[Evento A/B] ¿Un día como cualquier otro?

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Sigma.

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Seguramente había sido demasiado obvio en su esfuerzo, puesto que Ryu no tuvo problemas en esquivar su patada dando un salto hacia atrás, movimiento que también le permitió mitigar en gran parte el daño de su palmada. Esta no tuvo ni un décimo de la fuerza al impactar que había calculado, por lo que solo logró incomodarlo levemente.

“Es bueno. Desestimó ambos movimientos con apenas un mínimo de esfuerzo y tan solo dando un paso en otra dirección. Ese nivel de comprensión de las intenciones enemigas solo se logra tras mucha práctica… y mucho sufrimiento.”

Hiei se quedó quieto un segundo, en posición estándar, estudiando al Uchiha. A tan corta distancia era extremadamente arriesgado, pero no dejaría pasar más de un milisegundo si notaba alguna reacción para tratar de defenderse él mismo, reajustando la estrategia.

Optando por un acercamiento diferente, esta vez utilizaría la patada giratoria a nivel de su tronco, y si volvía a esquivarle apoyaría ambos brazos en el suelo para hacer balance y efecto palanca, ejecutando nuevamente el mismo movimiento con la pierna restante en posición ascendente desde el suelo.

Nuevamente, su contrincante ni se inmutó, bloqueando casi sin esfuerzo la primera con ambos brazos. La segunda simplemente rozaría el aire en el lugar en que había estado, puesto que se volvería a alejar de la patada con un juego de pies.

“Dos veces. No estoy dando todo de mí, pero él ni siquiera parece haberse molestado con mis golpes. Hubiera sido casi lo mismo el haberlos recibido de lleno; apuesto a que tampoco se hubiera inmutado demasiado. Una vez más, probaré la teoría.”

Se había quedado de puntillas de pies en el suelo, agazapado, mirándolo con los ojos entrecerrados mientras analizaba la situación. Si estaba en lo correcto, su siguiente acometida sería la última del combate.

Esta vez aprovecharía su posición para dar un salto a modo de resorte, buscando el mayor impulso delantero posible, tras lo cual sucedería una andanada de golpes directos de puños y palmas.

Para su sorpresa, más allá de los bloqueados y esquivados, algunos cuántos de ellos conectaron, igual o tanto más que su primera palmada… solo para tener el mismo efecto que ya había visto cuando Ryu bloqueó su patada: no había esfuerzo detrás de ello, o el mínimo indispensable para detener el ataque sin sufrir ni una pisca de cansancio o dolor. Por en cambio, él ya comenzaba a jadear, gotas de sudor cayendo por ambos lados de su rostro. Sentía cómo los músculos comenzaban a palpitarle en las extremidades.

“En efecto, es muy superior a mí. Parece que solo quería probarme, ver de qué y hasta dónde era capaz.”

Estaba a punto de adoptar su pose pasiva cuando sorpresivamente la arena se llenó de humo y un hombre de pelo blanco apareció entre ellos. Rápidamente Hiei adoptó una pose defensiva, aunque luego de escuchar lo que el recién llegado tuvo para decir se tranquilizó. No parecía ser una amenaza, y si era de fiarse de sus palabras, incluso era un sensei de un grupo de ninjas de Haganegakure.

Tras aquella aclaración y repentino espanto, aunque no sin quitarle los ojos de encima, se arrodilló en el suelo poniendo los brazos en jarra, manos en la cintura.

- No habrá necesidad de ello… ¿Kari-san? ¿Suigin-san? Un guerrero reconoce cuando se ha visto superado por otro de mayor nivel. - Luego desvió la mirada tan solo un segundo hacia Ryu, lo suficiente para dirigirle las palabras que acabarían con la pelea. - Concedo la pelea, Ryu. Sé que tus intenciones son honorables, pero simplemente no estoy a tu altura. Solo espero no haberte decepcionado.

Volviendo la mirada hacia Kari Suigin, aún sin fiarse del todo, respondió a la pregunta que hasta ahora había dejado en el aire:

- Mi nombre es Hiei. Provengo del monasterio a las afueras de la villa, en la cordillera. ¿Sucede algo en particular?

- Rakanken: (Req. Taijutsu [Iniciado], Fuerza [Alto]) Un estilo de taijutsu que consiste en golpear al enemigo con impactos brutales al enemigo. Tiene seis variantes: Gangeki (Puñetazo), Tokken (Placaje de hombros), Shōshitsu (Rodillazo ascendente), Hoshō (Palmada), Shōgekishō (Palma ascendente) y Asshō (Palma descendente). Todas tienen el mismo efecto. En función de la diferencia de niveles entre el Taijutsu y la Fuerza del usuario con respecto a las del objetivo, la posible proyección de la víctima será mayor o menor.

- Senpuu: (Req. Taijutsu [Medio], Fuerza [Medio], Velocidad [Iniciado]) Una técnica consistente en una poderosísima patada giratoria en el aire normalmente dirigida a la cara del enemigo para noquearlo, causándole daños inmensos. Evoluciona según las habilidades del usuario aumentan; según el nivel de poder, la técnica cambia su nombre para destacar su potencia.
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Summlaris

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El Uchiha estaba disfrutando el combate, cada golpe que esquivaba, bloqueaba e incluso los que recibía. Analizaba al monje en cada movimiento, su modo de moverse, su velocidad, agilidad, fuerza.

"No es malo, nada malo para acabar de empezar"

Para tratarse de un chico que no sabía su naturaleza de chakra, su habilidad con el taijutsu era mas que considerable, y aunque ninguno de sus golpes suponía una amenaza real para un más experimentado Ryu, una de las palmadas que recibió consiguió hacerle sangrar. Era una herida en el labio, nada grave, pero suficiente para sacarle una sonrisa al Uchiha.

-¡Eres fuerte!-Dijo escupiendo algo de sangre al suelo.

Pero no era su fuerza lo que más había impresionado al gennin. Conforme avanzaba el combate, Hiei se iba esforzando mas, aumentando la intensidad de sus ataques. Su forma de combatir, su postura e incluso su forma de mirarlo cambiaban a medida que pasaban los minutos.

"Se esta dando cuenda de la diferencia a pesar de mis intentos de ocultarla, su juicio en combate y capacidad de análisis son increíbles"

Siguió disfrutando del combate como un niño hasta que, de repente, el tatami se llenó de humo. La primera reacción del Uchiha fue situarse por delante de Hiei de modo protector. El hombre de pelo blanco que acababa de aparecer frente a ellos no parecía una amenaza, pero el Uchiha no estaba nada tranquilo en ese momento.

-No me has decepcionado para nada Hiei, ¡al contrario! tienes una fuerza bastante impresionante y además te has dado cuenta rápido de lo que había. Vas a ser acojonantemente fuerte como sigas así. Gracias por el combate-Dijo poniéndole una mano en el hombro.

Acto seguido se dirigió hacia el recien aparecido Kari Suigin con un tono de voz mucho mas serio que el que usaba para dirigirse al monje.

-Efectivamente, soy Ryu Uchiha, miembro del grupo Tetsu...no conozco el grupo Sanso. ¿Hay noticias sobre los Northwales?

Para Hiei había terminado el combate, y Ryu, aunque lo estaba disfrutando, no le insistiría. Ya había disfrutado y había satisfecho su curiosidad. Además, había algo que le incomodaba en la mente.

"A que se refiere con que caeremos los dos a la vez?"

Un shinobi experimentado como aquel sabría que Hiei no podía derrotar al Uchiha en esas circunstancias. Ryu arqueó una ceja con suspicacia mientras esperaba la respuesta sobre los piratas.
 

JimmyMcNulty

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Kari Suigin miró con suspicacia al monje, aunque le tendió la mano en gesto amistoso y le dedicó la mejor de sus sonrisas.

-Con Suigin-san bastará. Ese es el apellido de mi familia... ¿Conoces a ciertos usuarios manipuladores del mercurio? De hecho, ese es mi kekkei genkai... No tiene mayor misterio, ¿verdad?

El carácter del hombre era transparente, y su personalidad franca y directa. Cuando Ryu preguntó por el grupo Sanso y los Northwhales, Kari Suigin hizo una mueca bastante graciosa.

-¿Mi grupo? Digamos que en tu próxima misión estaremos implicados... ¿Reisuke no te ha contado nada? Típico de él, tan callado como siempre. Tenemos que investigar un lugar donde hace poco ha habido movimientos misteriosos, aunque eso mejor se lo dejaremos a cierto miembro del Consejo de Acero... ¡Que luego me regañan! -hizo entonces una breve pausa-. Lo último que he conocido de los Northwhales es que se han dirigido hacia el noroeste, hacia un archipiélago poco explorado y desconocido. Hay un barco de la Alianza que los está siguiendo, pero no se sabe nada más... Ya sabes, eso es lo máximo que se puede contar. Lo demás es alto secreto... ¡Y volviendo a lo nuestro...!

El jonin se llevó la mano derecha al mango de su zanbato y alegó, nuevamente:

-Dije que los dos íbais a caer a la vez, ¡y así será, jejeje! -el tipo lanzó un ataque sorpresivo, muy veloz, primero sobre el Uchiha, que interpuso sus brazos sobre el perfil plano de la espada bastarda, pero aquello no le bastó para detener el ataque. Fue impulsado hacia atrás y a causa de la inercia generada por el movimiento de espada de Suigin se llevó por delante a Hiei... Los dos cayeron precipitadamente sobre la superficie del campo de combate, efectivamente, al mismo tiempo, tal y como dijo Kari Suigin-: Os lo dije, caeríais los dos a la vez... Bueno, ¿qué tal esa cena? ¿Apetece o no? ¡Invita la casa, así que dad rienda suelta a vuestra gula, que soy generoso!

[...]​

"La puerta alegre" no pintaba ser un lugar decente, y menos a aquellas horas, puesto que las diez de la noche no era ni hora de cena ni para un shinobi, ni para un monje, sino que ya era tiempo de dormir (si el tipo en sí era disciplinado). En su interior miles de chicas desfilaban medio desnudas sirviendo comida y bebida a la clientela, generalmente miembros del sexo masculino que venían a verlas a ellas y, desde luego, a comer (no en vano, la comida de Miss Yuriko, la propietaria de "La puerta alegre", era famosa en aquel barrio). También había sección para chicas, pero en aquella no habían entrado, ya que Suigin había supuesto que sus jóvenes compañeros eran heterosexuales como él, pero ¿quién lo sabría?

Una chica guapísima llegó a la altura de vuestra mesa. Lucía un corsé muy ceñido y una falda corta que dejaba entrever sus largas piernas, y a su costado portaba un sable. Era un mero disfraz, capaz de contentar aquellas mentes fantasiosas que pensaban en vivir aventuras más allá de su gris día a día.

-Hacía tiempo que no te veía, Kari-kun... ¿Quiénes son estos mozalbetes? -preguntó la chica.

-Pues dos tipos a los que he conocido hoy. El rubiales es Ryu, y su compañero es Hiei...

La chica os sonrió seductoramente.

-Cada día que pasa me traes chicos cada vez más guapos... ¿Quién pedirá primero? -preguntó de nuevo la chica, esta vez colocando sus brazos sobre la mesa, dejando entrever sus voluptuosos pechos al personal.

-¡Yo, yo! -exclamó Suigin, recogiendo con prisa el menú de la mesa y revisándolo con avidez-. A ti, Yume, te quiero a ti... -y suspiró teatralmente-. Y un buen pollo a la brasa, y atún escabechado de segundo si tenéis.

-¡Claro! -Yume dio media vuelta y apuntó el pedido en un bloc que portaba, levantando la brisa su falda y dejando entrever sus bragas y su trasero durante el proceso-. ¿Y vosotros dos, jóvenes polluelos? -os dijo.
 

Summlaris

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"Usuarios que manejan el mercurio...es del clan de Suba?"

No estaba seguro pero era bastante posible, iba a preguntarle directamente pero calló cuando empezó a hablarle sobre los Northwales. Asintió cuando terminó de darle toda la información, no era gran cosa, pero ya le servía para ir haciéndose una idea.

"Phana...te encontraré pronto...y te daré una paliza que te voy a reven..."

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando vio la espada de Suigin dirigirse hacia ellos, y aunque pudo usar sus brazos para protegerse tanto a el mismo como a Hiei, el impulso los sacó fuera de la plataforma.

-¡Lo sabia! ¡Lo sabía tio, que hijo de puta!-Dijo medio riéndose mientras se incorporaba y le cedía una mano al monje para que hiciese lo mismo. -Esto es muy común entre los ninjas Hiei, si te lanzan un mensaje críptico es que van a soltarte una ostia segundos después. Te juro que esta vez lo sabía, pero con los datos de los Northwales me he puesto a pensar y me he distraído un momento.

El Uchiha no se lo tomó a mal, así que se acercó a Suigin y lo miró detenidamente.

-Llévanos a cenar anda.

Una cena gratis nunca estaba de más.

[...]

Cuando llegaron a "La puerta alegre" y empezaron a ver el puterío que había por allí dentro, el Uchiha se sintió encantado por una parte, pero otra no podía dejar de pensar en como el recto Hiei se tomaría aquello.

-Tranquilo...tu cena y ya está-Le susurró al oído.

Se sentaron en una mesa y una chica de pelo largo blanco, con una falta corta y con un escote que Ryu no podía dejar de mirar, acudió para tomarles nota. Según le escuchó a Suigin, se llama Yume.

"Yume" "Yu-me la follaba desde luego"

Para cuando le tocó pedir, el Uchiha no podía parar de mirarle las tetas.

-Yo...eh... mmm...me gustaría tomar una..una almej...digooo un poco de conch....lo que en realidad quiero esss un tomateta, ¡UN TOMATE! hehe si, un tomate, un tomate con sal y con un bisteck y si me pones...

"Si me pones si"

-Si me pones una cerveza te lo agradecería.

"Joder si te lo agradecería"
 

Sigma.

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La contestación que había ligado por parte del recién llegado Kari Suigin no había tenido nada que ver con la pregunta que él había hecho. Eso, y la mirada que le había dedicado - o mejor dicho, clavado. Si antes la situación ya le parecía extraña, aquello no hacía más que incrementar su sospecha y nivel de alarma general.

Lastimosamente, Hiei calló en el mismo truco que Ryu: el peliblanco comenzó a hablar, tanto que al final acabó perdiéndolos entre la maraña de palabras (que dicho sea de paso, para él no tenían ningún sentido; aquél tema parecía corresponder a conocimientos previos del Uchiha), y una vez las puntadas estuvieron dadas, atacó.

“¡Lo sabía…!”

Era demasiado rápido. Incluso su acompañante, que había atinado a ponerse entremedio del ataque para bloquearlo, no fue rival para él. Cayeron ambos, Ryu arriba suyo, dejándolos tendidos en el piso. Sin rasguño alguno al parecer, pero con el autoestima completamente…

“…¿Eh?”

El rubio no tenía problema alguno. Es más, reía concienzudamente, sin importarle lo más mínimo lo que había sucedido. Hiei, por el contrario, fruncía el entrecejo de la manera más sombría que alguna vez lo hubiera hecho. Aceptó la ayuda para levantarse, pero no le sacaba el ojo de encima a su agresor. No le importaba que se diera cuenta de su gesto: lo había cruzado, traicioneramente además.

- …claro.

No dijo más. Aceptaría la invitación a cenar a regañadientes, por pura y simple cortesía y porque Ryu ya había dicho que sí, porque de haber sido por él, le hubiera plantado en el momento, dejándolo con las palabras en la boca.

[…]​

Cómo no. No sabía porqué no se lo había imaginado ya: la invitación era a un burdel. Un puto burdel.

“No le alcanza con ser rastrero, también es un miserable.”

- No te preocupes. - Por primera vez en el día en la voz de Hiei no había siquiera un mínimo atisbo de duda. Estaba demasiado enfocado en lo que había sucedido para que terminaran allí como para dar cuenta de que dentro del local lo más posible es que viera mujeres semi-desnudas y desnudas a granel.

Último en la fila a propósito, siguió la cola hasta dar con la mesa en la que se sentaron. Enseguida una hermosísima mujer llegó para atenderles, su atuendo más que revelador y que en cualquier otra ocasión hubiera dejado sin palabras al monje…

…pero nada. No esta vez. Seguía con el gesto completamente agrio y la mirada clavada en el peliblanco.

Siquiera la pobre alocución de Ryu pudo hacer mella en su faz impertérrita. Había esperado el momento oportuno, y por obra del destino, había llegado. Sin dejar de posar la vista en Kari, dijo:

- ¿Qué tal… una patada en los testículos a Suigin-san? ¿Está eso disponible? - Comenzó, escupiendo veneno fervientemente. - O mejor aún: tirarle todos los dientes de un puñetazo. ¿No, tampoco? Vaya, qué lástima…

Ya está, podía darse por satisfecho de haber dejado en claro su punto. Sin mediar más palabras, se levantó con un estruendo de la mesa, esta vez aligerando un poco la mirada ya que su interlocutor sería Yume y ella no se merecía nada de lo que había sucedido:

- Yume-san. Eres una mujer inusitadamente hermosa, y en cualquier otro momento estaría prácticamente babeando a sus pies, por ti o por cualquier otra chica del local… pero ahora… ahora, simplemente, no puedo. Pido mil disculpas, aunque entenderé que eso no sea suficiente y que quieran que jamás vuelva a pisar el local; si estuviese en su lugar, no aceptaría nada menos. Entenderé y aceptaré cualquier represalia.

Luego volvió a girarse, clavando nuevamente la mirada en Kari Suigin. Solo le dejaría una frase final, sin importarle que reflexionara sobre ella o no:

- Durante todo el día Ryu se esforzó en mostrarme el lado bondadoso de los ninjas de esta villa, y luego has llegado tú y has sabido desperdiciar sus esfuerzos completamente sin siquiera intentarlo. ¿Sabes algo? Me das asco.

Acabado su discurso, cogió el camino de vuelta hacia la entrada y se marchó por la calle por donde había venido.

Debo decir que hace mucho que no sentía semejante satisfacción por hacer un post. Gracias Jimmy por la oportunidad ^^
 

JimmyMcNulty

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Hiei salió del local dejando con cara de circunstancias tanto a Kari Suigin como a la hermosa camarera, Yume (y quizá a Ryu). La mujer se recompuso enseguida puesto que estaba acostumbrada, pero Suigin se tomó a mal que el monje fuera tan desconsiderado con él Yume, antes de irse a por la cena, miró a Ryu con agradecimiento, le guiñó un ojo y se acercó hacia él, alzando y atrayendo su rostro poniéndole el dedo índice en la barbilla y luego besándolo en la frente.

-Da por hecho que tendrás de todo eso y más, cariño -le dijo a Ryu. Y se marchó.

El jonin de la espada bastarda bebía una cerveza y comenzó entonces a quejarse por culpa del monje. Ryu tuvo que soportarlo todo.

De ese modo, el Uchiha podía escoger si quedarse en "La puerta alegre" o salir en búsqueda de Hiei...

[...]​

Cuando Hiei salió al exterior tuvo que subir una empinada escalera que lo dejaba en un estrecho callejón. Estaba atardeciendo, pero el sol ya no era más que un pálido recuerdo en la sombra del horizonte. En el fondo de la callejuela Hiei escuchó una voz de mujer que gritaba de manera desgarradora y varias voces de hombres que se reían, burlándose de ella y diciéndole cosas obscenas.

Al tiempo que Hiei llegara a su altura notaría que tres hombres estarían dando una paliza a la chica y otro último vigilando. Entonces lo vería e intentaría enfrentarse a él con una pequeña navaja. Notarías que sus movimientos eran relativamente rápidos para una persona normal (Velocidad [Iniciado]) pero que no sería rival para ti. Podrías hacer con ese hombre y el resto lo que pudieras para tratar de salvar a la chica, que sollozante pedía ayuda, auxilio puesto que le estaban haciendo mucho daño.

Por alguna razón ayer no me dejaba postear (me daba un "Error forbbiden 503" y ahora he descubierto que era por un diálogo de Kari Suigin, así que he tenido que cortar esa parte y dejarlo así como esta :lio:

Lo siento, gente. Un saludo.
 

Sigma.

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“Maldito Kari Suigin… Para colmo ya es demasiado tarde y seguro que el maestro ha tenido que volver al monasterio por su propia cuenta…”

Con la mente todavía ida, enrevesada en los acontecimientos sucedidos hacía no más de cinco minutos, Hiei subió la que se le hizo una endemoniadamente larga escalera hasta dar con un callejón.

Hubiera seguido su camino de no ser porque escuchó gritos, provenientes de una mujer nada menos, y rodeada del coro de risas de sus asaltantes masculinos.

El día parecía no querer terminar de mofarse de él.

Tras seguir las voces a máxima velocidad, se frenó en seco cuando pudo ver exactamente qué sucedía: tres desgraciados aterrorizando a una pobre chica, que sufría herida y tendida en la calle, vociferando por auxilio. Había uno más de aquellos malnacidos que estaba de vigía.

Ni siquiera lo pensó.

El desgraciado que estaba de vigía fue el primero: le atacó apenas dio cuenta de su presencia, pero no fue rival para sí. Ni siquiera un intento de. Detuvo la mano que blandía el cuchillo y le devolvió un codazo directo a la cara. Mientras se tomaba el rostro, dio una pisotada desde el costado a su rodilla, fracturándola al completo. Luego simplemente estampó su cabeza contra la pared, dejándolo inconsciente.

Uno menos.

El próximo se llevó de regalo una patada voladora frontal, a toda velocidad, directo a la cabeza. Si ya de por sí aquello no era suficiente, un puñetazo cargado con toda su emoción del momento, justo por debajo del esternón, lo dejaría inutilizado por completo.

Los dos restantes aunaron esfuerzos y atacaron al unísono, bajo la lógica de que un mayor número de contrincantes significa mayores chances de victoria. El fallo con esa lógica era que no tenía en cuenta el nivel de su atacante. Y Hiei estaba muy por encima de su nivel.

En el estado de furia en el que estaba parecía que el poder de sus golpes se magnificaba: cada vez que conectaba un puñetazo o una patada podía jurar que escuchaba un pequeño “crack” venir del hueso injuriado del asaltante.

Sufrió golpes, tanto por delante como por detrás, en tórax y abdomen, pero la adrenalina y el resto de químicos circulando en su organismo aminoraban cualquier otra sensación que no fuera su propio deseo de lucha. Fue descuidado, pero la situación lo llevó a relegar la defensa para llevar a cabo una ofensiva brutal y sin cuartel.

Los últimos dos cayeron luego de que, básicamente, los dejara hechos una pulpa molida de la cantidad de puñetazos y patadas que habían recibido. Seguro que ninguno de ellos, o de los otros, podría levantarse muy pronto de la soberana molida a golpes que había recibido.

¿Y saben qué? Estaba satisfecho. Incluso si no había seguido ninguno de los preceptos que le habían enseñado durante toda su vida, salvo quizá el de proteger a los inocentes, se había desquitado del muy mal trago que había tenido que pasar desde la aparición de Kari Suigin. Por fin, luego de un largo rato, se sintió libre.

- Ya… ya acabó.

No sabía decir si dijo aquello más para sí o para la muchacha que habían encarado los maleantes. Solo sabía que lo dijo en voz alta, reafirmando la sensación de que la lucha había terminado para poder creérselo. Sus músculos todavía estaban demasiado tensos.

Se dio vuelta rígidamente, el agarrotamiento muscular haciendo acto de presencia, esperando encontrar todavía allí a la chica si es que no había aprovechado a huir mientras él se encargaba de lidiar con sus asaltantes. Si todavía estaba allí trataría de arrodillarse a su lado, buscando determinar su estado y si necesitaba atención médica con urgencia. De paso, también aprovecharía a preguntar:

- Disculpa… disculpa que hayas tenido que presenciar eso. ¿Tienes alguna herida seria, algo que deba ser tratado con urgencia? ¿Sientes mucho dolor? Puedo acompañarte a que te revisen, no me supone ningún problema. - Se dio cuenta que la estaba ametrallando a preguntas, por lo que solo atinó a callarse momentáneamente, respirar profundamente, y una vez algo más calmado, añadir: - ¿Puedo preguntar qué ha sucedido? ¿Cómo comenzó todo este incidente?

De pronto había mucho para decir y no le estaba dando tiempo a responder. Si accedía a hablar, escucharía lo que tuviera para decirle mientras le ayudaba a ponerse de pie para llevarla al lugar de atención médica más cercano.

- Rakanken: (Req. Taijutsu [Iniciado], Fuerza [Alto]) Un estilo de taijutsu que consiste en golpear al enemigo con impactos brutales al enemigo. Tiene seis variantes: Gangeki (Puñetazo), Tokken (Placaje de hombros), Shōshitsu (Rodillazo ascendente), Hoshō (Palmada), Shōgekishō (Palma ascendente) y Asshō (Palma descendente). Todas tienen el mismo efecto. En función de la diferencia de niveles entre el Taijutsu y la Fuerza del usuario con respecto a las del objetivo, la posible proyección de la víctima será mayor o menor.

- Senpuu: (Req. Taijutsu [Medio], Fuerza [Medio], Velocidad [Iniciado]) Una técnica consistente en una poderosísima patada giratoria en el aire normalmente dirigida a la cara del enemigo para noquearlo, causándole daños inmensos. Evoluciona según las habilidades del usuario aumentan; según el nivel de poder, la técnica cambia su nombre para destacar su potencia.

- Golpe Cercano: (Req. Monje, Taijutsu [Iniciado]) El usuario, sin moverse del lugar, puede lanzar un ataque a un rival muy próximo. Si es un golpe de puño, con la cabeza o la rodilla dependerá de las circunstancias, pero no será necesario moverse del sitio. Especialmente útil cuando se está rodeado, sorprendido, o restringido de alguna manera.
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Summlaris

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Ryu observó entre la observación y la risa, el arrebato que acababa de darle a su compañero monje. Le recordó a su pelea con Zerion dentro del genjutsu de los Reiden, al momento en la mansión en que Iori se sintió ofendida por una broma y Asuka intento pegarle, al saludo de Suba...

Entendía lo que sentía perfectamente.

"Y lo que te queda por pasar, amigo"

Las quejas de Suigin apenas tenían importancia para el ahora, y aunque las carantoñas de Yume casi le hicieron quedarse sentado, quería salir a hablar con Hiei para intentar tranquilizarlo, así que devolvió una sonrisa alegre a la camarera y se levantó de la mesa dispuesto a ir tras el.

-Lo siento señor, los monjes no están acostumbrados a este tipo de...jugadas se shinobi. Voy a hablar con el-Le dijo al líder del grupo Sanso antes de echar a andar hacia la puerta de "La puerta alegre"

No muy lejos,al fondo de un callejón al que accedió tras subir unas escaleras todo lo rápido que pudo, encontró al monje atendiendo a una mujer que parecía estar malherida, aunque no más que los 3 tipos que se dolían en el suelo, cerca de ambos.

-¿Que cojones acaba de pasar aquí?-Preguntó aún imaginándose lo que había sucedido y poniendo una mano tranquilizadora sobre el hombro de Hiei.

Quería hablar con el sobre lo que había pasado en la mesa, pero ahora tenían un asunto mas importante que atender.

"Yume...oh Yumee...volveré"
 

JimmyMcNulty

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Mientras Kairi Suigin se quedaba con un palmo de narices abandonado a su suerte, Hiei se encargaba de los maleantes. Ryu llegó a la escena después de la tremenda golpiza que el monje les propinó a estos, mientras que este le preguntaba a la chica por sus heridas y por la situación previa que había desencadenado el incidente.

La chica, una mujer de mediana edad, de pelo corto y castaño, miró con lágrimas en los ojos a Hiei y, más allá, a Ryu, y al ver la bandana de shinobi de este último se relajó y se alzó apoyándose en las manos de su compañero, el monje "destructor" de maleantes.

-No estoy herida, aunque gracias por defenderme de estos gorilas. Discúlpame a mí por lo agobiante de la situación -dijo la mujer a Hiei-, ya estoy acostumbrada. Perdonad por los gritos, pero hubiera sido peor si no venía nadie a ayudarme... No esperaba encontrarme aquí a la gente de Togebara. Estaban... bueno... no sé si decíroslo. Sólo puedo confiar en gente que tenga autoridad como para actuar en este caso, pero... pero... -la mujer comenzó a sollozar-, ¿qué voy a hacer yo, una insignificante miembro del clan Ashiba, ante la ruindad de la villa? Intenté que aceptaran mi trabajo, pero al parecer lo que ofrecía a la administración pública de la villa era una miseria, ellos no quieren aceptar la calderilla de las pobres gentes como yo... Me he visto en la posición de tener que despojarme de mi honor y recaudar a cambio de unas monedas. Lo que alcance para... para... ¡No! ¡No puedo confiar en vosotros!

La mujer del clan Ashiba se alzó y salió corriendo hacia un lugar desconocido. En ese momento Kari Suigin surgió desde el interior de la taberna y os miró desde lejos. Os alzó la mano, como indicando que le hicierais caso... ¿qué haríais, concederle un poco de atención o, por el contrario, seguir a la mujer?
 

Sigma.

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Muy en el fondo, esperaba que Ryu también se viera movido por la intencionalidad de sus palabras ante Kari Suigin. Aún en aquella nueva situación, después de haber despachado a los cuatro malnacidos que atacaron a la mujer, sonrió internamente al escuchar la voz del rubio nuevamente.

Quizá no hubiera esperanza para muchas personas, pero la había para él. Antes hubiera esperado a ver su efecto tras algunos días, pero ante las nuevas circunstancias, podía afirmarlo en el momento.

La víctima comenzó con su relato, aunque a decir verdad Hiei no pudo captar mucho del mismo. No porque no le entendiera, sino porque francamente estaba hablando de temas que se le escapaban completamente; eran asuntos de su clan con la villa, y al parecer con miembros de un grupo que les tenían entre la espada y la pared y los obligaban a realizar acciones de las cuales no podían renegar.

“Eso sí, no puedo estar más de acuerdo con la ruindad de la villa; al menos, si Suigin es un parámetro sobre el cuál basarse…”

Tratando de darle vueltas mentalmente a la situación para entenderla, se sorprendió y no gratamente cuando de pronto la mujer echó en fuga, desapareciendo de su vista al tiempo que el innombrable hacía acto de aparición nuevamente.

- ¡Espera…!

“Demonios.”

No iba a dejar la situación así, no luego de haber visto y escuchado lo que había visto y escuchado. Ella necesitaba ayuda, quizá su clan al completo, y si Haganegakure no podía o no quería ayudarla, por los dioses que él no la dejaría a su suerte.

- ¡Ryu! - Llamó la atención rápido, acumulando energía en su cuerpo. La necesitaría en un segundo. - Dile al idiota de Suigin que si desea hacer algo para ayudar o siquiera enmendarse, que te siga en la misma dirección en la que ella acaba de salir corriendo; yo la seguiré y trataré de alcanzarla. No puedo dejarla sola, no luego de todo esto.

Sin mediar más palabras y mordiéndose ligeramente el labio para distraer su mente de la combinación de agarrotamiento muscular, cansancio y dolor, dejó fluir toda la energía que había acumulado mientras tanto para aumentar sus capacidades momentáneamente y echó a correr en la misma dirección. Necesitaría todo su esfuerzo si quería llegar con ella antes de que se perdiera entre las callejuelas y no volviera a verla.
 

Summlaris

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"¿Togebara? ¿El clan Ashiba?"

Ryu no estaba entendiendo del todo lo que la chica estaba contándoles. Era evidente que estaba en un estado de nerviosismo que no la dejaba expresarse claramente, y el hecho de que no confiase en ellos no ayudaba. Para cuando empezó a correr, Suigin apareció de la taberna y les hizo un gesto con el que demandaba su atención.

El Uchiha estaba en un aprieto. Por un lado no quería dejar a la chica desamparada, por otro, era un Shinobi de la villa del Acero y estaba obligado a obedecer a sus superiores. Para su suerte, Hiei se lanzó a correr en dirección a la chica mientras le pedía que convenciese al líder del grupo Sanso. No estaba seguro de si el monje había deducido su problema o estaba actuando por mero instinto, pero de cualquier forma, solo pudo agradecérselo mentalmente.

-¡Cuenta con ello!-Le gritó a Hiei mientras echaba a correr en dirección a Kairi Suigin. En cuanto llegó a su lado, se apresuro a explicarle la situación.

-Señor, ¡tenemos que ir en esa dirección, la chica necesita ayuda! Ha hablado sobre el grupo Togebara y el clan Ashiba, no tengo ni puta idea de que dice pero se que esta asustada...¡no podemos dejarla así!


Esperó impaciente a ver la respuesta de Suigin, deseaba con todas sus fuerzas que estuviese dispuesto a ayudar, porque de no ser así, el Uchiha se vería envuelto otra vez en el mismo dilema.
 

JimmyMcNulty

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Una cabaña de madera
Hiei siguió con cautela a la chica del clan Ashiba. Observó detenidamente cómo sus pasos lo llevaban a las afueras de la villa, a más o menos uno o dos kilómetros de distancia, más concretamente a una zona boscosa llena de chabolas y basura en general que aún no se había desmantelado: se trataba de un poblado chabolista construido durante la posguerra, un campamento de refugiados y rufianes que aprovecharon su influencia en el País del Acero para los más sucios trapicheos: establecieron allí su base de operaciones y se luchaba esporádicamente contra ellos, mas aún no se había hecho nada por erradicar su influencia de una manera clara y/o aprovechable. Según las informaciones que manejaba el Kaguya, el nombre de aquella villa miseria era Otamajakushi (literalmente, "Renacuajo"), por estar en una zona de aguas estancadas, mosquitos, excrementos y demás porquería: allí vivía lo peor de la sociedad de Haganegakure, renacuajos que jamás podrían salir de su estado "larvario", que nunca podrían crecer por culpa de la infame corrupción humana.

Ashina desapareció cruzando un túnel que se abría bajo las chabolas, siendo este una especie de callejón oscuro y apestoso. En las afueras había dos vagabundos: uno que aparentaba ser un drogadicto adicto a alguna sustancia similar a la heroína (era abundante ver por el suelo multitud de jeringas usadas) y otro que portaba una botella de vino envuelta en una bolsa de papel.

-¡Eh, tú! -dijo uno, que al parecer te vio desde lejos (o no)-. ¿Quieres de lo bueno? Aquí tenemos de todo, de todo todito todo eh... ¿Me das un ryo o un cigarro? Y te ayudo.

Por otro lado, Ryu pidió ayuda a Suigin, que seguía haciendo de las suyas en el club de alterne al que había invitado a los dos jóvenes. El jonin pasó olímpicamente de Ryu, siguió contemplando traseros de chicas y comiendo su comida y le dijo un par de cosas al Uchiha:

-¿El clan Ashiba? Cayó en desgracia hace unos años, casi todos sus miembros cayeron en la guerra... Los que sobrevivieron se quedaron casi sin nada, el patrimonio escaso que habían tenido pasó a ser propiedad de los bancos en manos del Consejo de Acero y tuvieron que dedicarse a los más infectos trabajos... Pero tío, una cosa te digo: si tu amigo el estrecho ha seguido a la pobre chica del clan Ashiba, se habrá dirigido a Otamajakushi... -Ryu sabía que se trataba de un pueblo de chabolas a kilómetro y medio de la villa-. Los Togebara son un clan de mafiosos inmiscuídos en el negocio de la droga... No te aconsejaría mucho acercarte por el sitio. Tu amigo quizá ya esté envuelto en un lío... ¡Buena suerte entonces, chavalote! ¡Ya nos veremos pronto!

Ryu no recibiría ayuda del jonin... Entonces, ¿qué haría? Si no se daba prisa, dejaría a merced a su amigo Hiei a manos de aquellos peligrosos criminales. Tenía que darse prisa si quería tener alguna oportunidad...
 

Summlaris

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Para sorpresa de Ryu, Suigin no tenía ninguna intención de ayudarlo. El Uchiha lo miraba con un gesto que expresaba cada vez mas desagrado. Si bien le había parecido que Hiei exageraba en un primer momento, cada vez estaba mas convencido de que el líder del grupo Sanso era realmente un miserable.

Por lo menos se había dignado a darle la información que necesitaba.

-Son personas que pueden estar en apuros, tanto la chica como Hiei, ¿va a quedarse aquí disfrutando tranquilamente?

Era casi una pregunta retórica, era evidente que no le ayudaría, no tenía sentido insistir. Nervioso y en tensión debido a la advertencia de Suigin, Ryu tenía claro lo que tenía que hacer.

-Gracias por la información señor, ya nos veremos.-Dijo en un tono agrío y dejando ver claramente su molestia.

Acto seguido, agarró una copa que había en una de las mesas adyacentes y se la bebió de un trago, buscó a Yume con la mirada, se dirigió a ella y antes de que pudiera reaccionar la besó rápidamente en la boca. Sin decir ni una palabra, echó a correr como alma que lleva el diablo en la dirección en la que se habían ido la chica y el monje, hacia el pobre pueblo de Otamajakushi.

Había descargado algo de tensión con su actuación el bar, pero seguía demasiado preocupado por su compañero.

-Kyumon...Kai

Abrió la segunda puerta para llegar aún mas rápido, si les había pasado algo no se lo perdonaría.

"Que estén bien, que estén bien"
 

Sigma.

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Sus piernas le llevaron por el camino casi sin pensarlo; apenas pudo divisar el rastro de pisadas supo enseguida que de seguirlo seguramente llegaría con la mujer en fuga.

Lo que no se esperaba era que dicho camino le llevara a una de las peores visiones que había tenido en muchos años: un poblado de casuchas y casetas destartaladas y de muy precaria construcción, desperdigadas en la zona, rodeadas de un olor fétido, casi putrefacto, de la basura y demás desperdicios que se amontonaban por doquier en el lugar. Y eso sin contar el inmundo lodazal que perfumaba el ambiente con exactamente el mismo olor.

Sinitó el corazón hundírsele en el pecho, como si le hubieran soltado un yunque desde encima. Eso, y luego su estómago dar vuelta sobre sí mismo, estrangulándose para tratar de no dejar salir su contenido.

No lo logró; Hiei tuvo que apoyarse momentáneamente sobre un árbol cercano para dejar salir el vómito contenido a medias.

Su cabeza le daba vueltas, pero no por el olor; no, muy por el contrario, simplemente no lograba encontrarle explicación ninguna a la simple existencia de aquél lugar. ¿¡Cómo demonios la dirigencia de Acero podía quedarse de brazos cruzados, dejando que el lugar simplemente existiera!? ¿¡A qué esperaban para hacer algo y terminar con aquella miseria de una vez y por todas!?

“Esto es inaudito…”

Le lloraban los ojos, en parte por las náuseas y en otra por todo lo que estaba presenciando.

Ahora aquella persecución había tomado un tinte muy personal: no solo iba a encontrar a la fugitiva y ayudarla a salir de sus problemas… iba a acabar con el problema que aquejaba a aquél poblado de raíz, las consecuencias le importaban un comino y medio.

Luego le tocaría lidiar con la villa y los ineptos que dejaban que aquél tumor prosperara, pero eso recién una vez acabada su labor allí.

Se hizo paso entre las jeringas que atestaban las proximidades y se paró justo a la entrada del túnel por donde parecía haberse escapado su objetivo. El dueño de las jeringas estaba allí, mientras que otro lo instaba a colaborarle con algo. Seguramente para seguir alimentando su vicio con la bebida, a juzgar por lo que sostenía en la mano; decidió hacer caso omiso a la otra parte de su discurso por su propio bienestar mental.

- No ahora; si vuelvo aquí sin nada, te daré dos para compensar. - Dijo firme y con el rostro bastante agrio, esperando que la intención fuera más que suficiente.

Sin más espera, se metió en la calleja esperando conseguir más pistas sobre el paradero de la mujer. Tenía que encontrarla, a como diera lugar.
 

JimmyMcNulty

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Ryu no tardó en alcanzar a Hiei mediante el uso de la velocidad que le otorgaba la apertura de la segunda puerta. Prácticamente, el tiempo que había transcurrido desde la partida del monje en busca de la mujer del clan Ashiba y su charla con Suigin había sido prácticamente inexistente.

En la entrada de Otamajakushi, el vagabundo que le había pedido dinero a Hiei intentó extorsionarlo:

-¡Oye, sinvergüenza! ¿Y por qué no me das lo que lleves encima, puesto que has dicho que llevabas ryos encima, y nos dejamos de rodeos? ¡Quieras o no, puedo llamar a mis amigos para que me ayuden a convencerte!

Estaba claro que aquel tipo no estaba en sus cabales. Incluso llevó la botella a sus labios dos o tres veces antes de terminar su intento de amenaza... que no pudo completar satisfactoriamente, puesto que cayó de bruces sobre su otro compañero. Digamos que Hiei tenía libre para explorar aquella callejuela sin tipos molestos que intentaran detenerlo de burda manera.

Hiei se adentró entonces en la callejuela, Ryu lo siguió inmediatamente después. El olor nauseabundo de las excrecencias humanas, mezcladas con la basura y el agua estancada, hacía que a uno le dieran arcadas automáticamente. Hiei logró entrever en la lejanía cómo la mujer del clan Ashiba se adentraba por una puerta ancha fabricada de chapa y alambre y se perdía de su vista. Tanto él como Ryu se acercaron allí y pudieron poner en claro todo lo que había pasado hasta entonces. Tras la puerta había una escalera de metal bastante ancha que descendía caracoleando bajo terraplenes de tierra mojada, en la cual había tendidos varios hombres drogados y borrachos, y otros descansando bajo mantas de invierno raídas. Un hombre ascendía por la escalera y vio a ambos, que claramente no pertenecían a aquel lugar. Les llamó la atención:

-¿Os habéis perdido? Creo que no deberíais estar aquí...

¿Era una amenaza velada, o por el contrario, sólo se trataba de un consejo amistoso? Tendríais que descubrirlo...
 

Sigma.

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Al parecer el borracho tenía otras intenciones luego de hacerle aquella pregunta. Por un momento Hie detuvo su paso y lo relojeó con la mirada, pero resultaban ser puras amenazas vacías porque apenas dio un paso acabó cayéndose con todo y botella encima del otro sujeto.

También vio llegar a Ryu. Solo.

“Vaya sorpresa…”

- Déjame adivinar: te dio alguna estúpida excusa acerca de cómo las piernas de Yume no se mantendrían calientes con esa falda a no ser que él estuviera allí para frotárselas y te dijo adiós muy buenas, ¿verdad? Maldito inútil desgraciado…

No hacía falta ser muy avispado para notar que estaba siendo mordazmente sarcástico. A cada segundo que pasaba el sujeto le parecía cada vez más repugnante.

- Pienso reportarlo. Espero contar con tu palabra para ayudarme.

Sin otra palabra, se adentró primero al túnel, donde allá a lo lejos pudo notar escabullirse la silueta de su perseguida.

Tratando de aguantar todo lo que podía para no volver a vomitar, apretó el paso para llegar lo antes posible con ella. Puerta de por medio, la abrieron de par en par y tras bajar un poco dieron cuenta de la situación del lugar: allí parecían descansar los adictos y otros tantos que llegaban hasta el barrio por su dosis.

El discurso de la mujer comenzaba a cobrar más sentido: al parecer ella tenía que trabajar para los dueños de todo aquél reguero de mierda a pena de castigos corporales. O peor. Naturalmente querría buscar una manera de salir de todo aquello, pero lamentablemente la habían descubierto, y en un acto de miedo y desesperación echó a correr hacia el único lugar que conocía, y donde quizá pudiera implorar por perdón.

A cada paso que daba y cada nueva idea que asaltaba su mente más resolutivo se volvía su pensamiento, destilado entre la rabia más pura y la desesperanza más patente.

“No importa quiénes sean ni dónde estén, juro por mi vida que lo van a pagar.”

Tan absorto volvía a estar que no notó a la nueva figura hasta que la tuvo demasiado cerca. No pensaba parar por nada del mundo, por lo que contestó con toda aquella furia contenida y la mirada más gélida que pudo desprender de sus ojos:

- Buscamos a la mujer que acaba de pasar corriendo por aquí. Si la has visto dinos dónde se metió o sal de nuestro camino; no querrás estar aquí cuando esto explote.
 

Summlaris

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Ryu no tardó mucho en alcanzar a un quizá exageradamente nervioso Hiei. El Uchiha apenas prestó atención a lo que pasaba a su alrededor con aquel borracho, en ese punto estaba mas preocupado por el monje que por cualquiera. No reconocía al chico que había conocido en la villa.

"Reportar a Suigin...¿Frente a quien? " El líder del grupo Sanso era una persona despreciable, pero ser una persona despreciable no era motivo de reporte en aquel mundo. No tenían ningún argumento real contra Suigin a ojos del concilio de Acero, y esa era la única autoridad capaz de juzgar a uno de sus miembros. Tenía que hacerle entender eso al monje, no podía indignarse tanto por sucesos como ese o se pasaría la vida indignado.

"¿Será que es un chico demasiado puro para esta vida?"

-Cuando encontremos a la chica tenemos que hablar, Hiei.

Hablaría con el después, lo primero era encontrar a la muchacha, así que siguió al monje por un túnel cuyo hedor casi le hace vomitar para posteriormente atravesar una puerta y adentrarse en unas escalinatas que bajaban varios pisos. Aquello era un lugar completamente hediondo, los bajos mundos en su máxima expresión. Los adictos se rebozaban en la basura, costaba encontrar un lugar limpio o al menos por el que poder pasar sin pillar alguna enfermedad al mas mínimo roce con cualquier cosa. Los Togebara eran los causantes de esa situación...no cabía duda.

Pensó en la chica, apenado, y volvió a mirar a Hiei con preocupación. Escuchó las amenazas cruzadas de su compañero y de aquel tipo vestido con harapos y de aspecto desaliñado que acababan de cruzarse. Se adelantó antes de la cosa se pusiera peor.

-Soy Ryu Uchiha, Shonbi de la villa del Acero, estoy aquí por una misión especial y necesito a la chica, dinos donde está o déjanos pasar.

Mintió, la villa no le había asignado nada, pero era probable que a los Togebara y sus allegados no les interesara meterse en problemas directos con Acero. Era arriesgado, quizá esto le trajese problemas con los altos mandos mas adelante, quizá hubiese intereses de gente poderosa de por medio, pero confiaba en que la chica no fuese suficientemente importante como para que el asunto pasara a mayores.
 

JimmyMcNulty

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El hombre barbado y con aspecto de no haberse aseado en días les miró con una mueca de desprecio y continuó. No hizo demasiado caso a Ryu Uchiha, y quizá tampoco hizo tanto caso a Hiei, pero estaba claro que a los dos los infravaloraba, los miraba como "mierda":

-Mirad más abajo, a mí dejadme en paz. La puta a la que buscáis se ha metido en un problema, pero no es mi responsabilidad. De eso se encargan mis hermanos... Si queréis pagar por sus servicios, quizás estéis a tiempo de hacerlo. Matsumoto ya se encargará luego de despellejarla y descuartizarla, puesto que eso es lo que se merece...

El hombre terminó de subir las escaleras y escupió al suelo cuando estaba a punto de dejaros.

-Cuidadito con lo que hacéis, un invitado no se comporta mal cuando no está en su casa... -les advirtió.

Al final de las escaleras se abría un túnel que daba a un subterráneo más cuidado que la superficie de aquella tierra envenenada, al menos todo parecía estar más limpio. Con calma podrían observar puertas cerradas, bastante resistentes y reforzadas con remaches de acero, algún que otro hombre despistado que estaba de guardia y que fumaba un cigarro (y que no reparó siquiera en la presencia de ambos). Al final del túnel pudieron entrever una zona replete de personas provocando bastante jaleo; se escuchaban sonidos de gente alterada y ruidos de acero chocando entre sí: había pelea.

El aspecto del lugar dejaba mucho que desear. Era como una especie de nave subterránea similar a una "fábrica" llena de gente. En medio de todo había una especie de Ring cubierto de una alambrada oxidada. Había dos tipos luchando contra un hombre tatuado que, con ambas manos abiertas y con un movimiento rápido que casi no pudisteis ver, cortó el cuello de ambos contendientes y los dejó desangrándose en el piso...

La gente vociferó vulgaridades, agitando los ryos en alto en el proceso. Esperaban que alguien más se atreviera a enfrentarse contra aquel hombre. No había rastro de la mujer por ningún lado, pero estaba claro que debía de andar por allí.

Un tipo armado y con aspecto de pocos amigos se acercó hasta Hiei y Ryu y les dijo:

-¿Buscáis algo? -os preguntó, siendo lo más educado que podía permitirse-. Si queréis ganaros algunos pavos, podéis intentar liquidar al terrible Matsumoto... ¿Tenéis los suficientes huevos para hacerlo? Seguro que Kenichi Togebara estará contento de ver de lo que son capaces de hacer un par de pequeñoburgueses como vosotros... ¡Jey, jey, jey!
 

Summlaris

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El comentario de Ryu no parecía haber tenido mucho efecto, y eso no era positivo, pues significaba que su rango no importaría mucho allí. Hizo caso omiso de las palabras de aquel desgraciado, de hecho, casi que mientras hablaba solo estaba pendiente de Hiei. El Uchiha era muy consciente de que iniciando una tangana allí mismo no conseguirían nada, tenían que ser listos, no podían dejarse llevar por la ira o ceder a sus provocaciones.

¿Pero lo sabría Hiei? El monje era muy sensible y ese tipo de cosas le sacaban de sus casillas. No estaba acostumbrado a ese tipo de mundo para nada, y Ryu temía la reacción de su amigo cada vez más.


Ryu detuvo a Hiei instantáneamente mientras lo forzaba a andar escaleras abajo.

-Escucha amigo- Le dijo susurrando-Esto esta plagado de basura humana ¿ok? Estamos de acuerdo en eso, pero no sabemos ni su fuerza de combate real, ni sus influencias, ni nada de nada. Estamos aquí por la chica ¿Queremos salvarla no? Bien, entonces ignora todo esto y céntrate en el objetivo, tenemos que ser listos, liar una tangana y ponerlos sobre alerta no servirá de nada. No te dejes llevar por la basura del mundo, cuando salgamos de aquí podemos estudiar tranquilamente como acabar con esta gente.

Tras bajar las escaleras encontraron un túnel que daba a parar a una especie de subterráneo, mas limpio y ordenado que la superficie, con puertas de metal reforzado y con apenas vigilancia. Al final de aquel tunel se escuchaba jaleo, así que ambos se dirigieron al lugar de donde provenían las voces.

Pronto se encontraron en una especie de nave subterranea, apenas iluminada con dos focos en el techo, que alumbraban una especie de ring de combate en el que un hombre siniestro con un montón de tatuajes negros por todo su cuerpo asesinó de un golpe a los dos contrincantes que le hacían frente.

"Apuestas ilegales...combates a muerte...muy propio de la mafia"

Acto seguido, un tipo armado que fumaba un gran puro se acercó a ellos para hacerles una proposición, combatir contra aquel monstruo tatuado a cambio de unas monedas. Ryu pensó en rechazar de inmediato, no le interesaba el dinero, pero cuando el tipo del puro dijo el nombre del asesino, la cosa cambió.

"Ese cabrón es al que se refería el capullo de las escaleras...Matsumoto..."


-Espera un momento- Le dijo al tipo armado mientras se apartó con Hiei un momento para hablar con el sin que nadie les escuchara.

-Los Togebara son los causantes de esta situación.. voy a intentar hacer un pacto con el tipo del arma para que nos de a la chica si vencemos a Matsumoto...y si no sale, una audiencia con Kenichi puede ser la solución a esta situación. En cualquier caso, tenemos que vencer al tipo. Voy a ser honesto contigo, quiero pelear solo. Apenas he sido capaz de ver su último movimiento, es peligroso, si te llega a pasar algo...no me lo perdonaría.-Hizo una pausa mientras ponía una mano sobre el hombro del monje- Se que puedo vencerlo, aún no has visto todo lo que soy capaz de hacer, así que te pido que confíes en mi para destrozarlo mientras tu vigilas que no me hagan trampa en el combate, no me fío nada de esta gente. Sin embargo, si te empeñas en pelear también...no te detendré.


El Uchiha deseó que su amigo aceptara su petición y, cuando tomaron la decisión, acudió con el tipo del arma.

-Te propongo un trato. Estoy buscando a una chica y se que está aquí. También se que sabes a quien me refiero. Lucharé con Matsumoto y si venzo, me la entregarás y dejaras que nos vayamos. A cambio puedes quedarte los Ryos. Venga, la chica no es demasiado importante para vosotros...¿no? Es un buen trato, no perderás dinero gane o pierda.


La suerte estaba echada.

Si Hiei se empeña en pelear, toda la conversación última con el tipo armado sería en plural
 

Sigma.

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“¡Demonios! ¡Tenías que abrir la boca acerca de la villa, Ryu!”

La idea era justamente no mencionar ninguna procedencia para que luego no solo no hubiera nadie que pudiera regañarles por lo hecho, sino ellos tener una baza sólida para poner la pregunta en juego de por qué nunca nadie había hecho nada para arreglar la situación que se había gestado allí, teniendo que requerir de dos ajenos para lograr un avance.

Esa línea de pensamiento se borró de la cabeza de Hiei tan pronto escuchó la respuesta del sujeto, ahora unos metros más arriba. Sobra decir que estuvo a punto, en el mismísimo límite de su cordura, de saltarte a la yugular a simple mano tendida, listo para destrozarlo de pies a cabeza.

Pero se contuvo. No supo cómo, pero incluso apretando los ojos para contener las lágrimas de rabia y desesperación siguió caminando, adentrándose en la oscuridad. Solo podía repetirse que ya tendría su momento, que todos los energúmenos que allí habitaban tendrían su ajuste de cuentas con los dioses por su propia mano. El sujeto se había ido.

El resto de la guarida tenía otro aspecto, mucho más fortificado: guardias, metal, armas… peleas a muerte.

Otro gusano más se les acercó, tratando y fallando miserablemente de ser más amigable. Incluso les instó a pelear con el maldito sanguinario asesino que hacía no más de treinta segundos había acabado con la vida de otros dos sujetos.

Hiei escuchó algo romperse, como el cristal. Tenía la vista ida, los ojos fogueados y ligeramente vidriosos. Las lágrimas contenidas ya habían caído, pero ninguna más se apresuró a llenar los espacios que aquellas habían dejado.

¿Aquello que había roto? No, no era ningún juego de copas del bar ni nada que se le pareciese; se trataba de algo metafórico, algo de lo que no dio cuenta al momento hasta que revisó perdidamente el lugar y luego fijó la vista en su pecho:

Una parte de su alma, una parte de su corazón, se había borrado de un plumazo ante la cantidad de miseria humana percibida en tan corto tiempo.

Sus oídos escuchaban aún si su conciencia estaba ausente, por lo que la información que Ryu quería proporcionarle le estuvo disponible cuando finalmente volvió en sí.

“Basta.”

- …No Ryu, hay algo que todavía no has entendido: esto que estamos haciendo, lo que estoy por hacer, nunca se trató simplemente de la chica; no una vez que descubrimos este sumidero lleno de basura que ni siquiera puede considerarse a la misma altura que un animal.

Hiei se adelantaba a pasos lentos hacia la mierda que les había propuesto pelear, una mirada completamente glacial, ausente de toda emoción salvo una explosión de rabia contenida, de odio macerado lentamente con el correr del tiempo.

- Esto va más allá de cualquier otro propósito que te puedas imaginar. Aquí no hay lugar para otra cosa que no sea la mano ejecutora de la justicia… y yo pienso tomar ese papel.

Sin más dilación, sin otro segundo que perder para desatar el infierno y el caos, extendió el brazo a toda velocidad con la intención de tomar por la garganta al sujeto y estrujarla con todas sus fuerzas hasta aplastar todo su contenido.

Su intención no era dejarlo inconsciente como los matones del callejón: no, muy por el contrario, aquella escoria inhumana no tenía derecho a seguir existiendo.

Su intención era asesina.

- ¡Tú encárgate de Matsumoto, yo iré por el resto! - Le gritaría a Ryu para dejar bien en claro cómo habían cambiado las tornas de la situación. - ¡Y Ryu: no habrá sobrevivientes hoy! ¿¡Entendido!?

Era hora de la retribución.

Lamento la tardanza; no tengo excusa alguna salvo la falta de ganas de ponerme a escribir realmente. Perdón u.u
- Rakanken: (Req. Taijutsu [Iniciado], Fuerza [Alto]) Un estilo de taijutsu que consiste en golpear al enemigo con impactos brutales al enemigo. Tiene seis variantes: Gangeki (Puñetazo), Tokken (Placaje de hombros), Shōshitsu (Rodillazo ascendente), Hoshō (Palmada), Shōgekishō (Palma ascendente) y Asshō (Palma descendente). Todas tienen el mismo efecto. En función de la diferencia de niveles entre el Taijutsu y la Fuerza del usuario con respecto a las del objetivo, la posible proyección de la víctima será mayor o menor.

- Yanagi no Mai: (Req. Dominio del Chakra [Iniciado], Dōhijutsu [Iniciado]) Es la primera de las cinco danzas usadas por los Kaguya. Usando su habilidad para manejar sus huesos el usuario hace que de distintas partes de su cuerpo salgan hasta seis estacas de hueso, las cuales salen de las rodillas, los codos o las palmas de las manos, que puede usar para combatir.

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Tanque de Chakra [Medio] = 8 huecos
 
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