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[O][T]Tiene huevos la cosa[PG]

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Purpleknight
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[O][T]Tiene huevos la cosa[PG]

Mensaje #1 por Purpleknight » Sab Jun 17, 2017 5:15 pm

¿Qué pasa cuando unes esto...?Imagen

¿Con esto?
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¡Pues este one shot!



TIENE HUEVOS LA COSA

El lunes de pascua había sido un desmadre. Entrando en la tarde, con una sencilla idea como la de juntarse con los amigos y comer un huevo de chocolate tras otro, para Samuel todo acabó convirtiéndose en un descontrol. Tres de sus amigos de la universidad planearon con antelación hacer un reto envolviendo todos los huevos, siendo algunos de pega y conteniendo hasta los alimentos más inverosímiles. Aquello dejó su casa patas arriba.

―¡Venga! Todos, venid aquí que empezamos. Traed esas bolsas y dejadlas aquí en la mesa, Samu y Katy ―les pidió Darío, viendo que estaban cerca―. Mark, trae la leche, el agua y los vasos, que lo necesitaremos. ¡Los demás, poneros todos alrededor, hombre! No, Roki, tú no te libras, que encima fue tu idea también. Carla, ayúdame tú a ponerle los números a cada bolsa.

Samuel y sus siete amigos rodearon aquella mesa del comedor, habiendo apartado toda silla para hacer espacio. Darío y Carla preparaban el juego con ligereza, dejando también listo un recipiente con otros números que cada uno tenía que agarrar, sin mirar. Lionetta, la traviesa italiana del grupo, reía por lo bajo, sabiendo la locura a la que se iba a enfrentar cada uno al haber ideado la mayoría de los huevos. No le importaba que le pudiera tocar a ella.

―Vale, ya está todo ―dijo Carla―. ¿Y ahora qué, chavalillo?
―Chavalilla tú ―Darío le lanzó una mueca―. Neta, adelante.
―¡Pues bienvenidos al súper mega reto de los huevos de pascua! ¡Un aplauso! ―Aplaudió con energía. Aparte de Hiroki y Darío, los demás dieron palmadas un poco a desgana, exceptuando Jacques que se emocionaba con cualquier cosa―. Cada uno de nosotros va a agarrar, por turnos, un número. Pillará la bolsa que le toque y se tendrá que comer sea lo que sea que haya en el interior. Capisci?
Capisci! ―Marcos gritó con claro tono burlesco, con las manos en alto. Ella le sacó la lengua.
―Pues te jodes y vas tú primero, Markito.
―Bieeeeeeeeen... cuánta emoción. A ver, a ver. Este no. Este tampoco. ¡Este! Número catorce. Dónde está... ¡Ahí! ¡Je je jeeee! Let's see what's inside.

Todos gritaban que lo abriera. Marcos no se demoró más y abrió la bolsa. Como era de esperar, un huevo. Lo sacó, quitó el envoltorio y sonrió, victorioso.

―¡Huevo de chocolate, ja! ¡En toda vuestra cara!
―Mira que hay que tener potra ―se lamentó Darío―. Tío con suerte, el Mark este.
―Anda, ¡come y no nos lo restriegues más! ―Hiroki le empujó, decepcionado de que no le tocase algo fuerte―. Ahora voy yo, seguro me toca otro igual.

Conforme iba moviendo el recipiente para agarrar su número, un sonoro escupitajo lo asustó. Se volteó, así como los demás, y vieron todos que Marcos estaba inclinado, escupiendo todo lo que podía del huevo de chocolate.

―¿¡Pero qué...!?
―¿Alérgico al chocolate? ―se preocupó Kaitlynn.
―¿Qué te pasa, Mark? ―preguntó Samuel.

Mark levantó la mano, pidiéndoles que se callen por un momento. Se incorporó, hecho toda una furia, con la cara bien roja. Clavó su mirada en Lionetta.

―Neta...
―¿Sí, Markito? ―sonrió de oreja a oreja, sabiendo qué le había tocado realmente.
―¡Le has puesto picante al jodido huevo! ¡Y no cualquiera, sino uno de la hostia de picante!
―¡Jaaaaaaaaaaaaa jajajajajaja! ―Jacques se tiró sobre la mesa, derribando varias bolsas mientras se reía. Le señaló con la mano―. ¡Qué bueno! Tu cara roja... ¡Jajajaja! Crème de la crème!

Y eso era solamente el principio. A cada uno le tocó algo mucho peor que el anterior, aunque Samuel, Hiroki y Carla tuvieron el alivio de ser los que le tocaron dos huevos de chocolates, normales y corrientes, teniendo que pasar por un infierno y no dos. O tres, como los pobres Darío y Kaitlynn. Precisamente ellos fueron los que recibieron aquellos trozos de cerebro, habaneros, insectos y hasta una mezcla que Neta preparó específicamente para dar asco y hacer vomitar. Como toda buena damisela haría.

En resumen, Samuel acabó teniendo que pasar la semana limpiando varias habitaciones de su casa, muebles, ventanas, espejos, suelos, paredes y hasta el techo mismo, debido al desastre que habían montado, ya no en el comedor sino también en el resto de la casa. Los demás habían dicho de ayudarle, pero los estudios universitarios les consumían mucho tiempo y no pudieron echarle una mano.

Como no podía quedar así el asunto, Kaitlynn propuso irse a pasar el puente de mayo en un hotel cerca de la playa, pagándole entre todos el coste a Samuel. Todos aceptaron, unánimes. Para entonces habrían acabado de hacer los exámenes parciales y de entregar los trabajos pendientes, por lo que, ¿qué mejor idea de celebrarlo que irse a la playa?

Pasaron los días y llegó el ansiado fin de semana. Samuel y Jacques fueron con sus coches a recoger a los demás y marcharon para el hotel. El viernes no hicieron mucha cosa, pues estaban agotados de aquella dura semana en la universidad. Durmieron y recobraron suficientes fuerzas para pasar uno de los mejores días que jamás habían tenido en su vida. Esa era la mentalidad con la que se levantaban cada mañana.

Se extrañaron al ver que no había tanta gente en el hotel el sábado. Aprovecharon para meterse en todo lo que ofrecía el edificio: gimnasio, piscina exterior, piscina climatizada, spa, sesión de masaje, comida en buffet libre. A la tarde, sabían que sólo había un plan posible, esto es, la playa.

Exploraron, se metieron al agua, saltaron desde lugares altos, jugaron con la pelota, se unieron a unos partidos de equipos improvisados de voleibol... En definitiva, descargaron toda su adrenalina. Y cuando regresaron, ya la noche, sus bocas se quedaron boquiabiertas.

Una inmensa fila, que hasta salía del propio edificio, se había formado para entrar en el hotel. La mayoría de ellos eran japoneses.

―¿Pero qué cojones? ―Darío no daba crédito a lo que veían sus ojos―. ¿Han vaciado Japón o qué?
That's strange. Nunca había visto a tantos japoneses aquí en España ―Kaitlynn estaba visiblemente sorprendida.
―Supongo que también tendrán vacaciones en algunos días de mayo, ¿no? ―supuso Samuel.
―Correcto. Gōruden Wīku.
―¿La goru qué? ―Lionetta no había entendido nada―. En castellano por favor. O italiano.
Golden Week.
―Eso es inglés, tortolito.
―¡Semana de oro! Settimana d'oro! ¡Pesada! ―cabeceó, algo cansado de sus ganas de ser tiquismiquis―. Pues eso. La Golden Week es un periodo de vacaciones para los japoneses. Muchos aprovechan para viajar a otros países y tener un tiempo para desconectar totalmente. Se ve que bastantes pensaron igual...
―Bueno, no sé vosotros pero yo me voy a cenar y prepararme ―dijo Carla―, que luego habrá ese micro abierto y pista de baile a la noche.
―¡Cierto! ―se aunó Jacques―. Mi estómago ya me pide que le haga un buen bon appétit. ¡Vamos!

Siguiendo la iniciativa de Carla y Jacques, los demás los acompañaron para ir a cenar en el hotel y llenarse las tripas otra vez. No les importaba el hecho de que luego sería difícil bailar sin acabar con dolor de barriga. Era o darse el gusto ahora o nunca.

Tras acabar, se prepararon y bajaron al lugar donde se iba a hacer el evento nocturno. Aquello ya estaba llenísimo y había empezado hace unos minutos. Se respiraba buen ambiente, en especial por aquellos japoneses que tenían ganas de pasarlo bien, sin ninguna preocupación. Para sorpresa del grupillo de universitarios, aquellos japoneses comenzaron a gritar unidos un lema, aquel lema que les impulsaría a disfrutar la semana lo mejor posible.

―¿Qué dicen? ―preguntó Darío.
―¿En serio queréis que os lo traduzca? Es un lema coloquial...
―Venga sí, dinos ―le insistió Lionetta.
―Está bien ―carraspeó―. Básicamente, gritan: ¡Hoy, mañana, el jefe a pastar! ¡Búscate a otro, no quiero trabajar!
―¡Hostia, qué buena! ¿Estás pensando lo mismo que yo, Samuel? ―le codeó Marcos.
―¿Unirnos, Mark? ―le devolvió el codeo.
―¡Ese es mi Samu!
Seriously? ―Kaitlynn abrió los ojos como platos.

Antes de que cualquier otro dijera algo, Samuel y Marcos se unieron a aquel grupo como si fueran de la misma familia, gritando el lema en español. No lo entendían hasta que se animó Hiroki a ir adonde ellos y explicarles cómo se traduce. Poco a poco se animaron y acabaron todos cantando en español, montando un griterío que opacaba a cualquiera que se pusiera en el micro abierto.

Ambos grupos congeniaron tan bien y tan rápidamente, que los japoneses les invitaron a una actividad que querían hacer, a modo de abrir la semana de vacaciones. Se fueron a la playa a sentarse en la arena, trayendo muchas bolsas consigo, de cosas que habían comprado de camino al hotel. Los sentaron a todos y el líder del grupo se dispuso a explicar lo que iban a hacer. Hiroki traducía a sus amigos.

―Espera, espera, ¿qué vamos a hacer ahora? ―preguntó Carla, pues se veía que aquel líder explicaba muchas cosas sin orden.
―Ahora le pregunto.

Hiroki le preguntó y, cuando recibió respuesta, se mostró asustado. Dudó de si decirles algo, temiendo por sus reacciones. Sus amigos persistieron hasta que cedió.

―Pues... dice que vamos a jugar a un juego de retos.
―¿De retos? Le quel? ―Jacques tenía curiosidad.
―Uno llamado Huevos Sorpresa.

Se hizo el silencio absoluto. Los japoneses se intranquilizaron un poco, hablando en japonés y hasta todo el inglés que podían, sin respuesta alguna. Entonces, todos a la vez, demostrando así un grupo increíblemente unido y con una sola mentalidad, dijeron:

―¡No, otra vez no!



Espero que os haya gustado y os haga conseguido sacar alguna sonrisilla nomás.

¡Ta'luego!
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