientras Hiei pensaba como sortear las peores condiciones climáticas para que la chiquilla no tuviera que afrontar tales miserias en lo que debería ser su último camino a casa.

Había venido preparado, sí, pero no quería exponerla por demás si no era necesario. Incluso en aquél momento, el monje rezaba esperanzado de que todo saliera a pedir de boca y poder entregar a Yume como si de cubiertos en una bandeja de plata se tratara. No solo sus capacidades estaban en juego en aquél momento; no luego de aquella primera noche y el renacimiento de su esperanza.

[…]​

Los avisos de su proximidad a una zona no-grata no tardaron en llegar: una vez sorteada la montaña y entrados en el territorio del país de los Astros, lo primero que sus sentidos captaron fue la fragancia inconfundible de los lirios… mezclada con una dosis liberal de sangre. Encomendó a Yume mantener silencio y quedarse siempre detrás suyo, cuanto más pegada a él, mejor.

Menos de un kilómetro más allá se encontraron con una escena que Hiei no hubiese querido que la chiquilla viera, pero que no pudo evitar: varios manchones de sangre, entre viscosa y seca, regados y esparcidos por las cercanías de su posición en un área bastante extensa. Cada manchón tenía un patrón suficientemente peculiar y característico como para poder inferir su procedencia humana, aparte claro de las diversas armas de filo que habían querido clavar en los dueños de esa sangre y que ahora reposaban al este de la zona, apiladas todas juntas al lado de varias jaulas de acero, todas abiertas y con más rastros de sangre y pelo alrededor.

- Onii-chan… tengo miedo… - La pequeña se aferraba a la pierna del monje como si su vida se le fuera en ello, y no era para menos. Incluso sin cadáveres a la vista, aquella escena no era en absoluto lo que cualquier adulto responsable hubiese querido que una infante dulce y tierna hubiese presenciado.

- No te preocupes Yume, Onii-chan está contigo y te cuidará, ¿me escuchas? No dejaré que te suceda nada malo en absoluto. - Aquella contestación fue acompañada de un fuerte abrazo mientras ponía sus sentidos en agudo, listos para detectar cualquier posible amenaza.

Presentía que el tiempo de un enfrentamiento estaba cerca, por lo que su primera mirada escrutadora se dirigió al bosque circundante, donde una neblina tenue se precipitaba gracias al rocío matutino de las coníferas de aquél lado de la cordillera. Quizá no era muy tarde aún para falsificar su camino y dejar aquellas huellas que ya habían hecho como parte de la treta, desviando la trayectoria por otro lado para confundir a los posibles acechadores. Tendrían que circular con cuidado, pero sin avistajes enemigos en la zona, podrían llegar a realizarlo exitosamente de tomarse el tiempo necesario.

- ¿Sabes algo, Yume-chan? Vamos a jugar un juego: si logramos salir de aquí sin que nadie se percate de nada, te mostraré una foto muy preciada que tengo, ¿vale?

- O-ok… - La chiquilla respondió insegura, aún ocultándose detrás de la manga de su pantalón.

Como había planeado, y gracias también a una gran cuota de suerte, nadie apareció en las cercanías y realizando movimientos concretos lograron salir de la zona del reguero de sangre y metal. Como había prometido, y para tratar de sacar rápidamente de la mente de la chiquilla aquella horrible escena, buscó la foto que siempre traía consigo de entre sus ropas y se la mostró, dejándola que la tomara con mucho cuidado.

- Woooaahhh~… Es muy hermosa~… ¿Quién es?

- Pues… realmente no lo sé, aunque pienso tomar cartas en el asunto y hacer el ejercicio de buscarla y encontrarla. Yo también quiero tener esa respuesta.

La intención era que la pequeña olvidara lo que había visto o por lo menos lo pospusiera hasta estar sana y salva con su nueva familia en donde podrían darle el apoyo necesario para que sobrellevara el temor, pero también debía centrar sus sentidos en seguir alertas ante cualquier tipo de eventualidad que pudiera ocurrir en el camino. Habían abandonado las inmediaciones de la zona sangrienta, pero eso no significaba que estuvieran lejos del peligro; si eso, aquello solo significaba que él debía estar aún más atento puesto que el enemigo ahora podría surgir de cualquier lugar y no tan solo el esperado.

Las lecciones del templo debían estar muy presentes en su cabeza en aquél momento, tanto como cuando tuvo que aprenderlas a base de vistas, revistas y rememoraciones. Tenía que unir a aquella pequeña con su nueva familia y su nuevo hogar a como diera lugar.

- Vaya, vaya, vaya… pero qué tenemos aquí… ¡Parece que pescamos algo para la cena muchachos!

Y ahí estaba: los habían encontrado.

De entre la niebla, unos cuántos metros más allá, surgieron tres rostros llenos de cicatrices, tatuajes y piercings, que hacían palidecer en comparación los que él mismo llevaba en su cuerpo. Aquellas cabezas estaban unidas a cuerpos en iguales condiciones, cada uno portando un tipo de arma distinta pero todas asemejadas a bates de madera con distintas modificaciones.

Yume volvió a temblar de miedo y a esconderse nuevamente tras las piernas de Hiei, aunque claramente aquello no haría nada más que ofrecer una cobertura visual; todo el trabajo a partir de aquél momento dependería del monje.

- ¿Sabes una cosa, cabeza de mora? Hay un contrato por la vida de aquella chiquilla… - Comenzó el que parecía ser el líder, apuntando con su bate entre las piernas y directo al rostro de Yume. - Me siento generoso hoy, ya que has tenido la gracia de traérnosla hasta aquí: ¿qué tal si nos la dejas y simplemente te vas? Mis hermanos y yo te lo agradeceríamos muy mucho, sí sí…

Aquellas palabras hicieron que la sangre de Hiei hirviera, revelando nuevamente aquél lado oscuro que le había poseído hacía unas semanas atrás, y que hasta ahora solo había estado envuelto en sombras, esperando el momento justo para volver a salir.

- Lo único que pienso dejaros es el gemir de dolor cuando les rompa cada uno de sus brazos y sus piernas. Desearán no haberse cruzado en mi camino, o rogarán porque esto termine rápido. Ustedes eligen. - No mediaría palabra alguna más. Solo se pondría en posición de batalla expectante, listo para contrarrestar cualquier golpe, el sudor frío cayéndole por la cien.

Una sarta de risotadas inundó las inmediaciones del bosque. Les había parecido gracioso que tan solo uno, desarmado incluso, les hiciera frente a tres. Como si aquello hiciera alguna diferencia solo porque tuvieran armas.

- Como quieras. Luego no digas que no te dimos la oportunidad eh. Aunque de ser sincero, por dentro estaba esperando que dijeras alguna tontería como esa; teníamos muchas ganas de probar nuestros juguetes nuevos…

Hiei no tenía otra opción que actuar él mismo como carnada, templando sus nervios a los máximos niveles para no dejar pasar tan siquiera una sola esquirla o un solo dedo más allá de sus puños; con Yume a cuestas, usándolo de escudo, no podía permitírselo.

Ahora solo debía juzgar si los mismos miedos que le habían asaltado durante el comienzo de su viaje le ayudarían en algo, usándolos como fragmentos de su aprendizaje y la propia retribución del castigo que les esperaba a aquellos malnacidos que se atrevían a buscar obtener y comerciar con un alma tan pura y radiante como lo era su protegida.
 

JimmyMcNulty

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La cápsula que contenía el mensaje le había llegado por la tarde de aquel día.

La atmósfera regalaba un cálido abrazo, como el candor de las velas de un candelabro, a aquellos que se aventuraban a pasear, fuera de a dos como las parejas o en familia, y gozar de las condiciones del clima… pero para Hiei todo aquello importaba poco; solo veía una tonalidad, un color, y no era el azul zafiro que teñía el cielo, sino más bien un excesivo, viscoso y violento rojo escarlata.

La sangre derramada por sus propias manos todavía seguía atormentándolo desde aquella noche.

No podía sino sentirse temeroso de la misión que le habían encomendado: ¿acaso no se daban cuenta que habían permitido que la custodia de una niña pequeña, dulce e inocente, que no era otra cosa más que una víctima de la guerra, fuera un vil asesino, un sanguinario sin escrúpulos, alguien que no se merecía compasión alguna?

[…]​

Las once de la mañana, ”las horas siamesas como su maestro una vez las había llamado, y se encontraba en el camino con la pequeña Yume correteando a su alrededor, jugando a ser un planeador con sus bracitos extendidos y haciendo sonidos que francamente no podía sino calificar de enternecedores.

Había llovido antes de que partieran, por lo que apenas los primeros rayos de sol comenzaron a asomar nuevamente por el horizonte, un arcoíris iluminó su camino y la imaginación de la chiquilla, que ni corta ni perezosa comenzó con el aluvión de cuestionamientos:

- ¡Onii-chan, ¿cómo se forman los arcoíris?! -

- ¡Onii-chan, ¿por qué somos solo nosotros dos en el viaje?! -

- ¡Onii-chan, ¿tienes alguna comida favorita!? ¡A mí me gustan mucho el arroz, el brócoli y el queso! -

[…]​

Las gotas de lluvia volvieron el entorno gris y lúgubre durante la noche, justo después de que el monje decidiera que pararían para descansar del trajín del viaje. Su cabeza todavía no hacía acopio de las fuerzas necesarias para seguirle el paso al pedacito de sol que escoltaba, sobretodo en los momentos en que su curiosidad explotaba y lo desbordaba con preguntas de todo tipo y color.

Aquella noche, con Yume dormida pacíficamente en su regazo, Hiei lloró. En silencio, desconsolado y haciendo acopio de todas las fuerzas que aún le restaban para no despertarla de su pacífico sueño, derramó todas las lágrimas que hasta ahora no habían querido salir por la mortal culpa que llevaba aguantando desde el fatídico incidente de Otamajakushi.

Se sentía devastado, sobre todo porque era gracias a gente como él mismo que aquella chiquilla cariñosa y llena de bondad tenía que buscar una nueva familia con la qué seguir su vida, ya que sus padres habían perecido en las escaramuzas de la batalla contra Fubukigakure.

Eran demonios muy cruentos para que un joven como él los llevara a cuestas. Y sin embargo, dentro de tanta oscuridad, una luz fulgurante, refulgente como las estrellas de una noche sin luna: la calidez del abrazo de la chiquilla en su sueño, como quien abraza a su osito de peluche para conciliar mejor el sueño.

Hiei volvió a llorar, pero esta vez de alegría, con un comienzo de esperanzas renovadas en una resolución tan firme como espontánea: si debía afrontar todo aquello para poder darle un mejor futuro y un mejor mundo en dónde vivir a niños como su escoltada, lo haría, incluso si aquello significaba volver a tener que atravesar aquél infierno otra vez. Aprendería, mejoraría y evolucionaría, todo con tal de verla sonreír.

[…]​

- …Yo en este caso tan solo soy un transportador, Yume-chan. Me encomendaron que te transporte a ti, mi “carga”, hasta tu nueva villa y tu nueva familia.

- Oooooohhh~… ya veeooo~… - El pensamiento de la pequeña diablilla fue tan rápido y tan feroz que no pudo sino sacarle una risotada ante lo que vino a continuación: - ¡Onii-chan, tengo hambre! ¡Quiero darme una panzada!

[…]​

- ¡Hiei onii-chan, ¿qué es un puerto!?

- ¿Nunca has visto uno, Yume-chan?

- ¡Nop!

- Pues, a ver… Es un lugar, que puede estar dentro de una ciudad o no, en donde los barcos salen de viaje o llegan de viaje. Estos barcos pueden tener muchas cosas, como: personas, colecciones de varios objetos, dinero en monedas y billetes, comida conservada…

- Ooooohhh~… ¡Quiero ir a uno, suenan muy divertidos!

- Jejeje, no me extraña… Dependiendo de dónde estén, de hecho pueden serlo. En cambio, no quisiera encontrarme en un puerto del país de las Sombras por las mutaciones de los animales que hay allí. Dicen que son muy peligrosos…

Su camino se desviaría un poco pero les llevaría a uno aunque sea, un puertillo local de río, para que la chiquilla se divirtiera y viera la de cantidad de cosas que podían hacerse dentro. Incluso intentaría que algún capital la dejara izar una banderilla de algún mástil para que pudiera experimentar con los quehaceres diarios de los marineros y decidiera por ella misma si le divertía o no.

Después de todo, no tenía el corazón tan lleno de maldad como él mismo se había hecho creer en un principio. Si era capaz de hacer aquello por la pequeña Yume, creía tener algún resabio de esperanza todavía.

[…]​

Una alta montaña con un camino cuesta arriba bastante empinado serían sus nuevas distracciones, mientras Hiei pensaba como sortear las peores condiciones climáticas para que la chiquilla no tuviera que afrontar tales miserias en lo que debería ser su último camino a casa.

Había venido preparado, sí, pero no quería exponerla por demás si no era necesario. Incluso en aquél momento, el monje rezaba esperanzado de que todo saliera a pedir de boca y poder entregar a Yume como si de cubiertos en una bandeja de plata se tratara. No solo sus capacidades estaban en juego en aquél momento; no luego de aquella primera noche y el renacimiento de su esperanza.

[…]​

Los avisos de su proximidad a una zona no-grata no tardaron en llegar: una vez sorteada la montaña y entrados en el territorio del país de los Astros, lo primero que sus sentidos captaron fue la fragancia inconfundible de los lirios… mezclada con una dosis liberal de sangre. Encomendó a Yume mantener silencio y quedarse siempre detrás suyo, cuanto más pegada a él, mejor.

Menos de un kilómetro más allá se encontraron con una escena que Hiei no hubiese querido que la chiquilla viera, pero que no pudo evitar: varios manchones de sangre, entre viscosa y seca, regados y esparcidos por las cercanías de su posición en un área bastante extensa. Cada manchón tenía un patrón suficientemente peculiar y característico como para poder inferir su procedencia humana, aparte claro de las diversas armas de filo que habían querido clavar en los dueños de esa sangre y que ahora reposaban al este de la zona, apiladas todas juntas al lado de varias jaulas de acero, todas abiertas y con más rastros de sangre y pelo alrededor.

- Onii-chan… tengo miedo… - La pequeña se aferraba a la pierna del monje como si su vida se le fuera en ello, y no era para menos. Incluso sin cadáveres a la vista, aquella escena no era en absoluto lo que cualquier adulto responsable hubiese querido que una infante dulce y tierna hubiese presenciado.

- No te preocupes Yume, Onii-chan está contigo y te cuidará, ¿me escuchas? No dejaré que te suceda nada malo en absoluto. - Aquella contestación fue acompañada de un fuerte abrazo mientras ponía sus sentidos en agudo, listos para detectar cualquier posible amenaza.

Presentía que el tiempo de un enfrentamiento estaba cerca, por lo que su primera mirada escrutadora se dirigió al bosque circundante, donde una neblina tenue se precipitaba gracias al rocío matutino de las coníferas de aquél lado de la cordillera. Quizá no era muy tarde aún para falsificar su camino y dejar aquellas huellas que ya habían hecho como parte de la treta, desviando la trayectoria por otro lado para confundir a los posibles acechadores. Tendrían que circular con cuidado, pero sin avistajes enemigos en la zona, podrían llegar a realizarlo exitosamente de tomarse el tiempo necesario.

- ¿Sabes algo, Yume-chan? Vamos a jugar un juego: si logramos salir de aquí sin que nadie se percate de nada, te mostraré una foto muy preciada que tengo, ¿vale?

- O-ok… - La chiquilla respondió insegura, aún ocultándose detrás de la manga de su pantalón.

Como había planeado, y gracias también a una gran cuota de suerte, nadie apareció en las cercanías y realizando movimientos concretos lograron salir de la zona del reguero de sangre y metal. Como había prometido, y para tratar de sacar rápidamente de la mente de la chiquilla aquella horrible escena, buscó la foto que siempre traía consigo de entre sus ropas y se la mostró, dejándola que la tomara con mucho cuidado.

- Woooaahhh~… Es muy hermosa~… ¿Quién es?

- Pues… realmente no lo sé, aunque pienso tomar cartas en el asunto y hacer el ejercicio de buscarla y encontrarla. Yo también quiero tener esa respuesta.

La intención era que la pequeña olvidara lo que había visto o por lo menos lo pospusiera hasta estar sana y salva con su nueva familia en donde podrían darle el apoyo necesario para que sobrellevara el temor, pero también debía centrar sus sentidos en seguir alertas ante cualquier tipo de eventualidad que pudiera ocurrir en el camino. Habían abandonado las inmediaciones de la zona sangrienta, pero eso no significaba que estuvieran lejos del peligro; si eso, aquello solo significaba que él debía estar aún más atento puesto que el enemigo ahora podría surgir de cualquier lugar y no tan solo el esperado.

Las lecciones del templo debían estar muy presentes en su cabeza en aquél momento, tanto como cuando tuvo que aprenderlas a base de vistas, revistas y rememoraciones. Tenía que unir a aquella pequeña con su nueva familia y su nuevo hogar a como diera lugar.

- Vaya, vaya, vaya… pero qué tenemos aquí… ¡Parece que pescamos algo para la cena muchachos!

Y ahí estaba: los habían encontrado.

De entre la niebla, unos cuántos metros más allá, surgieron tres rostros llenos de cicatrices, tatuajes y piercings, que hacían palidecer en comparación los que él mismo llevaba en su cuerpo. Aquellas cabezas estaban unidas a cuerpos en iguales condiciones, cada uno portando un tipo de arma distinta pero todas asemejadas a bates de madera con distintas modificaciones.

Yume volvió a temblar de miedo y a esconderse nuevamente tras las piernas de Hiei, aunque claramente aquello no haría nada más que ofrecer una cobertura visual; todo el trabajo a partir de aquél momento dependería del monje.

- ¿Sabes una cosa, cabeza de mora? Hay un contrato por la vida de aquella chiquilla… - Comenzó el que parecía ser el líder, apuntando con su bate entre las piernas y directo al rostro de Yume. - Me siento generoso hoy, ya que has tenido la gracia de traérnosla hasta aquí: ¿qué tal si nos la dejas y simplemente te vas? Mis hermanos y yo te lo agradeceríamos muy mucho, sí sí…

Aquellas palabras hicieron que la sangre de Hiei hirviera, revelando nuevamente aquél lado oscuro que le había poseído hacía unas semanas atrás, y que hasta ahora solo había estado envuelto en sombras, esperando el momento justo para volver a salir.

- Lo único que pienso dejaros es el gemir de dolor cuando les rompa cada uno de sus brazos y sus piernas. Desearán no haberse cruzado en mi camino, o rogarán porque esto termine rápido. Ustedes eligen. - No mediaría palabra alguna más. Solo se pondría en posición de batalla expectante, listo para contrarrestar cualquier golpe, el sudor frío cayéndole por la cien.

Una sarta de risotadas inundó las inmediaciones del bosque. Les había parecido gracioso que tan solo uno, desarmado incluso, les hiciera frente a tres. Como si aquello hiciera alguna diferencia solo porque tuvieran armas.

- Como quieras. Luego no digas que no te dimos la oportunidad eh. Aunque de ser sincero, por dentro estaba esperando que dijeras alguna tontería como esa; teníamos muchas ganas de probar nuestros juguetes nuevos…

Hiei no tenía otra opción que actuar él mismo como carnada, templando sus nervios a los máximos niveles para no dejar pasar tan siquiera una sola esquirla o un solo dedo más allá de sus puños; con Yume a cuestas, usándolo de escudo, no podía permitírselo.

Ahora solo debía juzgar si los mismos miedos que le habían asaltado durante el comienzo de su viaje le ayudarían en algo, usándolos como fragmentos de su aprendizaje y la propia retribución del castigo que les esperaba a aquellos malnacidos que se atrevían a buscar obtener y comerciar con un alma tan pura y radiante como lo era su protegida.


Hiei esperó a que los malhechores se abalanzaran sobre él. Se lanzaron todos en tromba, sin tener en cuenta las características físicas de Hiei, ni su capacidad y estilo de combate. Eso dejaba entrever que eran novatos en los asuntos que implicaban la violencia como arma primordial. Solo bastó con un poco de taijutsu básico para desembarazarse de ellos y dejarlos noqueados. Hiei se contuvo gracias a que la pequeña Yume estaba viéndolo. Se asustó un poco, pero recuperó su alegría natural al contemplar que Hiei había hecho su trabajo con creces. Ató a los maleantes y los llevó unos metros más allá, a un pueblo. Allí, las autoridades se encargarían de los maleantes. Había muchos testigos que eran conscientes de la identidad de las personas y de sus antecedentes, así que Hiei podría despreocuparse.

Al día siguiente, llegaron al destino contemplado por la misión. Con ello, Hiei podía darse por satisfecho. Yume le agradeció su entrega dándole un beso en la mejilla. Hasta le sacó una promesa de verse de nuevo algún día de estos.




Te llevas un 100%, lo que corresponde a 30 puntos + objeto interpretativo sin efecto, además de haber concluido con éxito la misión. Has incluido las 50 palabras y has creado una misión que no se me ha hecho aburrida, sino al contrario,la narración ha sido bastante entretenida y el personaje de Yume ha estado genial en todo momento, además de que has sido bastante lúcido a la hora de interpretar la situación de Hiei (no en vano es tu personaje).

Un saludo, ¡y nos vemos en la próxima misión!

EDIT: +10 puntos por la realización de la misión que no se dieron en su momento
 
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Lergand

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El mesón de la tía Mary estaba a rebosar en la Villa de la Luna esa mañana. Zerion disfrutaba de su tarta de queso, que se había encargado de endulzar previamente con una mermelada rosa, probablemente de fresa. Aroi lo acompañaba, desayunando con algo más de fuerza. Comía sin prisa un buen asado acompañado de una bebida que Zerion supuso que sería vino.

-Bueno –interrumpió el genin-, parece que volvemos a estar juntos en una misión –parecía algo nervioso, como si no supiera qué decir. Aroi paró un momento para hablar, risueño.

-Sí. ¿No es una coincidencia? –dio un trago a su bebida- Es una suerte volver a coincidir. Aunque no es la clase de misión que más me guste, tú sabes… Pero al menos es relajada.

Zerion pudo relajarse un tanto. El tono amistoso de Aroi siempre lo tranquilizaba. Y aquellas palabras no dejaban de resonar en su cabeza: una suerte volver a coincidir. Comenzaba a cogerle cariño a aquel hombre.

-Sí –coincidió-, echar unas horas en la biblioteca no es lo que se dice una misión movidita… No vamos a tener que cepillarnos a ninguna mafia u organización criminal de espoliadores; pero tampoco vamos a estar llenándonos la panza de manjares en una hamaca al sol mientras nos abanican… -rió, bromista.

Aroi correspondió su broma. Ambos mantenían un tono amistoso y la conversación fluía entre temas relativos a la misión y temas banales. Al terminar de desayunar se pusieron en marcha hacia la biblioteca.

Tardaron poco en llegar. Zerion recordaba bien aquel edificio, aunque hacía muchos años que había estado. Fue durante la fiesta de mitad de verano, con Ayame. Por aquel entonces era un chico muy disperso y no se había dado cuenta de lo importante e íntimo que era para ella llevarlo a aquel lugar. Ahora se arrepentía de no haber disfrutado más del momento.

Entraron y buscaron en la recepción a la bibliotecaria con la que debían contactar para que les diera los detalles de la misión. La mujer, entrada en carnes y con una prominente papada, dejó su aguja de croché para mirarlos por encima del hombro. Los analizó desconfiada, hasta que finalmente les dedicó una sonrisa irónica antes de entregarles una carpeta donde venían detalles de la misión, como la sección donde debían buscar una llave para poder acceder al archivo... Por supuesto, aquella parte de la biblioteca no estaba abierta para cualquiera, pues contenía libros y pergaminos con jutsus secretos, informes militares, planos detallados de las defensas de la villa, etc.

-Muy agradable, sí –susurró sarcástico Aroi cuando se hubieron alejado. Zerion le correspondió, cómplice, con una vuelta de ojos exasperado.

Finalmente llegaron a la sala. Cerraron tras de sí la amplia puerta y se hizo la oscuridad. Zerion había sido precavido y había traído un farolillo eléctrico consigo. Ni con aquella luz podían llegar a distinguir el otro extremo de la habitación. Además, a diferencia del resto de la biblioteca, allí hacía un frío casi artificial.

Cada uno se acercó a diferentes estanterías para examinar los volúmenes y coger aquellos que pudieran interesarles para la misión. Zerion tuvo que subir en cierto punto por unas escaleras de madera podrida por el desuso. Apenas se deslizaba, tenía las vías de las ruedas llenas de suciedad y se atascaba. Si fuera poco, el anclaje no funcionaba y para cuando llegaba a lo más alto la escalera se había desplazado y no alcanzaba a coger el pergamino por el cual había subido. A veces se conformaba con su vecino y desistía; pero otras veces tenía que bajar de nuevo la escalera, moverla y volver a subir. Después de hacer esquí sobre escalera durante un buen rato, Zerion se dio cuenta de la inclinación del suelo y hacia dónde y cuánto se movería una escalera cuando se subiera.

La recopilación de documentos les llevó en total una hora. Despejaron de polvo una mesa y depositaron sobre ella todo el papeleo. Aroi soltó un largo suspiro antes de sentarse y abrir el primer pergamino. Zerion no tardó mucho más en ponerse con su propio libro.

…la ardilla moteada albina domina las coníferas de las montañas del País de la Nieve. Su principal depredador es el halcón fiscal; denominado así por sus comportamientos sociales y capacidad deductiva cuando uno de su especie es depredado por otra especie o muere en un enfrentamiento con uno de su especie…
Al ver tanta información aparentemente irrelevante, Zerion avanzó unas cuantas páginas.

…la tortuga globo es un reptil palmípedo nativo del mar al sur del País de los Astros y de las Almas. Comparte hábitat con el pingüino isleño…
Tras determinar que aquella lectura no le aportaría nada, Zerion dejó de lado el volumen. El siguiente que tomó era un pergamino con un esmerado acabado en oro. El contenido tenía también un tono recargado. Narraba la historia de un guerrero, sin definir si se trataba de un ninja, samurái u otra clase. Solo mencionaba que era el capitán del ejército de su señor. Zerion asumió que hablaba de un samurái. El lenguaje que utilizaba el escritor era anticuado y obsoleto. El genin tuvo que encontrar un diccionario para ver la definición de algunas de las palabras, y aun así su significado no le quedaba del todo claro en muchas ocasiones.

Pasaron varios documentos de forma infructuosa. Las horas pasaban entre aburrido silencio. De vez en cuando Aroi y Zerion intercambiaban miradas cuando descartaban su lectura y se apuntaban un punto en una imaginaria tabla de conteo, como si fuera una competición. Ambos sentían el cansancio y pronto pasaron a parpadear en demasía. Los ojos se les resecaban y tenían fatiga y hambre.

Salieron de la biblioteca, comprobando haber cerrado antes de irse. Se pasearon por la villa estirando sus músculos agarrotados. Pasaron por una lonja furtivamente, donde Aroi conocía a una mujer que vendía, según ella, el pescado más fresco y exclusivo de Luna. Tomaron un par de piezas que más tarde les preparó el dueño de una taberna de la zona que esta vez era conocido de Zerion. Entre ambos tuvieron una comida deliciosa. Con razón aquella mujer decía que vendía el mejor pescado de la villa.

La vuelta fue más animada. Ambos estaban mucho más despejados y el camino se hizo volando entre conversaciones y bromas. También compartieron los no-frutos de su investigación, algo decepcionados; pero sin perder el tono divertido. Zerion apreciaba cómo el jōnin sacaba el lado bueno de cada situación, sin desanimarse.

Los siguientes documentos tampoco fueron mucho mejores. El más interesaba hablaba del Clan Remo, también llamado Clan Senpū, o Clan Torbellino. Era un clan antiguo, centrado en técnicas de sellado que había colaborado con Tsukigakure y la primera Tsukikage. El clan fue exterminado por Midori, cuando descubrió los planes para hacerse con el control de la villa y el país por medio de la fuerza militar. La orden de exterminio se mandó revocar en el último momento para los niños del clan, inocentes. Sin embargo, parece que no llegó a tiempo y estos también corrieron la suerte de desaparecer.

-Aroi –llamó a su compañero, emocionado-, mira esto, podría ser algo –de momento era el único documento que había mencionado al menos por encima a la primera Tsukikage. Aquello era emocionante-. Según esto, la primera Tsukikage detuvo un golpe de estado por parte de un clan… -Zerion tuvo una revelación- ¿Y si esas técnicas que estamos buscando son las que Midori Uchiha copió de este clan? ¿Y si está codificado el libro para solo verlo con un doujutsu que pueda ver chakra? –empezó pasar las páginas hasta unos símbolos que no había sabido reconocer- ¡Aquí! Mira.

Sin dudarlo un instante, Zerion activó su Reinegan. Los símbolos revelaron entonces un intenso chakra que completaban los símbolos en tinta en una especie de círculo de invocación. Nada más verlo, el libro comenzó a vibrar. Se apartaron a una distancia prudencial. Pudieron ver cómo una masa viscosa parecida al látex y llena de tentáculos aparecía de entre las hojas… Además, si su apariencia no fuera lo suficientemente aterradora, docenas de rostros se agolpaban en su interior, empujando por salir.

-Son los niños del Clan… -Zerion podía ver los diferentes flujos de chakra por el cuerpo del monstruo- Los tiene rehén, tenemos que ayudarlos…

-Yo me encargo de mantenerlo a raya, tú sácalos de ahí, como con los shuriken gigantes del mafioso.

Aroi usó entonces una especie de técnica de viento con una potencia suficiente para hacer retroceder al monstruo y que no pudiera acercarse a Zerion. Este, mientras tanto, iba marcando a los niños y tiraba de ellos con su técnica ocular de atracción. Estaban como pegados, cuando los atraía no salían de la masa viscosa, por lo que tenía que usar un kunai para cortar aquel petróleo. Cada vez que lo hacía el látex explotaba y caía para regar el suelo de negro y parte de su ropa. Instantes después se evaporaba sin dejar rastro, dejando a los niños libres.

El proceso fue cansado y tedioso. Ambos ninjas estaban a las últimas de chakra cuando consiguieron sacar al último niño. Ninguno estaba plenamente consciente, sino que estaban en una especie de trance parecida a la que se tiene tras haber consumido opio.

El monstruo había reducido su tamaño de forma increíble al extraer a los niños de su interior. Además, su chakra había disminuido también. Probablemente se alimentaba del de los niños, cual parásito. Eliminarlo debía ser ahora muy fácil.

Con la ayuda de las técnicas de viento de Aroi, que potenciaban las flechas de Zerion, lanzarían una serie de ataques directos. Usar alguna técnica eléctrica o ígnea no era una buena opción en un espacio cerrado y lleno de papel… Por eso centrarse en hacer explotar el monstruo a base de aire comprimido insertados en su interior por las flechas de Zerion sería la mejor opción. Además, un par de flechas con sellos inhibidores de chakra podrían incrustarse en su cuerpo viscoso y evitar que realizara cualquier técnica peligrosa.
 

JimmyMcNulty

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Una cabaña de madera
El mesón de la tía Mary estaba a rebosar en la Villa de la Luna esa mañana. Zerion disfrutaba de su tarta de queso, que se había encargado de endulzar previamente con una mermelada rosa, probablemente de fresa. Aroi lo acompañaba, desayunando con algo más de fuerza. Comía sin prisa un buen asado acompañado de una bebida que Zerion supuso que sería vino.

-Bueno –interrumpió el genin-, parece que volvemos a estar juntos en una misión –parecía algo nervioso, como si no supiera qué decir. Aroi paró un momento para hablar, risueño.

-Sí. ¿No es una coincidencia? –dio un trago a su bebida- Es una suerte volver a coincidir. Aunque no es la clase de misión que más me guste, tú sabes… Pero al menos es relajada.

Zerion pudo relajarse un tanto. El tono amistoso de Aroi siempre lo tranquilizaba. Y aquellas palabras no dejaban de resonar en su cabeza: una suerte volver a coincidir. Comenzaba a cogerle cariño a aquel hombre.

-Sí –coincidió-, echar unas horas en la biblioteca no es lo que se dice una misión movidita… No vamos a tener que cepillarnos a ninguna mafia u organización criminal de espoliadores; pero tampoco vamos a estar llenándonos la panza de manjares en una hamaca al sol mientras nos abanican… -rió, bromista.

Aroi correspondió su broma. Ambos mantenían un tono amistoso y la conversación fluía entre temas relativos a la misión y temas banales. Al terminar de desayunar se pusieron en marcha hacia la biblioteca.

Tardaron poco en llegar. Zerion recordaba bien aquel edificio, aunque hacía muchos años que había estado. Fue durante la fiesta de mitad de verano, con Ayame. Por aquel entonces era un chico muy disperso y no se había dado cuenta de lo importante e íntimo que era para ella llevarlo a aquel lugar. Ahora se arrepentía de no haber disfrutado más del momento.

Entraron y buscaron en la recepción a la bibliotecaria con la que debían contactar para que les diera los detalles de la misión. La mujer, entrada en carnes y con una prominente papada, dejó su aguja de croché para mirarlos por encima del hombro. Los analizó desconfiada, hasta que finalmente les dedicó una sonrisa irónica antes de entregarles una carpeta donde venían detalles de la misión, como la sección donde debían buscar una llave para poder acceder al archivo... Por supuesto, aquella parte de la biblioteca no estaba abierta para cualquiera, pues contenía libros y pergaminos con jutsus secretos, informes militares, planos detallados de las defensas de la villa, etc.

-Muy agradable, sí –susurró sarcástico Aroi cuando se hubieron alejado. Zerion le correspondió, cómplice, con una vuelta de ojos exasperado.

Finalmente llegaron a la sala. Cerraron tras de sí la amplia puerta y se hizo la oscuridad. Zerion había sido precavido y había traído un farolillo eléctrico consigo. Ni con aquella luz podían llegar a distinguir el otro extremo de la habitación. Además, a diferencia del resto de la biblioteca, allí hacía un frío casi artificial.

Cada uno se acercó a diferentes estanterías para examinar los volúmenes y coger aquellos que pudieran interesarles para la misión. Zerion tuvo que subir en cierto punto por unas escaleras de madera podrida por el desuso. Apenas se deslizaba, tenía las vías de las ruedas llenas de suciedad y se atascaba. Si fuera poco, el anclaje no funcionaba y para cuando llegaba a lo más alto la escalera se había desplazado y no alcanzaba a coger el pergamino por el cual había subido. A veces se conformaba con su vecino y desistía; pero otras veces tenía que bajar de nuevo la escalera, moverla y volver a subir. Después de hacer esquí sobre escalera durante un buen rato, Zerion se dio cuenta de la inclinación del suelo y hacia dónde y cuánto se movería una escalera cuando se subiera.

La recopilación de documentos les llevó en total una hora. Despejaron de polvo una mesa y depositaron sobre ella todo el papeleo. Aroi soltó un largo suspiro antes de sentarse y abrir el primer pergamino. Zerion no tardó mucho más en ponerse con su propio libro.

…la ardilla moteada albina domina las coníferas de las montañas del País de la Nieve. Su principal depredador es el halcón fiscal; denominado así por sus comportamientos sociales y capacidad deductiva cuando uno de su especie es depredado por otra especie o muere en un enfrentamiento con uno de su especie…
Al ver tanta información aparentemente irrelevante, Zerion avanzó unas cuantas páginas.

…la tortuga globo es un reptil palmípedo nativo del mar al sur del País de los Astros y de las Almas. Comparte hábitat con el pingüino isleño…
Tras determinar que aquella lectura no le aportaría nada, Zerion dejó de lado el volumen. El siguiente que tomó era un pergamino con un esmerado acabado en oro. El contenido tenía también un tono recargado. Narraba la historia de un guerrero, sin definir si se trataba de un ninja, samurái u otra clase. Solo mencionaba que era el capitán del ejército de su señor. Zerion asumió que hablaba de un samurái. El lenguaje que utilizaba el escritor era anticuado y obsoleto. El genin tuvo que encontrar un diccionario para ver la definición de algunas de las palabras, y aun así su significado no le quedaba del todo claro en muchas ocasiones.

Pasaron varios documentos de forma infructuosa. Las horas pasaban entre aburrido silencio. De vez en cuando Aroi y Zerion intercambiaban miradas cuando descartaban su lectura y se apuntaban un punto en una imaginaria tabla de conteo, como si fuera una competición. Ambos sentían el cansancio y pronto pasaron a parpadear en demasía. Los ojos se les resecaban y tenían fatiga y hambre.

Salieron de la biblioteca, comprobando haber cerrado antes de irse. Se pasearon por la villa estirando sus músculos agarrotados. Pasaron por una lonja furtivamente, donde Aroi conocía a una mujer que vendía, según ella, el pescado más fresco y exclusivo de Luna. Tomaron un par de piezas que más tarde les preparó el dueño de una taberna de la zona que esta vez era conocido de Zerion. Entre ambos tuvieron una comida deliciosa. Con razón aquella mujer decía que vendía el mejor pescado de la villa.

La vuelta fue más animada. Ambos estaban mucho más despejados y el camino se hizo volando entre conversaciones y bromas. También compartieron los no-frutos de su investigación, algo decepcionados; pero sin perder el tono divertido. Zerion apreciaba cómo el jōnin sacaba el lado bueno de cada situación, sin desanimarse.

Los siguientes documentos tampoco fueron mucho mejores. El más interesaba hablaba del Clan Remo, también llamado Clan Senpū, o Clan Torbellino. Era un clan antiguo, centrado en técnicas de sellado que había colaborado con Tsukigakure y la primera Tsukikage. El clan fue exterminado por Midori, cuando descubrió los planes para hacerse con el control de la villa y el país por medio de la fuerza militar. La orden de exterminio se mandó revocar en el último momento para los niños del clan, inocentes. Sin embargo, parece que no llegó a tiempo y estos también corrieron la suerte de desaparecer.

-Aroi –llamó a su compañero, emocionado-, mira esto, podría ser algo –de momento era el único documento que había mencionado al menos por encima a la primera Tsukikage. Aquello era emocionante-. Según esto, la primera Tsukikage detuvo un golpe de estado por parte de un clan… -Zerion tuvo una revelación- ¿Y si esas técnicas que estamos buscando son las que Midori Uchiha copió de este clan? ¿Y si está codificado el libro para solo verlo con un doujutsu que pueda ver chakra? –empezó pasar las páginas hasta unos símbolos que no había sabido reconocer- ¡Aquí! Mira.

Sin dudarlo un instante, Zerion activó su Reinegan. Los símbolos revelaron entonces un intenso chakra que completaban los símbolos en tinta en una especie de círculo de invocación. Nada más verlo, el libro comenzó a vibrar. Se apartaron a una distancia prudencial. Pudieron ver cómo una masa viscosa parecida al látex y llena de tentáculos aparecía de entre las hojas… Además, si su apariencia no fuera lo suficientemente aterradora, docenas de rostros se agolpaban en su interior, empujando por salir.

-Son los niños del Clan… -Zerion podía ver los diferentes flujos de chakra por el cuerpo del monstruo- Los tiene rehén, tenemos que ayudarlos…

-Yo me encargo de mantenerlo a raya, tú sácalos de ahí, como con los shuriken gigantes del mafioso.

Aroi usó entonces una especie de técnica de viento con una potencia suficiente para hacer retroceder al monstruo y que no pudiera acercarse a Zerion. Este, mientras tanto, iba marcando a los niños y tiraba de ellos con su técnica ocular de atracción. Estaban como pegados, cuando los atraía no salían de la masa viscosa, por lo que tenía que usar un kunai para cortar aquel petróleo. Cada vez que lo hacía el látex explotaba y caía para regar el suelo de negro y parte de su ropa. Instantes después se evaporaba sin dejar rastro, dejando a los niños libres.

El proceso fue cansado y tedioso. Ambos ninjas estaban a las últimas de chakra cuando consiguieron sacar al último niño. Ninguno estaba plenamente consciente, sino que estaban en una especie de trance parecida a la que se tiene tras haber consumido opio.

El monstruo había reducido su tamaño de forma increíble al extraer a los niños de su interior. Además, su chakra había disminuido también. Probablemente se alimentaba del de los niños, cual parásito. Eliminarlo debía ser ahora muy fácil.

Con la ayuda de las técnicas de viento de Aroi, que potenciaban las flechas de Zerion, lanzarían una serie de ataques directos. Usar alguna técnica eléctrica o ígnea no era una buena opción en un espacio cerrado y lleno de papel… Por eso centrarse en hacer explotar el monstruo a base de aire comprimido insertados en su interior por las flechas de Zerion sería la mejor opción. Además, un par de flechas con sellos inhibidores de chakra podrían incrustarse en su cuerpo viscoso y evitar que realizara cualquier técnica peligrosa.



Gracias a la estrategia anteriormente establecida, Zerion y Aroi consiguieron derrotar a la masa palpitante, que desapareció sin dejar rastro.La criatura había muerto definitivamente y la técnica fue destruida. Zerion, líder del clan Reiden, pudo completar su misión sin mayor problema, al igual que Aroi, el que, para celebrarlo, decidió invitar a una comilona acompañados de otros hinobi de la villa tales como Taimu Kohi, Mizumaru Hozuki, Sho Shinoda y Shoko Kinoko.



Te llevas un 100% de nota, más 30 puntos y un objeto interpretativo a escoger, no he notado nada raro o extraño, y están todas las palabras... ¡Felicidades! Nos vemos en la siguiente misión.

EDIT: +10 puntos por la realización de la misión que no se dieron en su momento
 
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daNin

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Un estruendo me despertó aquella mañana rompiendo mi armonía. Un bolo había traspasado la cristalera haciéndola añicos con forma de polígonos, y había roto una de las patas, no te imaginas mi sorpresa cuando este se abrió solo y descubrí que contenía un pergamino de una misión. Deberían prohibir este tipo de envió. Más cuando era a mi quien me tocaba pagar al cristalero y al ebanista.


Miré la pantalla del reloj con tristeza, antes de leer su contenido, estaba cansada y sudada pues a pesar de no tener calefacción aquella habitación era un invernadero natural, debía de oler como un deportista después de un entrenamiento, como un esquiador tras una hora de ejercicio al sol, pero nada que una ducha no solucionara me traté de animar.

Bet la había cagado bien, recordaba las palabras del reportero sobre él, y por lo poco que había podido comprobar, no era un modelo a seguir sino más bien una rata de libro como la rudeza de mi misión permitía especular. Le imaginaba viviendo de gorra vestido con un traje caro, y zapatos pulidos con grasa de ballena, viviendo sin el mínimo sacrificio en un paraíso de recreo, y yendo a diario hasta arriba de Whisky con Soda. Las instrucciones eran claras, le querían fiambre aunque en vez del cadáver se te permitía amputar por debajo de la nuca y llevar solo su cabeza aunque con mi nivel de sellado transportarle una vez muerto no sería gran problema.

La ciudad de Garasagakure estaba lejos así que cogí un cochecito de un solo caballo y cuando el conductor lo fue a ensillar, saqué de nuevo el bolo, y lo hice rotar para que mostrara de nuevo su contenido para memorizar el plano con la minuciosidad de un científico, no sabía si había guardias, pero desde luego el lugar tenía amplias posibilidades de escape. Sellé de nuevo el bolo y llamé a mi cochero con la billetera abierta y el dinero para saldar la deuda contraída por el viaje en la mano. Delante de él me transformé con el henge en un niño y cambié mi voz adecuándola a este mientras le hablaba para asegurarme que no se sorprendería ni reiría al verme. Esperé un rato satisfecha con el resultado y segura de que Bet no sospecharía nada.

Entré en aquel antro de mala muerte, no era lugar para un niño, pero traía un presente para él solo si me atendía y su curiosidad me hizo llamar. Era una ensalada muy extraña, una sorpresa para Sayo. Vertida sobre un aguijónde Berenjena sin cáscara se encontraban trozos de varios tipos de lechugasumergidos en una gelatina de Kiwi. Metío los dedos y se lo comió destacando que estaba fresco, tras ello me invitó a hablar y no perdí la ocasión. - Oh estimado Bet Moresh, me han entrenado desde los tres años para convertirme en el iniciado más joven de mi pueblo, aunque aún lograra despertar mi elemento youton, era el favorito para este título hasta que el año pasado el hijo de una pareja de shinobis con mi misma edad, logró ridiculizarme con su Karate, yo aún creo en nuestra enseñanzas pero mi abuelo temió que a pesar de nacer con la predisposición para lograr mi objetivo los recientes acontecimientos pueden contaminar mi camino, ya que hasta pensé en aceptar que ese extranjero me enseñara su forma de combatir.


- Mi abuelo cree en tí y en tus valores, te vió en el torneo y desea que hagas tú la función de maestro que su cuerpo ya no le permite, mas sin embargo cuando supo donde encontrarte, me pidió que te hiciera un examen secreto para comprobar la plenitud de tus valores, solo será un momento. Afirmé solemne y Bet mandó salir a todos mientras realizábamos el ritual

Quedarse a solas conmigo no le pareció más peligroso que probar de la verdura. Coloqué tres cajas enfrente suya con sumo cuidado y le pedí que identificara la mía con los ojos cerrados. Mientras colocaba mi mano sobre su hombro - Concéntrate en que transmite cada una. afirmé mientras el nemuri hacia efecto. No deseaba que muriera con dolor.
 

Lergand

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Para el Reiden, las misiones más cotidianas eran un poco el día a día. De vez en cuando tenía alguna pequeña aventura fuera de aquella cotidianeidad, como batallar hombro con hombro con la chica cactus contra sus demonios, en concreto con uno interno, que se volvió externo para poseer a un hermano suyo. Nos obligó a luchar contra un dragón que casi arroja la villa sobre nosotros, de tremendo impacto telúrico, y nos sepulta. Por suerte éramos suficientes y él muy lento.

Ahora tocaba volver a la normalidad. Nada de dragones y mazmorras. El tablón de anuncios estaba a rebosar de misiones aptas para su rango…bajo. Una mierda, pero era lo que tocaba.

Por suerte, encontró una misión con mejor pinta que las otras. Había que…bueno. Había un desertor que…había desertado. No es que hubiera muchos detalles. Ni siquiera ponía si había que eliminarlo o capturarlo. Mejor traerlo vivo y que ellos hagan lo conveniente. La responsabilidad era del Consejo de Acero, no suya. ¿Un genin? No creo que sea muy difícil, se supone que está a mi nivel… Pensó.

De ese modo, partió hacia el oeste, rumbo a aquella región tan desconocida para él desde la guerra. Las ciudades muertas. Por su mente pasó un páramo desolado, lleno de desdicha, podredumbre y algún que otro esqueleto de ballena. ¿Qué pintaba una ballena en mitad de la nada? Pues nada, pero a Zerion le pareció que le daba a su paisaje imaginario un toque extra de dramatismo.

Sin embargo, lo que encontró gran parte del camino fue un bosque, lleno de animales llenos de rabia y desprecio hacia los humanos, probablemente por la destrucción parcial de su hogar. Aunque el paisaje era bastante campestre, se veían las cicatrices de la guerra. Se encontró algún que otro claro donde ya no crecía nada. Se cruzó con un jabalí que no dudó en tratar de hincarle el colmillo. Una simple ilusión confundió su mente y lo alejó de allí.

Los primeros rastros de civilización fueron una ciudad en ruinas tras un ancho río. Un improvisado puente de conglomerado lo cruzaba. No parecía muy estable, desde luego no era una gran hazaña de ingeniería, sino más bien una chapuza de carpintería.

Antes de cruzarlo tomó su catalejo para evaluar el asentamiento. Lo que vio fue muy revelador. Estaba claro por qué un desertor se escondería allí. La ciudad albergaba un buen grupo de maleantes, cuya filosofía de vida estaría basada en el crimen. Hasta podía haber algún que otro asesino entre ellos.

La maleza se tragaba los resquicios de lo que parecía una ciudad de gran cultura y elegancia. Una gárgola caída de algún edificio (ahora inexistente) aplastaba los restos de algún tipo de arpa o lira. Las zarzas crecían en cada recodo y no había sobrevivido ningún edificio de más de dos plantas.

Zerion tomó un aspecto un poco más adecuado al ambiente. Haciendo uso de su carisma y de su capacidad de ocultación, se improvisó un disfraz de malote. Su aspecto no variaba, pero no llevaba su conjunto ninja. Demasiado obvio. Ni tampoco sus bandanas de Luna o la Alianza. Conservaba su tantō, pero el arco prefirió dejarlo a buen recaudo en un sello de objetos.

Entró en un antro: El pulpo Gallardo, el mejor pulpo español. ¿Español? ¿Qué es eso? Había elegido el más sucio, chungo y abarrotado que vio, pero su nombre dejaba que desear. Su plan requería de gente. Ojos y bocas que hablaran y buscaran por él, no de nombres lindos.

Había una veintena de mesas bajo un techo cochambroso lleno de boquetes. En una mesa había un mono y una rata pelándose por los restos de una comida. Más allá, un bandido solitario terminándose una botella de whisky mientras le levantaba la falda a una camarera por diversión. Un huevo en salmuera solitario flotaba en un bote destapado y lleno de insectos muertos flotando. Se acercó a la barra, dispuesto a pedir algo fuerte, cuando alguien se interpuso y lo paró con la mano.



-No te he visto nunca por aquí. ¿Quién eres?



-Si no me has visto nunca por aquí es porque nunca he venido
–apuntó, locuaz-. Y eso es porque acabo de llegar desde Acero –alzó un poco más la voz, atrayendo las miradas de todos en la sala. Todas ellas asesinas. Pero tenía un plan-. He salido de la villa porque tengo un trabajo en mente. Pero necesito una persona más para llevarlo a cabo –algunos cambiaron su semblante de asesino a “asesino interesado”-. Y no me vale con cualquiera. Necesito un ninja –se levantó un murmullo generalizado-. Ya os podéis imaginar el dinero que podemos ganar con esto –dejó caer. En la mente de algunos algo hizo clic.



Algunos se levantaron y se acercaron a la barra. El mismo que lo había parado lo agarró del brazo con fuerza, como adueñándose de su propuesta, temeroso que alguien lo alcanzara antes que él. Zerion se deshizo de él con una simple llave de taijutsu.



-Como he dicho, necesito un ninja, si no eres capaz ni de reaccionar cuando alguien te hace una llave no me interesas –dijo antes de soltarlo y subirse a la barra-. Aguantar un golpe, lanzar un shuriken o empuñar un kunai no te hacen ninja. Disparar a lo loco con una pistola es más de un pirata –dijo señalando un arma de fuego que tenía uno de los presentes al cincho- y vosotros, caballeros…no son ninjas. No me hagáis reír –había bajado la voz un poco, dirigiendo sus palabras a aquellos más cercanos, pero cuando volvió a hablar lo hizo con la suficiente potencia como para llenar toda la sala-. Yo necesito alguien con un pasado y un entrenamiento, que sepa mantener la espada en su vaina si es necesario y que de verdad le interese conseguir una fortuna suficiente como para dejar ese pasado atrás –hizo una pequeña pausa en la que se hinchó de gloria- y emprender una nueva vida lejos de aquí.



Takeshi no apareció de inmediato, como era de esperar. Probablemente no estuviera en la sala, y si lo estaba no daría la cara para evitar que la competencia se le lanzase encima como perros rabiosos. Zerion había dado de qué hablar. Pronto, aquello se extendería por todo el asentamiento y llegaría a oídos de su objetivo.

Esa misma noche, Zerion preparó una tarjeta a la luz de la vela, donde anunciaba su siguiente parada, para que Takeshi pudiera seguirlo en caso de no aparecer. Aquella misión parecía que duraría días. Estaba a punto de irse a su cama (probablemente llena de piojos u otras cosas peores) cuando la puerta sonó. La madera crujió al abrirse y pudo reconocer el rostro de su objetivo atravesando el umbral.

No se anduvo con medias tintas. Sus ojos se tornaron el mayor torbellino verde y azul, con el tercer nivel del Reinegan y un Castigo de Zeus se encargaría de paralizarlo con la mayor potencia que podía adquirir con la realidad aumentada. Entonces, fue directo a inmovilizar a su objetivo con unas esposas, un sello inutilizador de chakra directo a la espalda, para evitar que se deshiciera de él. Aunque después de tremendo combo de inmovilización…

Claro que para llevarlo de vuelta daría mucha lata. Mejor dejarlo inconsciente.
 

Pedroworldstage

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Era una mañana muy calurosa. Resonaba el cantar de los pájaros en el patio. Zyanya ya llegaba tarde a sus quehaceres. Con parte de la baba recorriendo su dulce mejilla, se sobresaltó al escuchar su alarma. Continuaba dormida, con un ojo aún cerrado empezó a vestirse. Se confundió completamente: el zapato derecho en el izquierdo y viceversa, los pantalones del revés y la camiseta usada de hace cinco días.

¿PERO QUÉ HACES LOCA? Necesitas un café” Recordó aquel instante donde su madre, Jasira Doku, con su tomo de “Mil y un venenos” en la mano, apuntaba dirección a su cara.

Salió de aquella leonera con su taza en forma de calavera en la mano (un café potente marca “Gran Pantano” que consistía en ¾ de café agrio, una cucharada de azúcar y un chorrito de agua) y dirección a la cocina. Más que una cocina, parecía una autentica cueva. La mugre de la cocina tornaba hacia un color marrón oscuro, y la luz titilante originaba un aspecto de película de miedo.

  • Un ladrido y me confunden con un perro pordiosero. – se dijo frente al espejo del baño al ver lo adefesio que iba.- Siempre necesito una ducha antes de ir a hacer la compra.
Tras cincuenta minutos en el baño probándose mil y un modelitos, cogió la cesta de la entrada y, con muchas prisas, se puso dirección al mercado. Fue entonces cuando le interceptó un ninja de Tsukigakure.

  • Le entrego una misión que Blair personalmente ha seleccionado para usted.
Con la carta en la mano, el ninja de rango superior huyó rápidamente, sin dejar que la joven Zyanya pudiera decir alguna palabra. Tras leer la misión no pudo frenar una risa escandalosa cuando confirmó que el perro que tenía que buscar se llamaba igual que la nidaime Tsukikage. Le recordó un chiste muy famoso y no podía sacárselo de su cabeza “Esto es una señora que tenía un perro que se llamaba Mistetas…

Una vez controlado el despiste, fue dirección al mercado del barrio de la estrella. Una vez allí, comenzó a realizar la compra para una receta que leyó en el letrero de la frutería. No dudó en pasar adentro. Compró cebollapara que te crezca la…” y carnepara que te crezca el…, Maricarmen”. La tienda estaba muy bien decorada. Tenía varios puestecitos donde se vendían diferentes productos. Zyanya se enamoró de un tiesto con decoraciones geométricas típicas de occidente. El granjero se acercó a la joven, y esta aprovechó el momento para preguntar por el precio y si había visto a un perrito abandonado. El hombre, despreocupado, asintió señalando fuera del establecimiento. Zyanya se dio cuenta de la indirecta y con la cesta en una mano, y el bolso en la otra, agarró de los pelos a la esposa como contestación a la respuesta desagradecida del granjero.

  • MALDITA LISIADA, ME DEJASTE CALVAAAAAAAAA- gritó la tendera al observar que la jovencita sin quererlo le arrancó su peluca marca Rupaul.

  • Sashay away -se escuchó mientras se desvanecía a lo lejos. Zyanya odia perder y más, que alguien se quedase por encima de ella. Tiene una personalidad un poco difícil de llevar-. Y además me voy sin pagar.


Continuó la búsqueda del perrito. Se subió a lo alto de la más alta torre, recorrió cada una de las calles… en su mente. Creía que el barrio era una especie de ciudad con ambientación pseudoapocalíptica. Creía estar haciendo auténticas locuras: triples mortales hacia delante, hacia atrás… mientras los niños la miraban perplejos. En realidad, lo único que hacía eran ruidos raros mientras que con los brazos ejecutaba movimientos desordenados. De repente, se paró en seco. Observó el poste que se situaba más cerca y fue corriendo hacia él. Era su momento pole dance diario, y la búsqueda de un perro no iba a quitárselo. Mientras hacía la bandera de Tsukigakure cantaba:

  • Baavia no está. Baavia se fue. Baavia se escapa de mi vista.
Un tiroteo en la calle interrumpió su canto. Perpleja se quedó ante la situación. Mientras hacía la bandera en un poste de la luz, frente a ella apareció un señor encorvado y encapuchado. Abrió fuego para confundir a sus enemigos, los ecologistas (un clan famoso por adorar una estatua de león hecho de calabazas con los pelos labrados como si fueran pelucas de payasos).

  • NUNCA PODRÁS PARAR EL AVANCE DEL POI YO HASÁ-DO. ÉL ES EL VERDADERO SALVAVIDAS DE LA HUMANIDAD -espetó el abuelo, rebosante de grasa, mientras señalaba a los ecologistas.- JUTSU DE INVOCACIÓN DEL POLLO FRI-TÓ.
Tras una nube de humo blanco, se escuchó una sarta de graznidos de pollos. Segundos después, se veía una cabeza de pollo gigante que lanzaba aceite por la boca. Una parte le salpicó el cuerpo a Zyanya. Fijó su vista en el invocador, pudiendo ver que entre sus brazos llevaba a un perro de las mismas características de la misión.

  • CÁRCEL DEL CALABACÍN AHUMADO –gritó con fuerza su adversario mientras hacia los sellos respectivos para que brotasen unos calabacines gigantes del suelo encerrando al pollo, sin darle tiempo a reaccionar-. ABUELO PARA YA DE HACER LOCURAS. ¡NOSOTROS NO COMEMOS PERROS!


Zyanya no dudó en utilizar sus habilidades con el Dokugan, paralizando las piernas del hombre para intentar mediar entre el abuelo rebelde y el nieto insumiso.

  • Tenéis que limar asperezas como familia. Da igual lo que coma uno u otro mientras os respetéis. El realfooding es lo que se lleva ahora -poniéndose de ejemplo a ella, explicando qué es eso-. Por cierto, ¿de quién es ese perro?

  • Es nuestro perrito Orion -respondió el joven rápidamente-. Nuestro abuelo sufre de demencia senil y no sabe muy bien las acciones que hace. Es difícil llevar esta enfermedad. Ayer cogió un cuenco lleno de clavos y se lo quiso beber. No deja de rechazar cualquier ayuda de los médicos. Según él, está muy joven.


Una vez zanjada la disputa, continuó su periplo por el barrio. Se fijó en que todos los vecinos ponían caras extrañas al mirarla. Durante el paseo, se miró en un escaparate y de dio cuenta de que seguía llena del aceite del pollo. Empezó a ojear en su bolso algo para limpiarse. Encontró: maquillaje, gafas, bisturís, comida, cerveza, unas llaves “¿De quién serán? Mías no”, pendientes, bombas de humo, una cuerda y una venda, “por fin algo con lo que limpiarme”.

Se hacía ya de noche, y viendo que incluso una misión tan fácil como es la búsqueda de un perrito se le complicaba, fue dirección a su sitio favorito del barrio. Este se encontraba en el mirador del edificio 4 del barrio de la estrella. Sin dudarlo comenzó la subida al edificio. Trescientos cincuenta y dos escalones. Uno por cada día que se tardó en terminar. Acariciando las barandillas, tan frías como el hierro. Se estaba a punto de hundir en la miseria.

Abrió la puerta y observó a un perro y un gato sentados, ambos observando como caía el sol por el horizonte y se elevaba la luna. En ese preciso momento desaparecieron en una nube blanca dejando entrever dos figuras humanas. Lo que para ella era un día normal siendo un ninja, resultó ser una prueba a la que le había sometido la nueva Tsukikage Blair.

  • Enhorabuena Zyanya, este caos de día creado por nosotras iba principalmente para que conocieras a la nueva Tsukikage Blair –dijo Baavia tras deshacer su transformación de fox terrier.

  • Hemos dispuesto todo este atrezo para observar cómo se disuelve usted en situaciones surrealista. Como adepta Neoaquelarre en potencia, debes está preparada para situaciones que supera la lógica humana –explicó Blair con una voz seductora.
Zyanya no era capaz de articular palabra alguna. Se quedó prendada de la belleza de la líder de Neoaquelarre y nueva Tsukikage.

  • ¿Cómo…que una adepta en potencia?
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JimmyMcNulty

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Un estruendo me despertó aquella mañana rompiendo mi armonía. Un bolo había traspasado la cristalera haciéndola añicos con forma de polígonos, y había roto una de las patas, no te imaginas mi sorpresa cuando este se abrió solo y descubrí que contenía un pergamino de una misión. Deberían prohibir este tipo de envió. Más cuando era a mi quien me tocaba pagar al cristalero y al ebanista.


Miré la pantalla del reloj con tristeza, antes de leer su contenido, estaba cansada y sudada pues a pesar de no tener calefacción aquella habitación era un invernadero natural, debía de oler como un deportista después de un entrenamiento, como un esquiador tras una hora de ejercicio al sol, pero nada que una ducha no solucionara me traté de animar.

Bet la había cagado bien, recordaba las palabras del reportero sobre él, y por lo poco que había podido comprobar, no era un modelo a seguir sino más bien una rata de libro como la rudeza de mi misión permitía especular. Le imaginaba viviendo de gorra vestido con un traje caro, y zapatos pulidos con grasa de ballena, viviendo sin el mínimo sacrificio en un paraíso de recreo, y yendo a diario hasta arriba de Whisky con Soda. Las instrucciones eran claras, le querían fiambre aunque en vez del cadáver se te permitía amputar por debajo de la nuca y llevar solo su cabeza aunque con mi nivel de sellado transportarle una vez muerto no sería gran problema.

La ciudad de Garasagakure estaba lejos así que cogí un cochecito de un solo caballo y cuando el conductor lo fue a ensillar, saqué de nuevo el bolo, y lo hice rotar para que mostrara de nuevo su contenido para memorizar el plano con la minuciosidad de un científico, no sabía si había guardias, pero desde luego el lugar tenía amplias posibilidades de escape. Sellé de nuevo el bolo y llamé a mi cochero con la billetera abierta y el dinero para saldar la deuda contraída por el viaje en la mano. Delante de él me transformé con el henge en un niño y cambié mi voz adecuándola a este mientras le hablaba para asegurarme que no se sorprendería ni reiría al verme. Esperé un rato satisfecha con el resultado y segura de que Bet no sospecharía nada.

Entré en aquel antro de mala muerte, no era lugar para un niño, pero traía un presente para él solo si me atendía y su curiosidad me hizo llamar. Era una ensalada muy extraña, una sorpresa para Sayo. Vertida sobre un aguijónde Berenjena sin cáscara se encontraban trozos de varios tipos de lechugasumergidos en una gelatina de Kiwi. Metío los dedos y se lo comió destacando que estaba fresco, tras ello me invitó a hablar y no perdí la ocasión. - Oh estimado Bet Moresh, me han entrenado desde los tres años para convertirme en el iniciado más joven de mi pueblo, aunque aún lograra despertar mi elemento youton, era el favorito para este título hasta que el año pasado el hijo de una pareja de shinobis con mi misma edad, logró ridiculizarme con su Karate, yo aún creo en nuestra enseñanzas pero mi abuelo temió que a pesar de nacer con la predisposición para lograr mi objetivo los recientes acontecimientos pueden contaminar mi camino, ya que hasta pensé en aceptar que ese extranjero me enseñara su forma de combatir.


- Mi abuelo cree en tí y en tus valores, te vió en el torneo y desea que hagas tú la función de maestro que su cuerpo ya no le permite, mas sin embargo cuando supo donde encontrarte, me pidió que te hiciera un examen secreto para comprobar la plenitud de tus valores, solo será un momento.
Afirmé solemne y Bet mandó salir a todos mientras realizábamos el ritual

Quedarse a solas conmigo no le pareció más peligroso que probar de la verdura. Coloqué tres cajas enfrente suya con sumo cuidado y le pedí que identificara la mía con los ojos cerrados. Mientras colocaba mi mano sobre su hombro - Concéntrate en que transmite cada una. afirmé mientras el nemuri hacia efecto. No deseaba que muriera con dolor.



Bet quedó atrapado en la ilusión. No se dio cuenta de que había caído en un Genjutsu beatífico, por lo que Sakura pudo acabar con el trabajo sin problema alguno. Mientras se aseguraba de que Bet Moresh estaba muerto, y bien muerto, alguien apareció. Eran miembros del círculo al que pertenecía el sacerdote. Gracias a tu habilidad con la ocultación, lograste escabullirte y escapar de aquel lugar. Solo te quedaba informar de que la misión había sido completada con éxito...



La misión ha sido completada con éxito. Te llevas un 100%, lo que corresponde a 30 puntos + objeto sin efecto. El relato me ha resultado ameno y entretenido, siempre es un plus ver a Sakura en acción. Además, has incluido todas las palabras que te dejé, aunque me hubiera gustado un poco más de desarrollo narrativo por tu parte, más contenido, y que no hubiera quedado el texto, a veces, condicionado por las palabras que te quedaban por incluir (me ha costado imaginar lo de la berenjena y la gelatina de kiwi xD).

Un saludo, ¡y te espero en la próxima misión, que espero sea pronto!

EDIT: +10 puntos por la realización de la misión que no se dieron en su momento
 
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JimmyMcNulty

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Para el Reiden, las misiones más cotidianas eran un poco el día a día. De vez en cuando tenía alguna pequeña aventura fuera de aquella cotidianeidad, como batallar hombro con hombro con la chica cactus contra sus demonios, en concreto con uno interno, que se volvió externo para poseer a un hermano suyo. Nos obligó a luchar contra un dragón que casi arroja la villa sobre nosotros, de tremendo impacto telúrico, y nos sepulta. Por suerte éramos suficientes y él muy lento.

Ahora tocaba volver a la normalidad. Nada de dragones y mazmorras. El tablón de anuncios estaba a rebosar de misiones aptas para su rango…bajo. Una mierda, pero era lo que tocaba.

Por suerte, encontró una misión con mejor pinta que las otras. Había que…bueno. Había un desertor que…había desertado. No es que hubiera muchos detalles. Ni siquiera ponía si había que eliminarlo o capturarlo. Mejor traerlo vivo y que ellos hagan lo conveniente. La responsabilidad era del Consejo de Acero, no suya. ¿Un genin? No creo que sea muy difícil, se supone que está a mi nivel… Pensó.

De ese modo, partió hacia el oeste, rumbo a aquella región tan desconocida para él desde la guerra. Las ciudades muertas. Por su mente pasó un páramo desolado, lleno de desdicha, podredumbre y algún que otro esqueleto de ballena. ¿Qué pintaba una ballena en mitad de la nada? Pues nada, pero a Zerion le pareció que le daba a su paisaje imaginario un toque extra de dramatismo.

Sin embargo, lo que encontró gran parte del camino fue un bosque, lleno de animales llenos de rabia y desprecio hacia los humanos, probablemente por la destrucción parcial de su hogar. Aunque el paisaje era bastante campestre, se veían las cicatrices de la guerra. Se encontró algún que otro claro donde ya no crecía nada. Se cruzó con un jabalí que no dudó en tratar de hincarle el colmillo. Una simple ilusión confundió su mente y lo alejó de allí.

Los primeros rastros de civilización fueron una ciudad en ruinas tras un ancho río. Un improvisado puente de conglomerado lo cruzaba. No parecía muy estable, desde luego no era una gran hazaña de ingeniería, sino más bien una chapuza de carpintería.

Antes de cruzarlo tomó su catalejo para evaluar el asentamiento. Lo que vio fue muy revelador. Estaba claro por qué un desertor se escondería allí. La ciudad albergaba un buen grupo de maleantes, cuya filosofía de vida estaría basada en el crimen. Hasta podía haber algún que otro asesino entre ellos.

La maleza se tragaba los resquicios de lo que parecía una ciudad de gran cultura y elegancia. Una gárgola caída de algún edificio (ahora inexistente) aplastaba los restos de algún tipo de arpa o lira. Las zarzas crecían en cada recodo y no había sobrevivido ningún edificio de más de dos plantas.

Zerion tomó un aspecto un poco más adecuado al ambiente. Haciendo uso de su carisma y de su capacidad de ocultación, se improvisó un disfraz de malote. Su aspecto no variaba, pero no llevaba su conjunto ninja. Demasiado obvio. Ni tampoco sus bandanas de Luna o la Alianza. Conservaba su tantō, pero el arco prefirió dejarlo a buen recaudo en un sello de objetos.

Entró en un antro: El pulpo Gallardo, el mejor pulpo español. ¿Español? ¿Qué es eso? Había elegido el más sucio, chungo y abarrotado que vio, pero su nombre dejaba que desear. Su plan requería de gente. Ojos y bocas que hablaran y buscaran por él, no de nombres lindos.

Había una veintena de mesas bajo un techo cochambroso lleno de boquetes. En una mesa había un mono y una rata pelándose por los restos de una comida. Más allá, un bandido solitario terminándose una botella de whisky mientras le levantaba la falda a una camarera por diversión. Un huevo en salmuera solitario flotaba en un bote destapado y lleno de insectos muertos flotando. Se acercó a la barra, dispuesto a pedir algo fuerte, cuando alguien se interpuso y lo paró con la mano.



-No te he visto nunca por aquí. ¿Quién eres?



-Si no me has visto nunca por aquí es porque nunca he venido
–apuntó, locuaz-. Y eso es porque acabo de llegar desde Acero –alzó un poco más la voz, atrayendo las miradas de todos en la sala. Todas ellas asesinas. Pero tenía un plan-. He salido de la villa porque tengo un trabajo en mente. Pero necesito una persona más para llevarlo a cabo –algunos cambiaron su semblante de asesino a “asesino interesado”-. Y no me vale con cualquiera. Necesito un ninja –se levantó un murmullo generalizado-. Ya os podéis imaginar el dinero que podemos ganar con esto –dejó caer. En la mente de algunos algo hizo clic.



Algunos se levantaron y se acercaron a la barra. El mismo que lo había parado lo agarró del brazo con fuerza, como adueñándose de su propuesta, temeroso que alguien lo alcanzara antes que él. Zerion se deshizo de él con una simple llave de taijutsu.



-Como he dicho, necesito un ninja, si no eres capaz ni de reaccionar cuando alguien te hace una llave no me interesas –dijo antes de soltarlo y subirse a la barra-. Aguantar un golpe, lanzar un shuriken o empuñar un kunai no te hacen ninja. Disparar a lo loco con una pistola es más de un pirata –dijo señalando un arma de fuego que tenía uno de los presentes al cincho- y vosotros, caballeros…no son ninjas. No me hagáis reír –había bajado la voz un poco, dirigiendo sus palabras a aquellos más cercanos, pero cuando volvió a hablar lo hizo con la suficiente potencia como para llenar toda la sala-. Yo necesito alguien con un pasado y un entrenamiento, que sepa mantener la espada en su vaina si es necesario y que de verdad le interese conseguir una fortuna suficiente como para dejar ese pasado atrás –hizo una pequeña pausa en la que se hinchó de gloria- y emprender una nueva vida lejos de aquí.



Takeshi no apareció de inmediato, como era de esperar. Probablemente no estuviera en la sala, y si lo estaba no daría la cara para evitar que la competencia se le lanzase encima como perros rabiosos. Zerion había dado de qué hablar. Pronto, aquello se extendería por todo el asentamiento y llegaría a oídos de su objetivo.

Esa misma noche, Zerion preparó una tarjeta a la luz de la vela, donde anunciaba su siguiente parada, para que Takeshi pudiera seguirlo en caso de no aparecer. Aquella misión parecía que duraría días. Estaba a punto de irse a su cama (probablemente llena de piojos u otras cosas peores) cuando la puerta sonó. La madera crujió al abrirse y pudo reconocer el rostro de su objetivo atravesando el umbral.

No se anduvo con medias tintas. Sus ojos se tornaron el mayor torbellino verde y azul, con el tercer nivel del Reinegan y un Castigo de Zeus se encargaría de paralizarlo con la mayor potencia que podía adquirir con la realidad aumentada. Entonces, fue directo a inmovilizar a su objetivo con unas esposas, un sello inutilizador de chakra directo a la espalda, para evitar que se deshiciera de él. Aunque después de tremendo combo de inmovilización…

Claro que para llevarlo de vuelta daría mucha lata. Mejor dejarlo inconsciente.



El combo ideado por Zerion surtió el efecto deseado. Takeshi Tsukiyama fue capturado e inmovilizado. No hizo falta acabar con dicho personaje; al renegado le esperaba la prisión en la villa nada más volviera Zerion a esta con su presa. El Consejo de Acero recibió a Zerion y lo felicitó por su buen trabajo. Le explicaron que el escuadrón de inteligencia se encargaría del tal Takeshi y solo requirieron del Reiden un escueto informe, explicando en él qué es lo que había sucedido durante el desempeño de su misión.



La misión ha sido completada con éxito. Te llevas un 99%, lo que corresponde a 25 puntos + objeto interpretativo. Te hubiera puesto un 100%, pero se te ha olvidado incluir la palabra "cielo" en el texto, que es lo que provoca que la nota no sea del todo perfecta. En cuanto a la narración y estilo te he visto desenvuelto y a gusto contigo mismo, como siempre. Siempre es un placer leer a Zerion y sus aventuras.

Lo dicho, ¡nos vemos en la siguiente misión!
EDIT: +10 puntos por la realización de la misión que no se dieron en su momento
 
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JimmyMcNulty

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Era una mañana muy calurosa. Resonaba el cantar de los pájaros en el patio. Zyanya ya llegaba tarde a sus quehaceres. Con parte de la baba recorriendo su dulce mejilla, se sobresaltó al escuchar su alarma. Continuaba dormida, con un ojo aún cerrado empezó a vestirse. Se confundió completamente: el zapato derecho en el izquierdo y viceversa, los pantalones del revés y la camiseta usada de hace cinco días.

¿PERO QUÉ HACES LOCA? Necesitas un café” Recordó aquel instante donde su madre, Jasira Doku, con su tomo de “Mil y un venenos” en la mano, apuntaba dirección a su cara.

Salió de aquella leonera con su taza en forma de calavera en la mano (un café potente marca “Gran Pantano” que consistía en ¾ de café agrio, una cucharada de azúcar y un chorrito de agua) y dirección a la cocina. Más que una cocina, parecía una autentica cueva. La mugre de la cocina tornaba hacia un color marrón oscuro, y la luz titilante originaba un aspecto de película de miedo.

  • Un ladrido y me confunden con un perro pordiosero. – se dijo frente al espejo del baño al ver lo adefesio que iba.- Siempre necesito una ducha antes de ir a hacer la compra.
Tras cincuenta minutos en el baño probándose mil y un modelitos, cogió la cesta de la entrada y, con muchas prisas, se puso dirección al mercado. Fue entonces cuando le interceptó un ninja de Tsukigakure.

  • Le entrego una misión que Blair personalmente ha seleccionado para usted.
Con la carta en la mano, el ninja de rango superior huyó rápidamente, sin dejar que la joven Zyanya pudiera decir alguna palabra. Tras leer la misión no pudo frenar una risa escandalosa cuando confirmó que el perro que tenía que buscar se llamaba igual que la nidaime Tsukikage. Le recordó un chiste muy famoso y no podía sacárselo de su cabeza “Esto es una señora que tenía un perro que se llamaba Mistetas…

Una vez controlado el despiste, fue dirección al mercado del barrio de la estrella. Una vez allí, comenzó a realizar la compra para una receta que leyó en el letrero de la frutería. No dudó en pasar adentro. Compró cebollapara que te crezca la…” y carnepara que te crezca el…, Maricarmen”. La tienda estaba muy bien decorada. Tenía varios puestecitos donde se vendían diferentes productos. Zyanya se enamoró de un tiesto con decoraciones geométricas típicas de occidente. El granjero se acercó a la joven, y esta aprovechó el momento para preguntar por el precio y si había visto a un perrito abandonado. El hombre, despreocupado, asintió señalando fuera del establecimiento. Zyanya se dio cuenta de la indirecta y con la cesta en una mano, y el bolso en la otra, agarró de los pelos a la esposa como contestación a la respuesta desagradecida del granjero.

  • MALDITA LISIADA, ME DEJASTE CALVAAAAAAAAA- gritó la tendera al observar que la jovencita sin quererlo le arrancó su peluca marca Rupaul.

  • Sashay away -se escuchó mientras se desvanecía a lo lejos. Zyanya odia perder y más, que alguien se quedase por encima de ella. Tiene una personalidad un poco difícil de llevar-. Y además me voy sin pagar.


Continuó la búsqueda del perrito. Se subió a lo alto de la más alta torre, recorrió cada una de las calles… en su mente. Creía que el barrio era una especie de ciudad con ambientación pseudoapocalíptica. Creía estar haciendo auténticas locuras: triples mortales hacia delante, hacia atrás… mientras los niños la miraban perplejos. En realidad, lo único que hacía eran ruidos raros mientras que con los brazos ejecutaba movimientos desordenados. De repente, se paró en seco. Observó el poste que se situaba más cerca y fue corriendo hacia él. Era su momento pole dance diario, y la búsqueda de un perro no iba a quitárselo. Mientras hacía la bandera de Tsukigakure cantaba:

  • Baavia no está. Baavia se fue. Baavia se escapa de mi vista.
Un tiroteo en la calle interrumpió su canto. Perpleja se quedó ante la situación. Mientras hacía la bandera en un poste de la luz, frente a ella apareció un señor encorvado y encapuchado. Abrió fuego para confundir a sus enemigos, los ecologistas (un clan famoso por adorar una estatua de león hecho de calabazas con los pelos labrados como si fueran pelucas de payasos).

  • NUNCA PODRÁS PARAR EL AVANCE DEL POI YO HASÁ-DO. ÉL ES EL VERDADERO SALVAVIDAS DE LA HUMANIDAD -espetó el abuelo, rebosante de grasa, mientras señalaba a los ecologistas.- JUTSU DE INVOCACIÓN DEL POLLO FRI-TÓ.
Tras una nube de humo blanco, se escuchó una sarta de graznidos de pollos. Segundos después, se veía una cabeza de pollo gigante que lanzaba aceite por la boca. Una parte le salpicó el cuerpo a Zyanya. Fijó su vista en el invocador, pudiendo ver que entre sus brazos llevaba a un perro de las mismas características de la misión.

  • CÁRCEL DEL CALABACÍN AHUMADO –gritó con fuerza su adversario mientras hacia los sellos respectivos para que brotasen unos calabacines gigantes del suelo encerrando al pollo, sin darle tiempo a reaccionar-. ABUELO PARA YA DE HACER LOCURAS. ¡NOSOTROS NO COMEMOS PERROS!


Zyanya no dudó en utilizar sus habilidades con el Dokugan, paralizando las piernas del hombre para intentar mediar entre el abuelo rebelde y el nieto insumiso.

  • Tenéis que limar asperezas como familia. Da igual lo que coma uno u otro mientras os respetéis. El realfooding es lo que se lleva ahora -poniéndose de ejemplo a ella, explicando qué es eso-. Por cierto, ¿de quién es ese perro?

  • Es nuestro perrito Orion -respondió el joven rápidamente-. Nuestro abuelo sufre de demencia senil y no sabe muy bien las acciones que hace. Es difícil llevar esta enfermedad. Ayer cogió un cuenco lleno de clavos y se lo quiso beber. No deja de rechazar cualquier ayuda de los médicos. Según él, está muy joven.


Una vez zanjada la disputa, continuó su periplo por el barrio. Se fijó en que todos los vecinos ponían caras extrañas al mirarla. Durante el paseo, se miró en un escaparate y de dio cuenta de que seguía llena del aceite del pollo. Empezó a ojear en su bolso algo para limpiarse. Encontró: maquillaje, gafas, bisturís, comida, cerveza, unas llaves “¿De quién serán? Mías no”, pendientes, bombas de humo, una cuerda y una venda, “por fin algo con lo que limpiarme”.

Se hacía ya de noche, y viendo que incluso una misión tan fácil como es la búsqueda de un perrito se le complicaba, fue dirección a su sitio favorito del barrio. Este se encontraba en el mirador del edificio 4 del barrio de la estrella. Sin dudarlo comenzó la subida al edificio. Trescientos cincuenta y dos escalones. Uno por cada día que se tardó en terminar. Acariciando las barandillas, tan frías como el hierro. Se estaba a punto de hundir en la miseria.

Abrió la puerta y observó a un perro y un gato sentados, ambos observando como caía el sol por el horizonte y se elevaba la luna. En ese preciso momento desaparecieron en una nube blanca dejando entrever dos figuras humanas. Lo que para ella era un día normal siendo un ninja, resultó ser una prueba a la que le había sometido la nueva Tsukikage Blair.

  • Enhorabuena Zyanya, este caos de día creado por nosotras iba principalmente para que conocieras a la nueva Tsukikage Blair –dijo Baavia tras deshacer su transformación de fox terrier.

  • Hemos dispuesto todo este atrezo para observar cómo se disuelve usted en situaciones surrealista. Como adepta Neoaquelarre en potencia, debes está preparada para situaciones que supera la lógica humana –explicó Blair con una voz seductora.
Zyanya no era capaz de articular palabra alguna. Se quedó prendada de la belleza de la líder de Neoaquelarre y nueva Tsukikage.

  • ¿Cómo…que una adepta en potencia?
(NANI DESU KA)



Zyanya completó su misión sin problemas. La prueba a la que había sido sometida por la mismísima Blair habia sido superada... ¿Lograría ingresar en el Neo-Aquelarre? Había rumores de que sus ceremonias de ingreso eran algo escabrosas (los conocidos como Sabbat), pero no había nada de qué preocuparse, al menos de momento. La Doku podía volver a casa con una sonrisa en sus labios y una misión superada con éxito en su haber...



Misión completada con éxito. Te llevas el 100% de la nota, lo que corresponde a 30 puntos + objeto interpretativo. No has fallado con ninguna palabra y me he reído bastante leyéndote, así que, por esa parte, me has ganado. Lo único que no me ha gustado es el final, que has usado interpretativamente para tu provecho. Esa parte me la debías haber dejado a mí, y encima manejando a la kage (podría haber alegado que era otro NPC usando un Henge, pero le resta gracia al asunto) xD

Pero vamos, que no hay ningún problema. Ha sido una historia resultona y muy graciosa. Zyanya y sus locuras siempre son bienvenidas a la hora de leerlas.

¡Nos vemos en la próxima misión!
EDIT: +10 puntos por la realización de la misión que no se dieron en su momento
 
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Como en la vez anterior, voy a redactar la historia con el orden de palabras preestablecido -para auto-aumentarme la dificultad, y para no complicarle demasiado la vida al master que me evalúe la evaluación-. Aquí, pues, comienza el relato de mi misión:

Los Reiden, al parecer, tenían problemas. Tenían una misión especial para mí, así que me desplacé a Tsukigakure. Zerion, el jefe del clan y buen amigo mío, me encargó un trabajito bien mono: tenía que traer ante los Reiden a una especie de renegado llamado Yuki, que había decidido integrarse como sacerdote en una iglesia de Tsukigakure. Me pregunté en mi fuero interno el porqué debía hacer aquello, pero como buena profesional, no pregunté nada a Zerion. Me despedí de él y me puse en marcha, lista para hacer mi trabajo.

Un Reiden de nuevo, eh… Espero que este no sea tan serio como Zerion. ¿Sabrá reírse esta maceta humana?”, pensé, mientras masticaba un bollo de judías algo seco. Me aproximé a un puesto de comida, situado frente a una pequeña laguna. Pregunté al encargado si tenían chucherías, y me compré un chicle que, tras comerme el bollo de judías y metérmelo seguidamente en la boca, determiné que tenía una dureza exasperante. Me sentí irritada al respecto.

Me pregunté entonces qué debía hacer. Me acerqué a la pequeña laguna, me acomodé en su borde y miré hacia el fondo. Contemplé los peces que se agolpaban en la superficie, intentando comer las migas del bollo que me había comido antes, ya que se las lancé con alegría. Aparte de dirimir qué rumbo debía tomar, soñé ser famosa tras esta misión… ¡Me convertiría en una celebridad! Mi fama tendría la consistencia del oro, y me conocerían en todo mi barrio… No, qué digo, ¡en toda la urbe que era Haganegakure! Ya no sería más una cosa que estorba en un rincón, una blandi-genin que no sirve para nada… Yo y mis nuevos amigos, los insectos de la isla Yakushima, juntos, seríamos guerreros de renombre. Que, por cierto, ¿habría alguna mariposa en la isla? Lo dudaba.

Supongo que tengo que reunir información sobre ese Yuki… Debería haberle preguntado a Zerion, a ver qué es lo que sabían de él… Me temo que, si el chico es demasiado obstinado, el resultado no será el esperado: habrá que pelear contra él. Mínimo, si consigo derrotarlo, Zerion me deberá pagar con chapas y alguna que otra fruta. Si al minino de Aika le gusta, le daré un poco también…

Me levanté del borde de la laguna y me dirigí a la Oficina del Kage, a ver si tenían en sus archivos información sobre el tal Yuki. Después de todo, en Tsukigakure tendrían registros de todos sus habitantes. En recepción me dijeron que debía dirigirme a la Biblioteca. Así hice. En una sala llena de telarañas, desempolvé entre viejos archivos un registro de Yuki. Había sido genin y era devoto de la iglesia de luna. En la hoja de misiones se hablaba de sus hazañas, así como de sus características: usuario de raiton, genjutsu y poseedor del Reinegan. Como ya sabía, más o menos, cómo funcionaba, podría enfrentarme a él si se diera el caso. Cuando terminaba de decidir qué hacer con la misión, una araña terminó revelándose en uno de los rincones, hecho que me asustó. Extrañamente, me sentí atraída por comérmela… ¿Qué era lo que me estaba pasando?

Bien… Me dirigiré al primer templo de la Iglesia de Tsukigakure que me encuentre en el camino; sé dónde está el más cercano, así que no tiene pérdida. Me quitaré pronto esta mancha de mi historial… Si acaso, preguntaré al primer monje o sacerdote ebrio que vea, que sabrá decirme dónde encontrar al Reiden renegado. Me mantendré quieta y relajada en todo momento, y actuaré como una verdadera kunoichi debe hacer… ¡Soy Sayonara Baby, la mejor de las kunoichi genin de Tsukigakure! ¡Lo demostraré cuando complete esta misión con éxito!
El tragaluz que había en la parte superior de la bóveda de aquel templo iluminaba la capilla con una tenue luz. Yo me encontraba en medio de aquel lugar, donde había diversas macetas humanas rezando sus oraciones en unos bancos dispuestos para tal efecto. Un iniciado de la orden me guió hacia el interior de su capilla, después de que declarara que estaba buscando a una persona para que me orientara sobre diversos aspectos que solo consultaría con él, y nada más que no él.

—¿Yuki? Sí, lo conozco. De hecho, se aloja en nuestro templo. Aunque, por una extraña razón, nos ha pedido que, si preguntaban por él, ignoráramos la petición —me dijo el sacerdote. Usar “un par de remos en mitad de un amplio mar a bordo de un pequeño cascarón siempre funciona”, como decía mi madre como metáfora de esfuerzo y superación. Investigar un poco había servido para algo—. Se está iniciando en los misterios de nuestra orden, así que anda muy ocupado. Aunque yo, la verdad, no tengo problema en decirte dónde está en este momento. Es muy devoto a la orden y no se alejará de ella por nada del mundo. Solo quiere estar en paz y dedicarse su fe…

¿Perforar su cascarón como si de un empaste se tratara?”, pensé, imaginando la orgullosa dureza de Yuki. Lo intentaría. Había aprendido habilidades de persuasión, diplomacia e intimidación gracias a Sakura-sensei, así que no creo que tuviera demasiados problemas en igualarme a su “dureza”. Lo intentaría convencer por todos los medios que pudiera para que volviera con su gente.

—¿Hay algún problema con que entre al claustro de este templo con mi ropa actual? —le pregunté al sacerdote que me guiaba. Él (¡casualidad, era un sacerdote adicto a la bebida!) se llevó un pichel a la boca, lleno de una extraña sustancia, sangre de uva, y se lo bebió entero. Necesitaba aclarar su garganta.

—Sí, puedes acceder sin problemas —me dijo—. Lo único que tienes que hacer es procurar andar con cuidado, ya que te puede caer algún andamio encima. Estamos reformando los tejados de la hospedería.

El detonador que derrotaría al mal alojado en Yuki sería mi determinación. Su espíritu quedaría roto, por más usuario de raiton que fuera: ¡seguramente era una copia de Zerion, a juzgar por sus habilidades!

Me adentré en el claustro. La alborada de los sacerdotes, recluidos en alguna habitación para el rezo, se escuchaba desde el mismo. Aquel lugar era un buen modelo de conducta para contentar a las macetas humanas: sus estudiantes se convertían en personas rectas, benevolentes y pacíficas, no como las plantas salvajes como yo… Dejé mi novela mental para otro momento, al conocer el destino de la persona que estaba buscando. El sacerdote señaló a una celda y yo llamé a la puerta. Un grito hizo que desistiera un poco en mi parte. Llamar surtió efecto, pero no de la manera esperada.

—¿Quién es? —preguntó la voz de forma arisca—. Si no es usted, maestro, no deseo visitas…

El sacerdote hizo un gesto de no saber qué hacer; estaba segura de que le molestaba aquel chico. Se marchó por donde había venido y me dejó a solas, tras el Yuki, que se encontraba detrás de una puerta.

Emplearía toda mi Determinación [Alto] y todo mi Carisma [Alto] para intentar traerlo de vuelta a casa.

—Me llamo Sayo. Te estaba buscando porque deseo escribir un artículo sobre el monasterio —mentí—. Me han dicho que está en mantenimiento, pero que no hay problema en que una periodista como yo te haga una entrevista… ¿No me pondrás ninguna objeción, verdad?

Intenté salvar el poco margen de error que me quedaba, añadiendo:

—Es por la causa de la religión. Un trato justo. Tú me ayudas a hacer mi humilde trabajo, y yo te ayudo a publicitar las bondades de la orden a la cual perteneces. ¡Seguro que te gusta, ya verás! Ayudaré a la iglesia con todo lo que pueda… Imagínalo como un granero que se vacía y que, al poco, vuelve a llenarse de nuevo.

No quería seguir esperando más. Me reconcomía la impaciencia, pero fui paciente y esperé la respuesta del rebelde Reiden. Yuki me respondió:

—¡Qué remedio! Detesto a las periodistas como tú, que intentáis convencer a iniciados con tretas de ese estilo, pero si es por la causa de la Iglesia de Tsukigakure puedo hacer una pequeñísima excepción… —Yuki hizo una pausa—. ¿Podré leer el artículo que escribas antes de que esté publicado? No quiero provocar una guerra entre credos. Sería una sorpresa para mí que eso sucediera.

Yuki me abrió la puerta y me dejó entrar a su celda. Hice una leve reverencia y me senté en el escritorio de su habitación. Llevaba lápiz y papel para escribir lo más rápido posible. Comencé a hacerle preguntas:

—¿Qué te parece la noticia de que el clan Reiden se vaya a adherir a la causa de la Iglesia de Tsukigakure? Zerion está contribuyendo mucho a ello ahora mismo. Se está reuniendo con el Sumo Sacerdote de la iglesia en estos momentos para firmar un acuerdo entre los dos grupos…

Yuki podría tragarse la trola, o no. Esperaría a que me contestara, aunque fuera escuetamente. Yo seguiría preguntando cosas:

—¿Puedes hablarme de tu fe? ¿De cómo vives en este lugar, cuáles son tus rutinas?

El Reiden era un poco esquivo. Se mostraba silencioso, pero cuando le preguntaba sobre su religión, me hablaba secamente, pero sin dejar de demostrar su pasión por la Iglesia.

—¡Pues muchas gracias por la entrevista! Ahora toca que te vengas conmigo, que tu superior quiere verte… ¡Tengo que haceros una foto juntos! Es para ilustrar el artículo.

Si la sugestión no había funcionado y no se venía conmigo, esperaría allí. Enviaría a un animal mensajero a Zerion informando de que Yuki Reiden se encontraba en un templo cercano, y que no tardarían en llegar hasta donde estaba. Yo me encargaría de que no escapara.

De hecho, si el Reiden se ponía tonto conmigo, no me quedaba remedio que dejarlo en su sitio, como maceta humana que era. Aprovecharía para tomarme una Semilla de la Casa-Macetero para potenciar mi ataque (Potencia de técnica de Mokuton +1/2). Ya sabía como funcionaba el Reinegan, había visto luchar a Zerion, así que se lo bloquearía con mi Mokuton, Tsukurami tapándole los ojos y, de paso, lo atraparía en una maraña de lianas. No quedaría eso ahí, sino que aplicaría el Mokuton, Kyūin no jutsu para drenar las reservas de chakra de Yuki al mínimo, hasta dejarlo inconsciente. Si intentaba atacarme con raiton, le lanzaría a bocajarro desde mi cabello (porque estaría atrapado) un Mokuton, Saboten senbon para que se calmara un poquitito. Sería una kunoichi buena, pero no iba a ser tonta. Esa etapa de mi vida había quedado atrás…

Mokuton, Tsurukami (Elemento madera: cabello de vid) (Req. Dominio del Chakra [Alto], Ninjutsu [Alto], Doton [Medio], Suiton [Iniciado], Tanque de Chakra [Iniciado]): Técnica que consiste en utilizar la propia melena del usuario para atacar, capturar o retener al enemigo. La longitud del cabello será mayor cuanto más alto sea el Ninjutsu del usuario. En caso de que el enemigo sea capturado, se realizara un versus entre la Fuerza del objetivo y el Ninjutsu del usuario para comprobar la efectividad de la captura.

Velocidad, precisión (se sobreentiende), longitud, resistencia del cabello: Ninjutsu [Sobresaliente] +1/2



Mokuton, Kyūin no jutsu (Elemento madera: técnica de absorción) (Req. Dominio del Chakra [Alto], Ninjutsu [Alto], Doton [Medio], Suiton [Iniciado]): Esta técnica consiste en absorber el chakra del enemigo mediante el contacto físico directo con el individuo o usando la madera como conductora de la misma. El usuario puede drenar el chakra de su objetivo completamente mientras recarga sus propias reservas, siempre y cuando mantenga el contacto de la mano con la que activa la técnica. El usuario absorberá 2 huecos de chakra cada 5 segundos, aumentando la cantidad absorbida en 1 hueco por cada nivel de diferencia entre el dominio de chakra de ambos. Es necesario ataque disperso para afectar a más de un objetivo y disponer del dominio de chakra necesario para absorber energías por separado.

Absorción: 2 huecos cada 5 segundos (Dominio del Chakra [Sobresaliente]: 4 segundos adicionales = 6 huecos cada 5 segundos, sin contar la diferencia del nivel de chakra de Yuki.



Mokuton, Saboten senbon (Elemento madera: agujas de cactus) (Dominio del Chakra [Medio], Ninjutsu [Medio], Doton [Iniciado], Suiton [Iniciado], Tanque de Chakra [Iniciado]): Técnica consistente en un lanzamiento masivo de afiladas agujas de tamaño similar a un senbon común, con las espinas del usuario. La potencia de las agujas viene determinada por la Maestría en Ninjutsu del usuario. El Dominio del Chakra determina la velocidad que alcanzarán las agujas y el Ataque Disperso el rango de acción de la técnica.

Potencia: Ninjutsu [Sobresaliente[
Velocidad: Dom. Chakra [Sobresaliente]
Rango de ataque: Ataque disperso [Iniciado]

PD.: Esta misión no es de Rango D ni de coña xDDD

Número total de palabras: 1751
 

elTrenVerde

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Lo logré! Me dio bastante trabajo, pero fue divertido. Espero que el resultado haya sido bueno:

Había llegado hasta el sur del País de las Almas en un magnífico barco, viajando en primera clase disfrazado como asesor financiero de un señor feudal. Se me había encomendado un trabajo rodeado de misterio, y por eso no pretendía levantar sospechas. La nota que me hizo llegar la consejera de la Reikage no indicaba tomar precauciones especiales al respecto, pero era mejor prevenir. Era al menos extraño ¿Por qué asignar a un ninja de Luna esta tarea?¿Por qué no recurrir a propios en lugar de ajenos? No se trataba de una falsificación, eso lo había comprobado. Había escuchado rumores, e imaginé que intentaban mantener la calma con respecto a la Reikage. Si era verdad que ésta había desaparecido, mi misión era el detonador perfecto para que estallara la tapadera que habían montado. Y yo no quería que nada estallar. Todavía.

Tras arribar, recorrí la costa como un yo-yó, pendulando entre los diferentes poblados. Bajo distintos henges hice preguntas y observaciones, buscando pistas sobre este nuevo culto que mencionaba la nota, sin suerte. Evidentemente, sus practicantes eran discretos, y yo no quería delatarme siendo demasiado incisivo. Hasta que una noche, guiado por el humo de una fogata extinta por el descuido, me encontré con un peregrino del mentado culto.

El viejo ya estaba bajo los influjos del alcohol cuando llegué, lo que explicaba su escasa preocupación por el fuego que había armado. Lo acompañaba un perro que casi ni me miró distraído como estaba en dar cuenta de los restos de un conejito. El sujeto estaba de buen talante, me uní a su campamento, avivé el fuego y compartí con él unas tartas que llevaba. Simulé beber mientras él se acababa el vino mientras yo sólo tomaba agua. Era una treta desleal aprovecharse de un borracho, pero tenía una misión, y la exactitud de los datos que aportó acerca de las prácticas del culto me hicieron entender que me hallaba frente a un condenado.

Las aberraciones que contaba eran espantosas, pero lo asombroso es que lo hacía sin la menor culpa. Estaba podrido por dentro, aunque si se encontraba más allá de la recuperación, no podía saberlo. Por lo que me contó, el esquema era simple. Estaba Kasthayuda, sus sacerdotes y sus acólitos. Debían servir a cambio de dones terrenos y extra-terrenos. Efectivo para los corazones codiciosos, si los llamados “dones” llegaban a tiempo, como parecía ser el caso. Pero no hacía falta mucha sabiduría para darse cuenta que habría que pagar el precio, quizás la colecta demoraría años, pero en algún momento, llegaría y sería inapelable. No podíamos permitir que esto se siguiera expandiendo, si la cantidad de files iba en aumento, significaba que algo andaba muy mal en el país.

La cereza del postre era la febril confesión final: el peregrino se dirigía a una aldea a 3 días de camino, donde se encontraba la sacerdotisa local del culto. No había confusión posible, Kaida debía encontrarse allí. Estimé que si el hombre se demoraba ese tiempo, yo podría recorrer el camino en horas. Estaba demasiado cerca para esperar, en cuanto se durmió, empecé a correr.

Seguramente perdí algunos kilos en esa carrera. Había compartido mis provisiones con el peregrino, y no tuve tiempo de conseguir más. Lo único que pude comer eran frutas que recolecté a la pasada. Particularmente unas perturbadoras granadas, que rezumaban su jugo sangriento como un aviso admonitorio de lo que estaba por venir.

Cuando avisté la aldea, tenía tanta hambre que me hubiera comido un caballo. Me escondí en un pequeño bosque lindero y comprobé la zona con el Kanchi no jutsu. ¡Bingo! Un chakra maligno, espantoso y vil se diferenciaba claramente de los aldeanos. Si esa no era Kaida, yo era la Reikage. Observé sus inmediaciones con el Tōmegane no jutsu, parecía estar muy cómoda y tranquila. Se la veía como una reina entre los aldeanos. O más bien como una diosa, era adorada.

La rabia me lo dificultaba, pero necesitaba descansar antes de pasar a la siguiente fase del plan. Hice que un clon me consiguiera comida, y de tanto en tanto echaba un ojo a los movimientos de Kaida mientras recuperaba fuerzas. No podría hacer fuego ni nada parecido, y no quería comer animales crudos, así que seguí mi dieta frugívora. El bosque había pasado por un exitoso ciclo de floración, polinización y crecimiento de frutos, de modo que no tuve problemas en ese aspecto. Después de lo que me pareció un banquete, dejé a mi clon vigilando detrás de una barrera de Tengai hōgin, y me entregué a un sueño reparador.

Una molesta avispa me despertó un poco antes de lo previsto, mientras caía la tarde. No era importante, había recuperado mi energía y estaba en mi mejor estado para la batalla. Tenía que empezar a acercarme.

Bajé hasta la playa, donde un niño aprovechaba los vientos costeros para remontar una cometa. Debido a los rayos oblicuos del Sol, el mar que debía ser azul se veía rojo sangre. Otro mal presagio.

Tomé la apariencia del peregrino que venía hacia aquí, con lo que había visto de él me alcanzaba para suplantar su identidad. Mi clon haría las veces de perro con otro henge. De esta manera me mezclé con los aldeanos, que esa noche celebraban alguna festividad. Dancé una especie de vals, bebí su vino, comí su pan, sin levantar ninguna sospecha. Fingí una contrición y un respeto por la sacerdotisa que me impedían verla de inmediato, necesitaba prepararme.

Para mi pesar, la adoración a Kasthayuda era comedida pero abierta en esta aldea. ¿Cómo podía ser que una enfermedad tal se hubiera enraizado en los corazones de esta gente?¿Esta podredumbre se había apoderado del País de las Almas?¿Hasta dónde había llegado? Debía comprobar por mi mismo por qué aquel culto se había extendido tanto.

Hable con los aldeanos y escuché sus historias. La guerra no los había alcanzado pero sí sus consecuencias. Durante el conflicto, los habían exprimido hasta la última gota. Y luego del mismo, los ojos estaban puestos en otra parte, ellos no eran la prioridad, se sentían abandonados. Las aldeas costeras pasaban dificultades y ya no había dinero para ayudarlas. Kaida encontró ese hueco y anidó ahí, horadando y perforando como un gusano.

Con sus bendiciones henchía las velas de los barcos pesqueros, atraía la pesca y ayudaba a los pesadores. Desde que ella estaba allí se había iniciado un periodo de bonanza. Había que participar de ciertos actos, pero eso era secundario cuando había un plato de comida a la mesa. Todo el mundo ya se había acostumbrado. O al menos eso era lo que decían. Incluso viéndolo me resultaba difícil de creer, pero ya no imposible.

Y las dudas que me quedaban, sucumbieron cuando la sacerdotisa entró en escena. En un principio me dediqué a observarla. Era increíblemente bella, y se movía como un gato, apenas rozando el suelo, como si volara, sin hacer el menor ruido. Ejercía una atracción magnética que obligaba a girar la cabeza para verla. Yo ya había sufrido cosas similares, pero esto no era un genjutsu. Era como describían a los vampiros en los cuentos, primitivo, animal, pero seductor. Aunque supieras que iba a succionarte la vida no podías dejar de mirarla a los ojos y alegrarte porque te había elegido.

Cuando puso sus ojos sobre mí, me sentí desfallecer, me entró pánico. Tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para escapar de esos pozos insondables, de las caricias que prometía esa mirada. Kaida enfiló en mi dirección, su andar gatuno y seductor se había vuelto decidido. Mientras Intentaba mantener la compostura, abandoné a la muchedumbre que la alababa, y comencé a caminar hacia el mar. Me había confiado, había sido tonto no tomar más precauciones, no disfrazar mi chakra, no evitar el contacto preliminar. Mi obstinación en creer que el culto se hubiera expandido tan fácilmente me había cegado. La sacerdotisa era de temer.

Me acerqué a una especie de taller, donde un hombre pulía con una amoladora el casco de su bote. Ella me seguía, sin embargo tuve un momento para serenarme. Preparé mi emboscada lo más rápido que pude, descartando ideas mientras sigilosamente me desplazaba por el lugar. No podía usar bombas o sellos en ese espacio cerrado sin poner al aldeano en peligro, ni tenía tiempo suficiente para sellar técnicas. Sin pensarlo dos veces, noqueé al hombre y lo oculté con un henge en un solo movimiento, luego lo suplante con otro clon. La máquina nunca dejó de hacer ruido. Me oculté entre unos tanques y bombonas que había a un costado, mientras el “perro” husmeaba el suelo distraídamente y el “aldeano” trabajaba en su casco.

Escuché sus pasos acercarse, y me di cuenta que había sido un estúpido, seguía sin pensar claramente ¡Si Kaida me había detectado con alguna técnica sensora, mi plan no serviría de nada! Aún así, ya no tenía tiempo para otra cosa, su sombra alargada por los rayos de la Luna se proyectaba a través de las puertas abiertas del taller. -¿Por qué te escondes peregrino?¿No era a mí a quien habías venido a ver?- Me hablaba mientras cruzaba la puerta, en obvia dirección a mi escondite. Su voz era dulce como la miel. Mi determinación dura como el acero.

Todo sucedió increíblemente rápido: el clon que llevaba la herramienta se la lanzó como distracción, y saltando por sobre el casco del bote ensayó una patada descendente demoledora, en simultáneo, por el otro costado el clon que hacía de perro deshizo su henge y sin alzarse del suelo ejecutó un barrido perfecto. Por mi parte, abandoné mi escondite lanzando una bombona como un misil y me arrojé como un rayo sobre la mujer, en combate cuerpo a cuerpo no tendría oportunidad.

Iluso de mi, Kaida estaba perfectamente preparada. Al primer atisbo de movimiento extraño, abrió la mano derecha y su Mahouchou voló a ella, abriéndose en el acto. Primero fue un brillo cegador, luego una potente ráfaga de viento la rodeó, repeliendo a todo y todos varios metros. Algunas de las tablas del taller se soltaron de los clavos, los clones desaparecieron en montones de tierra desperdigados por el fuuton y los objetos y yo caímos por cualquier parte.

-Mmm, un muchacho tan guapo, espero que no reacciones así cada vez que una chica se interesa en ti.- Mi henge había desaparecido, y ya me ponía de pie para un nuevo asalto. Con cada frase Kaida me señalaba, su libro brillaba, y una flecha de aire intentaba clavarme al piso. Podía esquivarlas con facilidad saltando de un lado a otro del taller, estaba jugando conmigo. Pero yo también podía jugar, ahora que estábamos en un combate abierto, mis dudas habían desaparecido. Toda la ira y la indignación que su culto nefando me provocaban palpitaba en mis sienes. Tenía que capturarla y acabar con su secta, y para lograr eso, destruir su libro no era opcional, era una necesidad.

Ese tenía que ser mi objetivo, y para eliminar las distracciones, tenía que alejarla de la aldea. Por lo que había leído en su archivo, y creía que estaba confirmado, la mujer era una seductora. -Puede intentar ocultarlo con ilusiones, pero dejó de ser una chica hace tiempo señora.- Donde todos los elaborados planes habían fallado, el truco más estúpido funcionó de maravilla. El brillo del Mahouchou se intensificó, preventivamente escapé a través de una ventana, y el taller completo voló por los aires. Aproveché el impulso y gané la playa en una corta carrera, comencé a ordenar mi chakra.

Kaida frenó mi retirada envuelta en una burbuja de viento, probé sus defensas con algunas armas arrojadizas, y ella mi agilidad con más flechas. -Para ser tan bocazas, eres un poco decepcionante, sólo sabes esquivar ¿Por qué no paramos esto y hablamos? Tu me atacaste primero.- Demostrando su buena voluntad, suprimió la burbuja y se posó delicadamente en el suelo. -De acuerdo- Abandoné mi guardia por un momento.

Esta vez fue una lanza propiamente dicha, también compuesta de viento, la que surcó el aire en busca de mi pecho. Era mi oportunidad, ya había visto muchos de sus ataques, incluso si este era el doble de potente estaría bien. -¡Doken-ryū!- El chakra de tierra me cubrió por completo, y disipé el fuuton con un Hoshō, llevándome sólo unos cortes superficiales en el intercambio, perfecto. Encaré contra Kaida a toda velocidad, disipando las flechas con distintos golpes del Rakanken potenciado. No me hacían nada gracias a mi resistencia natural aumentada por el chakra elemental. Esperaba sorprenderla con el ataque frontal, y lo logré, clavando ambos talones en la arena y arraigado con chakra elemental, conecté un Shōgekishō perfectamente ejecutado.

El dolor fue atroz, una corriente eléctrica como nunca había sentido casi me deja inconsciente. Millones de destellos aparecieron en mis ojos como si estuviera viendo de lejos un bombardeo. -No puedes culparme por tener preparado un seguro, ya había visto que eras usuario de doton por tus clones, te falta experiencia muchacho.- No podía decir si fanfarroneaba, pero el tono de su voz había cambiado, y creía ver que se limpiaba algo de sangre de la boca. Sabía que había conectado. Quizás ella también necesitaba un momento para recuperarse, porque siguió hablando. -Ya lo intentaste ¿Ok? No quisiera seguir con esto, hoy es fiesta ¿Por qué me atacaste?- La sacerdotisa alzó la vos para hacerse oír sobre el rumor creciente de las olas.

Me costaba creerlo, semejante descaro. -¡Tu culto es diabólico!¡Envenenaste el alma de esas personas!- Y además tenía algo que ver con la desaparición de la Reikage, pero momentáneamente lo había olvidado. La expresión de Kaida era de extrañeza. -No me lo creo ¿Acaso esa gente feliz te parece envenenada? Nadie pensó en ellos hasta que YO me interesé.- -Pero ¿A qué precio? Te aprovechaste de su desesperación y los metiste en un pacto que van a saldar con sus almas- Gritábamos por sobre el ruido del mar. -No lo entiendes.- Su libro brillaba como nunca, y una monstruosa ola me arrastró mar adentro.

Estaba en su elemento, y comencé a abrir las puertas del Hachimon tonkō para ganar fuerza y salir a flote. Logré pararme sobre el agua. Kaida lucía aterradora, flotando sobre las olas. Su Mahouchou brillaba frente a ella mientras convocaba dos paredes de agua para aplastarme por los costados, y un torbellino de viento para protegerse. Era todo o nada, abrí Keimon y servido del chakra extra creé dos brazos con el Kyodaina ude para contener las montañas de agua. Con el mismo impulso del golpe de mis colosales creaciones, me lancé contra la sacerdotisa, enhebrando un Asa Kujaku que esperaba destruyera sus defensas y cualquier otra cosa que se le ocurriera lanzarme. Por último, expandiría Eria sobre ella, si lograba tocarla con mi aura, todo habría terminado, podría paralizarla o lo que quisiera. Sería mía.

Cantidad de palabras: 2472
 

Lergand

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Los Reiden, al parecer, tenían problemas. Tenían una misión especial para mí, así que me desplacé a Tsukigakure. Zerion, el jefe del clan y buen amigo mío, me encargó un trabajito bien mono: tenía que traer ante los Reiden a una especie de renegado llamado Yuki, que había decidido integrarse como sacerdote en una iglesia de Tsukigakure. Me pregunté en mi fuero interno el porqué debía hacer aquello, pero como buena profesional, no pregunté nada a Zerion. Me despedí de él y me puse en marcha, lista para hacer mi trabajo.



Un Reiden de nuevo, eh… Espero que este no sea tan serio como Zerion. ¿Sabrá reírse esta maceta humana?”, pensé, mientras masticaba un bollo de judías algo seco. Me aproximé a un puesto de comida, situado frente a una pequeña laguna. Pregunté al encargado si tenían chucherías, y me compré un chicle que, tras comerme el bollo de judías y metérmelo seguidamente en la boca, determiné que tenía una dureza exasperante. Me sentí irritada al respecto.



Me pregunté entonces qué debía hacer. Me acerqué a la pequeña laguna, me acomodé en su borde y miré hacia el fondo. Contemplé los peces que se agolpaban en la superficie, intentando comer las migas del bollo que me había comido antes, ya que se las lancé con alegría. Aparte de dirimir qué rumbo debía tomar, soñé ser famosa tras esta misión… ¡Me convertiría en una celebridad! Mi fama tendría la consistencia del oro, y me conocerían en todo mi barrio… No, qué digo, ¡en toda la urbe que era Haganegakure! Ya no sería más una cosa que estorba en un rincón, una blandi-genin que no sirve para nada… Yo y mis nuevos amigos, los insectos de la isla Yakushima, juntos, seríamos guerreros de renombre. Que, por cierto, ¿habría alguna mariposa en la isla? Lo dudaba.



Supongo que tengo que reunir información sobre ese Yuki… Debería haberle preguntado a Zerion, a ver qué es lo que sabían de él… Me temo que, si el chico es demasiado obstinado, el resultado no será el esperado: habrá que pelear contra él. Mínimo, si consigo derrotarlo, Zerion me deberá pagar con chapas y alguna que otra fruta. Si al minino de Aika le gusta, le daré un poco también…



Me levanté del borde de la laguna y me dirigí a la Oficina del Kage, a ver si tenían en sus archivos información sobre el tal Yuki. Después de todo, en Tsukigakure tendrían registros de todos sus habitantes. En recepción me dijeron que debía dirigirme a la Biblioteca. Así hice. En una sala llena de telarañas, desempolvé entre viejos archivos un registro de Yuki. Había sido genin y era devoto de la iglesia de luna. En la hoja de misiones se hablaba de sus hazañas, así como de sus características: usuario de raiton, genjutsu y poseedor del Reinegan. Como ya sabía, más o menos, cómo funcionaba, podría enfrentarme a él si se diera el caso. Cuando terminaba de decidir qué hacer con la misión, una araña terminó revelándose en uno de los rincones, hecho que me asustó. Extrañamente, me sentí atraída por comérmela… ¿Qué era lo que me estaba pasando?



Bien… Me dirigiré al primer templo de la Iglesia de Tsukigakure que me encuentre en el camino; sé dónde está el más cercano, así que no tiene pérdida. Me quitaré pronto esta mancha de mi historial… Si acaso, preguntaré al primer monje o sacerdote ebrio que vea, que sabrá decirme dónde encontrar al Reiden renegado. Me mantendré quieta y relajada en todo momento, y actuaré como una verdadera kunoichi debe hacer… ¡Soy Sayonara Baby, la mejor de las kunoichi genin de Tsukigakure! ¡Lo demostraré cuando complete esta misión con éxito!



El tragaluz que había en la parte superior de la bóveda de aquel templo iluminaba la capilla con una tenue luz. Yo me encontraba en medio de aquel lugar, donde había diversas macetas humanas rezando sus oraciones en unos bancos dispuestos para tal efecto. Un iniciado de la orden me guió hacia el interior de su capilla, después de que declarara que estaba buscando a una persona para que me orientara sobre diversos aspectos que solo consultaría con él, y nada más que no él.



—¿Yuki? Sí, lo conozco. De hecho, se aloja en nuestro templo. Aunque, por una extraña razón, nos ha pedido que, si preguntaban por él, ignoráramos la petición —me dijo el sacerdote. Usar “un par de remos en mitad de un amplio mar a bordo de un pequeño cascarón siempre funciona”, como decía mi madre como metáfora de esfuerzo y superación. Investigar un poco había servido para algo—. Se está iniciando en los misterios de nuestra orden, así que anda muy ocupado. Aunque yo, la verdad, no tengo problema en decirte dónde está en este momento. Es muy devoto a la orden y no se alejará de ella por nada del mundo. Solo quiere estar en paz y dedicarse su fe…



¿Perforar su cascarón como si de un empaste se tratara?”, pensé, imaginando la orgullosa dureza de Yuki. Lo intentaría. Había aprendido habilidades de persuasión, diplomacia e intimidación gracias a Sakura-sensei, así que no creo que tuviera demasiados problemas en igualarme a su “dureza”. Lo intentaría convencer por todos los medios que pudiera para que volviera con su gente.



—¿Hay algún problema con que entre al claustro de este templo con mi ropa actual? —le pregunté al sacerdote que me guiaba. Él (¡casualidad, era un sacerdote adicto a la bebida!) se llevó un pichel a la boca, lleno de una extraña sustancia, sangre de uva, y se lo bebió entero. Necesitaba aclarar su garganta.



—Sí, puedes acceder sin problemas —me dijo—. Lo único que tienes que hacer es procurar andar con cuidado, ya que te puede caer algún andamio encima. Estamos reformando los tejados de la hospedería.



El detonador que derrotaría al mal alojado en Yuki sería mi determinación. Su espíritu quedaría roto, por más usuario de raiton que fuera: ¡seguramente era una copia de Zerion, a juzgar por sus habilidades!



Me adentré en el claustro. La alborada de los sacerdotes, recluidos en alguna habitación para el rezo, se escuchaba desde el mismo. Aquel lugar era un buen modelo de conducta para contentar a las macetas humanas: sus estudiantes se convertían en personas rectas, benevolentes y pacíficas, no como las plantas salvajes como yo… Dejé mi novela mental para otro momento, al conocer el destino de la persona que estaba buscando. El sacerdote señaló a una celda y yo llamé a la puerta. Un grito hizo que desistiera un poco en mi parte. Llamar surtió efecto, pero no de la manera esperada.



—¿Quién es? —preguntó la voz de forma arisca—. Si no es usted, maestro, no deseo visitas…



El sacerdote hizo un gesto de no saber qué hacer; estaba segura de que le molestaba aquel chico. Se marchó por donde había venido y me dejó a solas, tras el Yuki, que se encontraba detrás de una puerta.



Emplearía toda mi Determinación [Alto] y todo mi Carisma [Alto] para intentar traerlo de vuelta a casa.



—Me llamo Sayo. Te estaba buscando porque deseo escribir un artículo sobre el monasterio —mentí—. Me han dicho que está en mantenimiento, pero que no hay problema en que una periodista como yo te haga una entrevista… ¿No me pondrás ninguna objeción, verdad?



Intenté salvar el poco margen de error que me quedaba, añadiendo:



—Es por la causa de la religión. Un trato justo. Tú me ayudas a hacer mi humilde trabajo, y yo te ayudo a publicitar las bondades de la orden a la cual perteneces. ¡Seguro que te gusta, ya verás! Ayudaré a la iglesia con todo lo que pueda… Imagínalo como un granero que se vacía y que, al poco, vuelve a llenarse de nuevo.



No quería seguir esperando más. Me reconcomía la impaciencia, pero fui paciente y esperé la respuesta del rebelde Reiden. Yuki me respondió:



—¡Qué remedio! Detesto a las periodistas como tú, que intentáis convencer a iniciados con tretas de ese estilo, pero si es por la causa de la Iglesia de Tsukigakure puedo hacer una pequeñísima excepción… —Yuki hizo una pausa—. ¿Podré leer el artículo que escribas antes de que esté publicado? No quiero provocar una guerra entre credos. Sería una sorpresa para mí que eso sucediera.



Yuki me abrió la puerta y me dejó entrar a su celda. Hice una leve reverencia y me senté en el escritorio de su habitación. Llevaba lápiz y papel para escribir lo más rápido posible. Comencé a hacerle preguntas:



—¿Qué te parece la noticia de que el clan Reiden se vaya a adherir a la causa de la Iglesia de Tsukigakure? Zerion está contribuyendo mucho a ello ahora mismo. Se está reuniendo con el Sumo Sacerdote de la iglesia en estos momentos para firmar un acuerdo entre los dos grupos…



—¿Que qué me parece? —la emoción iluminó el rostro níveo del Reiden— Eso no solo sería lo más sabio y acertado… ¡Sería genial!



Yuki podría tragarse la trola, o no. Esperaría a que me contestara, aunque fuera escuetamente. Yo seguiría preguntando cosas:



—¿Puedes hablarme de tu fe? ¿De cómo vives en este lugar, cuáles son tus rutinas?

El Reiden era un poco esquivo. Se mostraba silencioso, pero cuando le preguntaba sobre su religión, me hablaba secamente, pero sin dejar de demostrar su pasión por la Iglesia.

—¡Pues muchas gracias por la entrevista! Ahora toca que te vengas conmigo, que tu superior quiere verte… ¡Tengo que haceros una foto juntos! Es para ilustrar el artículo.

Si la sugestión no había funcionado y no se venía conmigo, esperaría allí. Enviaría a un animal mensajero a Zerion informando de que Yuki Reiden se encontraba en un templo cercano, y que no tardarían en llegar hasta donde estaba. Yo me encargaría de que no escapara.

De hecho, si el Reiden se ponía tonto conmigo, no me quedaba remedio que dejarlo en su sitio, como maceta humana que era. Aprovecharía para tomarme una Semilla de la Casa-Macetero para potenciar mi ataque (Potencia de técnica de Mokuton +1/2). Ya sabía como funcionaba el Reinegan, había visto luchar a Zerion, así que se lo bloquearía con mi Mokuton, Tsukurami tapándole los ojos y, de paso, lo atraparía en una maraña de lianas. No quedaría eso ahí, sino que aplicaría el Mokuton, Kyūin no jutsu para drenar las reservas de chakra de Yuki al mínimo, hasta dejarlo inconsciente. Si intentaba atacarme con raiton, le lanzaría a bocajarro desde mi cabello (porque estaría atrapado) un Mokuton, Saboten senbon para que se calmara un poquitito. Sería una kunoichi buena, pero no iba a ser tonta. Esa etapa de mi vida había quedado atrás…



—Antes vivía con mi clan. Pero ellos quieren que me someta a la tradición y acuda a la academia ninja. No ven que aquí tienen mucho más que ofrecerme. También puedo ayudar a la gente desde aquí… —bajó un poco la voz— Puedo ser útil tanto luchando como no haciéndolo. Si eso que dices es verdad, podré hacer ambas. Podría dedicarme a la contemplación aquí en el templo. Cada mañana me levanto con el sol y dedico a la rutina de depuración espiritual, rezos y ayudo a los fieles que vienen en busca de ayuda. Podría vivir aquí, como hago desde que escapé, y cuando me requirieran para ayudar en el clan volvería sin temor a represalias…

No hizo falta más. Pese a que su determinación por quedarse en la Iglesia lo había llevado a desertar, su falta de percepción le impidió ver a través de las mentiras de la genin. Consiguió llevarlo de forma pacífica hasta el Barrio Reiden.

—Zerion-sama, es genial que haya decidido colaborar con la Iglesia de la Luna. Es lo más acertado. Así no será necesario que reniegue del clan… Y lo siento.

A Zerion le pilló por sorpresa aquello, pero sabía ocultar bien sus emociones y nadie notó su sorpresa. De hecho, comprendió rápidamente la trola de su amiga Sayonara y reaccionó a tiempo.

—Sin remordimientos. Ya sabes cómo tratamos a los desertores… —aquellas palabras estaban a medio camino de un consuelo y una amenaza.

Sin previo aviso, Zerion activó el Reinegan y Yuki quedó paralizado. Unos segundos de tensión y su cuerpo comenzó a sufrir ligeros espasmos. El Reinegan del propio Yuki se había activado y había adquirido el color verdoso característico en el de Zerion. Y lloraban. Pero la sonrisa en el pálido rostro del Reiden desertor demostraba que era de alegría.

Pocos minutos después se desmayó y unos genin del clan se lo llevaron a una habitación.

—Está en buenas manos, Sayo. No debes preocuparte… Y creo que tengo cosas que hacer con la Iglesia de la Luna. Creo que no es del todo mala idea que colaboremos. A fin de cuentas tanto la Iglesia como los Reiden queremos lo mismo: proteger Tsukigakure —le dedicó una sonrisa antes de entregarle toda la recompensa prometida.



Misión completada con éxito. Te llevas el 100% de la nota, lo que corresponde a 40 puntos + objeto interpretativo. Ha sido un tema fluido, bien interpretado y divertido. No ha hecho falta ningún combate, porque has decidido resolverlo a golpe de labia (y el pobre Reiden es un ingenuo). Lo difícil hubiera sido enfrentarse al clan (Rango B). Decidir devolver al desertor era un simple Rango D. El enfrentamiento hubiera sido resuelto fácilmente. Sin embargo, aplaudo que Sayo decidiera el engaño para esta misión y se merece el 100% de la nota.



¡Enhorabuena!
 
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