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[TP][+13]Universo XR05S [Pokémon, Digimon, Loud House, Sakura Card Captor, To love ru]

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ScarSteban
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Mensaje #1 por ScarSteban » Sab Nov 24, 2018 5:06 pm

Edén


En la inmensidad del espacio, una galaxia parcialmente obscurecida llama la atención; el rastro de estrellas muertas sigue una línea recta, clara señal de que algo devastador, y artificial, provocó a propósito aquella anomalía. Pero lo más llamativo es el planeta que brilla intensamente justo al final de aquel camino de destrucción galáctico.
Se trata del único planeta intacto que orbita un sistema solar de una estrella roja agonizante; el resto de planetas que alguna vez danzaron junto a él, en el baile cósmico, ahora son solo escombros esparcidos a través del espacio o nubes de asteroides que giran sin vida alrededor de su antiguo astro rey.
Aquel singular planeta es: La Tierra.
A simple vista es diferente a como se veía originalmente, según los registros antiguos. El planeta se observa claramente inmóvil, sin rotación, dividido en dos partes de polo a polo.
Una parte obscurecida y cubierta por un manto de muerte, con la luna sobre su centro, igual de obscurecida e inmóvil.
La otra mitad se encuentra agonizante, bañada por una luz dorada protectora, indecisa entre rendirse y ser infectada por la obscuridad, o destruir su enfermedad y recobrar la fuerza de crear y albergar vida. Los mares están casi extintos, a diferencia de la vida que custodiaban, de la cual no queda rastro alguno. La vegetación es nula y en general casi carece de vida. Y un árbol gigante, desmesurado, que parece usar esta mitad del planeta como un macetero, se alza con magnificencia irradiando aquella luz dorada de esperanza.
Este brillo dorado, que ahora hace especial a la Tierra a los ojos del cosmos, proviene de aquel misterioso árbol gigante que no aparece en los registros antiguos. Las millones de hojas doradas que se alzan hacia el espacio y se extienden por miles de kilómetros, son las responsables de dejar caer aquel manto de luz dorado que cubren la mitad del planeta; para irradiar luz, calor, rayos ultravioleta, todo lo que el sol agonizante que gobierna al planeta ya no puede hacer; otras de las funciones de estas hojas doradas es la de generar ozono, aire, vapor de agua, aquello que permite a la vida continuar existiendo. Además de todas funciones básicas y esenciales, este manto de hojas cumple la importante misión de proteger a los que viven bajo su sombra dorada de la caída constante de meteoritos y del frio gélido del espacio generando gravedad artificial. En el centro de aquel brillo dorado que gobierna el cielo, las miles de ramas que despliegan aquellas hojas, se conectan a ramas más gruesas y menos numerosas hasta converger en un único tronco robusto, el cual tiene varios kilómetros de diámetro y cientos de kilómetros de altura; en cuya superficie puede apreciarse un nudo simétrico inmenso con la forma de un circulo, el cual deja expuesto el interior, dejando apreciar una luz azul que palpita rítmicamente, como si fuera el corazón de aquel árbol gigantesco. A su vez este tronco esta conectado a un centenar de raíces gigantescas que se dispersan en todas direcciones alrededor del planeta, algunas muestran un corte limpio antes de abandonar la seguridad de la luz dorada fiel testimonio de que reposaban en el lado obscurecido del planeta antes de la infección; todas las demás raíces se dispersan y se hunden en la superficie que tocan hasta llegar al centro mismo del planeta. Alrededor de estos estos lugares específicos se alzan pequeños bosques o lagos donde se mantienen con vida las pocas plantas y criaturas que aún existen y esperan el fin de esta locura.
Diseminados en este nuevo paisaje; logra distinguirse una enorme ciudad, donde sus edificios trepan por la raíz que los resguarda; a su alrededor se alzan cuatro ciudades más pequeñas, una en cada punto cardinal; y de cada ciudad, se dispersan decenas de poblados más y más pequeños conforme se alejan para unir, mediante caminos, a otras raíces guardianas con su ciudad central.
Desde el espacio este inusual “árbol” parece una estructura orgánica inmensa, pero al acercarse empiezan a notarse los claros detalles que demuestran que en realidad es una construcción artificial. Bioacero, tejido orgánico sintético, conductos neuronales artificiales, todo unido de tal manera que imita a la perfección la estructura y funcionamiento de un árbol real. El cual, en este caso, protege y nutre al planeta para resguardar la vida, y al mismo tiempo batalla contra la infección que llega desde la luna e intenta destruirlo todo.
Esta gigantesca estructura es la máxima obra maestra creada por la humanidad, en tiempos antiguos; un guardián erigido para enfrentar a la amenaza que intenta extinguir toda vida en el planeta; nombrado con respeto, por las personas que lo crearon y sus descendientes que ahora sobreviven bajo su sombra dorada, como: el Árbol del Edén.
Este es el escenario donde lo que queda de la raza humana, adaptada a esta nueva forma de vida, intenta luchar frenéticamente para sobrevivir a la extinción.
***

Todo comenzó hace casi un milenio, cuando la humanidad dio un salto tecnológico inmenso que le permitió colonizar todos los planetas de su sistema solar natal; y a menos de un siglo después, comenzó a expandirse por el cosmos para que millones de individuos pudieran encontrar un hogar o saciar su instinto aventurero. Creando mundos donde la humanidad dejo su huella; mundos donde cada vez se hacia más presente la soledad de la humanidad en las estrellas, al no encontrar otras formas de vida...
Pero explorar el espacio o encontrar un nuevo hogar no fueron las únicas razones para que millones se embarcaran en un viaje de esa magnitud.
La realidad fue, que las maravillas que se creaban con las nuevas tecnologías, también incitaban a científicos desalmados a experimentar y crear horrores inimaginables, y muerte; sembrando miedo en el corazón de las personas que intentaban encontrar la felicidad. Y generando paranoia y miedo entre los líderes de otras tierras y planetas, encendiendo inevitablemente la chispa de la guerra.
Estas colonias en la inmensidad del espacio eran la esperanza de paz para millones de personas que intentaban huir de la guerra, la promesa de intentar ser mejores personas y alejarse del camino conocido de la destrucción.
Sin embargo, en estos nuevos planetas el instinto humano despertaba, inevitablemente, como una plaga viviente entre sus habitantes, incitándolos a pelear por pequeñeces cada vez con más violencia; y siempre era cuestión de tiempo para que la guerra hiciera acto de presencia, como si fuera una maldición sobre el alma de la humanidad.
Al final la paz desapareció como si fuese una ilusión inalcanzable. La luz de esperanza que simbolizó la raza humana, se transformó en una mancha de sangre entre las estrellas.
Entonces inició otra era.
Odio, miedo, intolerancia, resentimiento, venganza, placer, poder. La lista de excusas para que miles de planetas colonizados y millones de vidas cayeran en las llamas de la destrucción fue interminable.
El fin de una batalla solo significaba un enemigo menos al cual enfrentarse en la siguiente, y siempre había otra batalla esperando el menor descuido; las alianzas y treguas cada vez acortaban más su fecha de expiración; no existía tal cosa como la victoria, la única recompensa era el gozo de sobrevivir otro día más.
Y, mientras la guerra encrudecía, la tecnología florecía sobre los cadáveres de sus víctimas.
Era inquietante para los líderes humanos sobrevivientes, que dejaban a su pueblo a su suerte, darse cuenta del avance tecnológico gigantesco y desmesurado que se lograba con un genocidio de billones. Lo que se creaba con el sacrificio de aquellas vidas, a veces era tan maravilloso como si se tratara de la magia descrita en los cuentos de niños; o resultaba tan horrendo y terrible como si fuera sacado de las más depravadas pesadillas.
A pesar de todo, la humanidad continuaba expandiéndose por las estrellas en la búsqueda de un significado a su propia existencia; demostrar que su propósito no solo era traer muerte y aniquilación a su propia raza; y tratar de encontrar alguna prueba de que el universo no era frio, vacío y desolado. Que sin duda alguna raza avanzada podría enseñarles el camino a la verdadera paz.
Sin embargo, durante varias décadas más la soledad fue el único descubrimiento.
No importaba si se tratara de científicos fascinados con aquella época dorada de invenciones y descubrimientos, planeando su próximo experimento; o si se tratara de los últimos supervivientes, a punto de morir, en un planeta devastado por la guerra; en algún momento todos ellos alzaban la vista a la inmensidad del espacio, observando las estrellas con angustia, haciéndose las mismas preguntas:
¿Por qué…?
¿Por qué se encontraban solos en el universo?
¿Por qué la raza humana era propensa a destruirse a si misma?
¿Por qué los humanos se empeñaban en sobrepasar sus límites con el único objetivo de glorificarse sobre los cadáveres de sus enemigos?
¿Por qué la mente humana se empeñaba en fabricar maquinas que rompieran las leyes del universo, logrando hazañas maravillosas que creaban vida de la nada o destruían a millones de inocentes en un instante?
¿Por qué el concepto de paz parecía tan inalcanzable, o duraba tan poco, antes que la chispa de la guerra calcinara todo de nuevo?
Años tras años de muertes a inocentes y experimentos crueles no lograron responder esas preguntas.
Pero en algún momento olvidado de hace cuatro siglos, un grito de terror hizo eco en la galaxia a través de cientos de planetas colonizados, anunciando el inevitable inicio de una nueva era, mucho más sangrienta, despiadada, y quizás la ultima, en la historia de la humanidad.
Fue el silencio. El silencio de las miles de millones de voces discordantes en cientos de sistemas solares, lo que detuvo las batallas y atrajo la atención de la humanidad hacia un nuevo y enigmático enemigo, que hizo acto de presencia desde la obscuridad del espacio mismo; sin origen, sin rastro alguno de existencia previa. Una entidad hostil alienígena, la cual no parecía tener la menor intención de compartir la infinidad del espacio con los humanos, y que parecía deseoso de demostrar que las guerras más sanguinarias registradas, solo fueron juegos de niños...
¿Acaso…?
¿Acaso la soledad de las estrellas siempre fue un susurro de advertencia y peligro?
¿Acaso el instinto humano siempre presintió a esta entidad hostil escondida en el vacío del espacio?
¿Acaso la humanidad se estuvo preparando para este momento desde que obtuvo consciencia y fabricó su primer arma?
Con cada planeta que caía en el silencio del dominio enemigo, esas preguntas obtenían mayor validez; y ya sea por el miedo o la inminente destrucción, luego de medio siglo de aniquilación, por primera vez en su historia la humanidad se unificó; no para destruir, ni para salvar a unos cuantos, sino para salvar la vida misma y en especial proteger la existencia de su propia raza.
Durante décadas la nueva humanidad unificada solo conoció la derrota, a pesar de ser mayores en número, de nada sirvieron las armas devastadoras o soldados mejorados experimentales que se crearon hasta ese entonces, el avance de este enemigo alienígeno fue imparable debido a su poder abrumador y superior en batalla.
Y debido a la poca resistencia que los humanos representaban, las batallas duraban tan poco tiempo que no se lograban obtener datos cruciales de este nuevo enemigo, al cual se le dio el nombre de: Oblivion, por despojar a cada mundo de todo recuerdo o prueba de la vida que acogió alguna vez.
Lo único que se tenía claro era la actitud despiadada y hostil del Oblivion; se desplazaba por el espacio a voluntad sin ayuda de vehículos estelares, una clara desventaja para la humanidad.
El Oblivion no tenía demandas, no exigía obediencia, no escuchaba suplicas, no mostraba piedad, no dejaba escapar a nadie. Tan solo devoraba todo a su paso en cuanto llegaba a la superficie de un planeta, luego de exterminar toda forma de vida, de manera desconocida, se multiplicaba y se lanzaba como un manto negro de muerte a devorar el siguiente mundo sin importa la distancia o los obstáculos que se pusieran en su camino; desplazándose de tal forma que cerraba toda ruta de escape posible a nuevas estrellas.
Al principio la estrategia del Oblivion parecía caótica, sin ninguna otra intención que exterminar todo rastro de los humanos; pero luego, y quizás algo tarde, se descubrió que en realidad actuaba como un cazador acorralando a su presa, destruyendo y siguiendo el rastro que dejo la humanidad en las estrellas hacia su origen: La tierra.
¿Y si…?
¿Y si toda violencia que caracterizo a la humanidad siempre tuvo un propósito?
¿Y si las guerras fueron la forma inconsciente de los humanos de prepararse y fortalecerse para hacerle frente a este horror mayor?
¿Y si las millones de vidas perdidas y experimentos atroces fueron un escalón más en la comprensión de la evolución para mejorar a toda la humanidad?
¿Y si la humanidad debía cometer una abominación más para obtener un arma efectiva contra el Oblivion para así evitar ser exterminado?
Con el tiempo en contra, aquella disparatada estrategia fue la única opción que le quedo a los altos mandos de la Alianza Humana Unificada.
Fue una masacre sin precedentes.
El asalto a las lunas de Orión tomo años de planeación, sacrifico la vida de millones de soldados y la mitad de la flota estelar; pero luego de dos siglos y medio de lucha, la humanidad obtuvo el primer rayo de esperanza tras su primera victoria, al conseguir un espécimen vivo del Oblivion para su estudio.
Con ayuda de este prisionero y el sacrifico de miles de científicos voluntarios que se ofrecieron a estudiarlo a pesar del peligro; se lograron obtener datos que revolucionaron el entendimiento de la humanidad acerca de los misterios del universo.
Esencia: la energía que toda forma de vida posee en su interior y que resultaba ser el alimento del Oblivion; fue el descubrimiento que permitió a los humanos avanzar, tal y como el descubrimiento del fuego lo hizo con los hombres primitivos.
La Esencia se transformó en el pilar angular de una nueva etapa tecnológica de la humanidad. Permitiéndole redescubrir y entender artes antiguas que fueron consideradas en su tiempo como mitos y leyendas; magia, control de los elementos, invocaciones espirituales, transformaciones alquímicas, etc. Fueron las nuevas armas que se usaron en contra del Oblivion, cuyo secreto de su poder fue también finalmente revelado y se debía totalmente a los cuerpos robóticos alienígenos que poseían, los últimos vestigios de una raza mucho más avanzada que la humana y que sin duda fue aniquilada. Sin esa protección, lo que quedaba del Oblivion era un líquido informe, obscuro y malévolo, con voluntad propia, dispuesto a absorber la esencia de lo que tuviera a su paso; siempre buscando algún cuerpo robótico que pudiera infestar y mover a voluntad, debido a que los cuerpos orgánicos siempre terminaban desintegrándose bajo su dominio.
El diseño de armas, estructuras defensivas y vehículos estelares sufrió un cambio drástico; la esencia de la cual se alimenta el Oblivion, usada de forma adecuada, resultaba ser la pieza fundamental para darle un giro a esta guerra por la supervivencia; aunque significara el sacrificio de la vida de los valientes soldados que operaban esas armas al ser convertirse en su combustible viviente.
A pesar del aumento de las victorias en batalla, debido a la falta de recursos y el acorralamiento que sufrían; la humanidad optó, unánimemente, por asegurar la supervivencia del planeta que los vio nacer, mandando todos los recursos disponibles a la Tierra para que pudiera prepararse en la batalla final inminente.
Todos los planetas colonizados se convirtieron en un muro cuyo único propósito era darle a la Tierra tiempo suficiente para preparar sus defensas. La valentía y sacrificio de millones de humanos para salvar la especie de la que formaban parte, fue la inspiración para construir el Árbol del Edén; una enorme fortaleza defensiva, dentro de la cual se dio nacimiento al arma viviente máxima diseñada específicamente para combatir y destruir al Oblivion.
Estos guerreros y guerreras tienen como único propósito defender a la humanidad de la aniquilación y brindarle un futuro de paz a la raza humana.
Los hijos del Árbol del Edén y la Humanidad por igual: Los Edenianos.
***

Ahora, en el presente, la Tierra sobrevivió al ataque voraz del Oblivion; una victoria amarga ya que ninguno de sus hermanos cósmicos logró tal hazaña. Solitario y agotado, el último planeta sobreviviente del sistema solar, con ayuda de los humanos que protege, continúa librando la batalla final tras un siglo de intensa lucha.
Sin embargo, un grave problema se cierne sobre la humanidad desde el inicio de la confrontación final. El balance de la esencia se ha ido deteriorado desde el inicio de siglo, sin duda alguna, una táctica enemiga, ya que en todos los planetas, sin excepción, antes de ser destruidos, se reportaron un súbito descenso de la tasa de nacimiento de infantes, sobre todo del sexo femenino; incluso entre el nacimiento de Edenianas dentro del Árbol del Edén; y cualquier intento artificial de alterar la gestación del embarazo para solucionar el problema terminaba en tragedia.
La guerra siempre evitó un estudio a profundidad acerca del problema, así que como única contramedida, debido a su resistencia genética mejorada, se decidió brindarle al Árbol del Edén la posibilidad de clonar Edenianos en base a muestras genéticas de sus guerreros fallecidos para mantener en alto el número de armas vivientes, a pesar del alto gasto de esencia que significaba y el alto porcentaje de fracaso si se trataba de mujeres. Sin embargo, de no solucionar este gran problema de raíz, las mujeres dejarían de nacer completamente y la humanidad terminaría extinguiéndose dentro de pocos años, a pesar de toda la tecnología que tenían a disposición.
El Oblivion también sufría un deterioro en sus filas debido a la constante lucha; pero no tanto como las bajas en el lado humano; sin embargo, antes que Saturno y Marte fueran destruidos, aniquilando junto con ellos al enemigo que los infestaba, los últimos datos que enviaron desde el Árbol del Edén de cada uno, mostraron la desaparición repentina e inexplicable de gran parte del Oblivion sobre la superficie lunar terrestre que dominaban. Ya sea que la falta de alimento los destruyo, o se retiraron en busca de una nueva presa que no opusiera tanta resistencia, o regresaron a esconderse en el vacío del espacio, cualquiera fuera la razón, esa fue una gran noticia. Pero el remanente enemigo que quedaba resulto ser más salvaje y tenaz, se lanzaba en ataque tras ataque suicida a las fronteras de la luz dorada que los aniquilaba en solo unos minutos, sin embargo, eso ya no los detenía, con la clara intención de destruir a la humanidad a toda costa sin importarle sobrevivir, el Oblivion comenzó a llevar a cabo los ataques más despiadados e impactantes sobre, hasta ese momento de la historia, las ciudades más seguras del mundo.
Por el incremento de los ataques enemigos, la escases de recursos y la perdida de esencia que estos ataques generaban; el rápido decrecimiento de las habitantes femeninas, etc. Tras años de deliberación, las tres inteligencias artificiales que gobiernan las operaciones del Árbol del Edén sugirieron una estrategia desesperada a las líderes humanas, de tener éxito terminarían de una vez por todas con la guerra, pero las probabilidades de victoria eran demasiado bajas con el número de actual de armas vivientes que poseían y se requería un incremento inmediato de unidades.
Y aunque detestaban tener que forzar un ataque e imponer sufrimiento en las pocas mujeres restantes, las Matriarcas de la Tierra decidieron unánimemente poner en marcha los preparativos para la batalla decisiva.
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